Crown, Love And A Cup Of Coffee.

75. Hasta que la muerte los separe.

La semana de la boda más esperada llegó con mucho ímpetu. La pareja tomó la decisión de celebrar la ceremonia en el palacio central de Glücksburg, mientras que la recepción, con los exquisitos platos y bebidas, se realizaría en el palacio de Schleswig.

Nikolais pensaba que ambos lugares eran perfectos para la ocasión, aunque hasta apenas dos días atrás todavía intentaba convencer a su novia. Finalmente lo logró, y para hacerlo le expuso varias razones por las que la celebración debía realizarse específicamente en el palacio de Schleswig.

La primera era su tía abuela. La anciana princesa era demasiado mayor para viajar hasta la ciudad, por lo que no asistiría a la ceremonia. Sin embargo, él deseaba que al menos pudiera estar presente durante la celebración. Era la hermana de su difunto abuelo, el antiguo rey de Dinamarca, y desde su muerte había permanecido viviendo en aquel palacio donde ambos crecieron juntos. Ese lugar guardaba demasiados recuerdos para ella, y Nikolais quería devolverle, aunque fuera por una noche, la alegría de aquellos antiguos festejos.

Además, el palacio de Schleswig nunca había sido utilizado para una celebración de esa magnitud. A pesar de poseer uno de los patios más grandes de todos los palacios de Dinamarca, siempre había sido considerado el palacio familiar de la infancia del rey y de su hermana gemela.

Muchas personas sentían curiosidad por conocer aquel lugar, y aquella boda sería la excusa perfecta para que celebridades, diplomáticos y representantes del gobierno viajaran hasta allí.

Pero había otra razón que para Nikolais era aún más importante.

Quería que todas las familias del pequeño pueblo cercano al palacio pudieran asistir a la celebración y compartieran la alegría de aquella noche.

Al principio, el rey se había negado rotundamente a que su hijo se marchara a vivir tan lejos. Para llegar hasta allí era necesario salir de madrugada, ya fuera en tren o en automóvil, descansar unas horas y luego disfrutar de la celebración.

Sin embargo, cuando el rey visitó el pueblo y vio la felicidad de sus habitantes al recibir a Nikolais y a Ángela, comprendió que aquellas personas realmente los necesitaban.

La presencia de los jóvenes devolvería vida al lugar y haría que sus habitantes dejaran de sentirse olvidados, como había ocurrido durante tantos años.

Aquello quedó aún más claro cuando ambos visitaron el palacio para supervisar los últimos detalles de la decoración.

En teoría, Nikolais no debía ver a Ángela durante todo el día.

Pero allí estaban los dos juntos, recorriendo el lugar mientras, al mismo tiempo, la iglesia del palacio de Glücksburg terminaba de prepararse para la ceremonia.

—¿Dónde estaban ustedes dos? —fue lo primero que preguntó la señora Mercedes al verlos bajar del automóvil.

El rey salió primero, saludó amablemente a la mujer y entró al palacio con evidente cansancio.

Ángela, agotada por el largo viaje, caminó lentamente hasta Mercedes y apoyó la cabeza sobre su hombro.

La mujer descruzó los brazos y la abrazó con cariño.

—Lo lamentamos mucho. Fuimos a revisar cómo iba la decoración del palacio donde será la celebración. Ya saben cómo es Ángela con todos estos preparativos desde que empezaron.

Nikolais entró al palacio mientras hablaba.

La ceremonia se celebraría en la iglesia ubicada en la parte delantera de la propiedad real.

—¿Y cómo va todo?

Gabriel miró su reloj.

—Digamos que ya es hora de que comiencen a prepararse. Los invitados empezarán a llegar a las dos de la tarde y falta apenas media hora.

Ambos asintieron.

Se despidieron con un beso y tomaron caminos diferentes.

Nikolais se marchó junto a Gabriel, Robin y varios empleados del palacio.

Ángela, en cambio, fue acompañada por las hermanas de Nikolais, la señora Mercedes y dos empleadas.

Sus hermanas se encontraban en otra habitación junto a los adolescentes que participarían en la ceremonia como damas y pajes de honor.

—Aquí está su traje —anunció Robin cuando entraron en la habitación.

—¡Por Dios, Robin! ¿Quién se lució con este traje? —exclamó Nikolais admirándolo.

—Tu padre.

—Aquí están también tu título y tus medallas. Te ves muy bien.

Gabriel observó cada detalle del uniforme.

Nikolais sonrió con orgullo.

—La mayoría de esas medallas las gané durante mi adolescencia. El título... con ese nací.

Mientras tanto, Mercedes caminaba junto a Ángela hacia la habitación.

—Entonces, ¿la celebración será mañana?

—Sí. Como está tan lejos, todos deberán viajar de madrugada, igual que hicimos nosotros.

Mercedes suspiró.

—Dios... sí que queda lejos.

Al entrar encontraron el vestido que Ángela había escogido dos días antes.

Alisa permanecía sentada en un sofá.

—Y eso que salimos lo más temprano posible. Estoy realmente agotada. Tu padre se fue a dormir apenas llegó. Entre el viaje y todos estos preparativos me siento un poco mareada y nerviosa.

—Es normal. Es un momento que toda mujer sueña vivir —comentó Alisa.

Mercedes observó a Ángela con atención.

—Deberías hacerte una prueba de embarazo.

Ángela soltó una carcajada.

—Eso me recuerda el día de mi boda —murmuró Marbella con una sonrisa nostálgica.

—A mí también —añadió Alena mientras amamantaba a su recién nacido.

Después de varios minutos de conversación, consejos y anécdotas sobre aquel día tan especial, Ángela entró al baño para ducharse.

Al salir, envuelta en una toalla y con el cabello húmedo, dos mujeres comenzaron inmediatamente a prepararla.

Primero la vistieron con la ropa interior especial del vestido.

Después aplicaron un delicado maquillaje inspirado en los colores de las flores elegidas para la decoración.

Mientras tanto, otra estilista trabajaba cuidadosamente en su peinado.

Ángela aprovechó para enviarle un mensaje a Nikolais.




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