Crown, Love And A Cup Of Coffee.

76. Alteza real

Ángela bajó del automóvil sintiendo cómo sus manos comenzaban a temblar. Su corazón latía a mil por hora y estaba segura de que, en cualquier momento, empezaría a sudar por los nervios.

Su madre la tomó suavemente del brazo y le entregó el ramo de flores blancas y violetas.

Antonia sintió el ligero temblor que recorría el cuerpo de su hija y, con ternura, le acarició la espalda para tranquilizarla.

Ese gesto despertó un fugaz recuerdo en Ángela. Por un instante su mente quiso regresar al pasado, pero ella apartó aquellos pensamientos y decidió concentrarse en el día más importante de su vida.

—Tranquila, cariño. Solo estás nerviosa —dijo Antonia con una sonrisa tranquilizadora.

Ángela asintió.

Ambas permanecieron unos segundos en la entrada de la iglesia mientras decenas de fotógrafos capturaban cada movimiento. Entonces comenzó a sonar la música y uno de los escoltas les indicó que era el momento de avanzar.

La voz del maestro de ceremonias anunció su llegada.

Ángela nunca había ensayado aquella caminata. Siempre insistió en que no era necesario... hasta que vio la inmensidad de la iglesia y comprendió que recorrer aquel pasillo tomaría varios minutos.

Al otro extremo, Nikolais mantenía las manos entrelazadas para disimular lo mucho que le temblaban. Solo esperaba sentir el toque de Antonia sobre su hombro para recibir oficialmente a la mujer que amaba.

Los hermanos de Nikolais quedaron completamente impresionados al verla.

Ángela parecía una auténtica princesa de cuentos de hadas. Los tonos pastel de su maquillaje resaltaban la delicadeza de su rostro, mientras el vestido y el largo velo la hacían lucir casi irreal.

Sus dos hermanas la contemplaban con los ojos llenos de ilusión, imaginando que algún día ellas también vivirían un momento tan hermoso.

Cuando Antonia y Ángela llegaron frente al altar, ambas se detuvieron.

Nikolais se volvió lentamente.

Al verla, abrió ligeramente la boca, completamente maravillado.

Después sonrió.

Era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.

Los dos se arrodillaron para recibir la bendición del sacerdote y, una vez concluida, tomaron asiento frente a él mientras el oficiante continuaba con la ceremonia.

—Bienvenidos todos a esta maravillosa ceremonia.

La iglesia quedó envuelta por un ambiente de paz.

Se escuchó el canto de pequeños pájaros y el suave aleteo de varias aves. Instantes después, dos niños caminaron hasta el frente llevando una paloma blanca entre sus manos. Con delicadeza la liberaron y esta alzó el vuelo recorriendo el interior del templo.

Al mismo tiempo, en una enorme pantalla instalada en la parte alta de la iglesia comenzó a proyectarse la historia de amor de la pareja, narrada por el príncipe Joshua II junto a Darleni Rodríguez.

El último video fue aquel que Nikolais había grabado para Ángela mucho tiempo atrás.

Ella sonrió con emoción.

Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.

Nunca imaginó vivir un momento como aquel.

Pensó en todos los días difíciles, en las lágrimas, en el miedo... y ahora estaba allí, vestida de novia, frente al hombre que siempre permaneció a su lado.

Parecía un sueño hecho realidad.

Más adelante, dos pequeños llevaron las botellas de arena para realizar el ritual que ambos habían elegido.

Mientras algunos camarógrafos grababan y los fotógrafos inmortalizaban el instante, Ángela y Nikolais soltaron una carcajada cuando una pequeña parte de la arena lila cayó fuera del recipiente.

Aun así, terminaron el ritual entre sonrisas.

Después comenzaron a pasar familiares y personas importantes para dedicarles palabras de ánimo, consejos y bendiciones.

La última en subir al púlpito fue la señora Mercedes.

La mujer carraspeó suavemente antes de comenzar.

—Han dicho muchas cosas sobre ustedes dos, pero creo que nadie conoce su historia como yo.

Miró primero a Nikolais.

—Fui yo quien te animó a buscarla... quien te llevó hasta aquel barrio para conocer a la mujer que cambiaría tu vida.

Ángela sonrió mientras Nikolais, algo avergonzado, se encogía de hombros.

—¿Y saben por qué insistí tanto con ustedes? Porque antes de conocerlos soñaba una y otra vez que tú llegabas y tomabas su mano. Cuando finalmente apareciste acompañado de aquella hermosa joven, confirmé que aquellos sueños tenían un propósito.

Hizo una breve pausa.

—Desde el instante en que sus miradas se encontraron comprendí que todos nosotros solo éramos espectadores de una historia de amor que Dios ya había escrito mucho antes.

Las personas escuchaban en absoluto silencio.

—Te enamoraste de ella antes incluso de conocerla... y ella sintió exactamente lo mismo. Ustedes siempre fueron el complemento del otro.

Sonrió emocionada.

—Me alegra que hayan seguido mis consejos, que aprendieran a levantarse después de cada caída y que nunca dejaran de escucharse.

Las personas rieron cuando añadió:

—Por eso Dios no deja de ponerlos en mi camino... y por eso tampoco me dejan tranquila.

Las carcajadas llenaron la iglesia.

El traductor repetía cada una de sus palabras en danés, convirtiendo aquella ceremonia en una boda completamente bilingüe.

Mercedes volvió a mirar a los novios.

—Y la verdad... me gusta que quieran tenerme cerca para siempre.

Ángela y Nikolais sonrieron.

Desde que ella entró al altar, aquella sonrisa jamás había desaparecido.

—Estoy inmensamente orgullosa de ustedes. Sé que su futuro estará lleno de bendiciones, porque aún les espera una vida maravillosa juntos.

Respiró profundamente.

—Los amo muchísimo.

Toda la iglesia respondió con un fuerte aplauso.

Un joven se acercó para ayudarla a bajar del púlpito.

Poco después, los novios caminaron hasta donde los esperaba el consejero encargado de unirlos en matrimonio.




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