Crown, Love And A Cup Of Coffee.

77. Finalmente 1/2

Las puertas de la iglesia se abrieron lentamente.

La luz de la tarde inundó el templo mientras los recién casados permanecían inmóviles durante unos segundos, contemplando el camino que tenían delante.

El peso de la pequeña corona seguía sobre la cabeza de Ángela.

No era pesada.

Lo que verdaderamente pesaba era todo lo que significaba.

Había pasado de ser una joven que luchaba por sobrevivir a convertirse en princesa de un país que no la vio nacer, pero que ahora también era su hogar.

Nikolais extendió la mano.

—¿Lista, princesa?

Ángela sonrió con timidez.

Todavía le costaba escuchar aquel título.

—Creo que necesitaré tiempo para acostumbrarme.

Él negó con una sonrisa.

—Entonces tendremos toda una vida para hacerlo.

Ella tomó su mano.

Ambos comenzaron a caminar por el largo pasillo mientras los invitados se ponían de pie.

Los aplausos resonaban en cada rincón de la iglesia.

Las campanas comenzaron a sonar.

Las hermanas de Ángela lloraban abrazadas a su madre.

La señora Mercedes secaba una lágrima tras otra sin dejar de sonreír.

—Yo sabía que terminarían juntos... Dios nunca se equivoca.

Gabriel observaba la escena con los brazos cruzados.

Sonrió satisfecho.

Después de todo lo vivido, aquel era el momento que tantas veces imaginó.

Robin permanecía unos pasos detrás de la pareja, atento a que todo saliera perfectamente.

Era incapaz de borrar la sonrisa de su rostro.

Cuando cruzaron la puerta principal, una inmensa ovación los recibió.

Los jardines del Palacio de Glücksburg estaban completamente llenos.

Ciudadanos daneses, representantes internacionales, periodistas y cientos de personas esperaban para conocer a la nueva princesa.

En cuanto la pareja apareció sobre la escalinata principal, miles de pétalos blancos y violetas comenzaron a caer desde lo alto.

Ángela levantó lentamente la mirada.

Por un instante volvió a ser aquella muchacha que soñaba despierta desde la ventana de una humilde casa en República Dominicana.

Jamás imaginó vivir algo semejante.

Nikolais entrelazó sus dedos con los de ella.

—¿Te gusta?

Ángela apenas pudo responder.

Las lágrimas hablaban por ella.

—Es más hermoso de lo que alguna vez soñé.

Las campanas siguieron sonando mientras la guardia real interpretaba una marcha festiva.

Los recién casados saludaron al pueblo.

Y, por primera vez desde que toda aquella historia comenzó, Ángela sintió paz.

Una paz verdadera.

No porque hubiera olvidado el pasado.

Sino porque finalmente había dejado de tener poder sobre ella.

Miró al cielo.

En silencio dio gracias a Dios.

Porque entendió que, incluso cuando creyó que Él guardaba silencio, nunca dejó de sostenerla.

Nikolais se acercó a su oído.

—¿Recuerdas la promesa que te hice?

Ella sonrió.

—Que todo cambiaría.

Él negó con dulzura.

—No...

La miró directamente a los ojos.

—Te prometí que nunca volverías a caminar sola.

Ángela apoyó la frente contra la de él.

—Y cumpliste.

—No.

Él acarició su mejilla.

—La cumplimos juntos.

Ambos levantaron nuevamente la mano para saludar al pueblo.

Los aplausos volvieron a llenar el palacio. El príncipe y la princesa iniciaban una nueva etapa, pero la verdadera historia apenas comenzaba.




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