Jonathan llegó a la galería con las manos en los bolsillos. El lugar estaba envuelto por el murmullo de las conversaciones y las risas de los miembros de la familia, que disfrutaban de la tranquila tarde. Saludó a sus hermanos con una leve inclinación de cabeza antes de acercarse a ellos para unirse a la conversación.
Miguel lo observó con una sonrisa maliciosa y cruzó los brazos.
—Entonces, ¿sí o no? ¿Es más bonita?
—Angela s mi novia. Obviamente la encuentro más bonita.
Al llegar Jonathan colocó una mano sobre el hombro de la joven que lo acompañaba.
—Nikolais, te presento a Diana. Es mi novia.
Nikolais le sonrió con cortesía y extendió la mano.
—Mucho gusto. Nikolais.
Diana correspondió al saludo con una sonrisa amable.
—El gusto es mío, alteza. Lo conozco. Hay un video suyo circulando por todas partes. ¿Ya le pidió matrimonio a su novia? La gente habla muchísimo de ella. Dicen que es muy linda... y, sinceramente, creo que tienen razón.
Nikolais sonrió con gratitud.
—Puedes conocerla. Está allá.
Señaló hacia donde Ángela la cuál conversaba con las niñas—. Es muy amable. Lo único es que todavía no sabe danés.
Jonathan arqueó una ceja.
—¿Cómo que no sabe el idioma? Nikolais, eso es una falta de respeto.
Miguel negó con la cabeza antes de que la conversación se volviera más tensa.
—Espera. Recuerda que perdió la memoria. No la culpes por eso.
Nikolais soltó un suspiro.
—Antes del accidente estaba aprendiendo inglés, pero lo dejó todo después de perder la memoria. Tienes razón, debería aprender danés. Ella es muy inteligente; estoy seguro de que lo aprenderá rápido. Las niñas empezaron ayer y ya conocen algunas palabras.
Su mirada se dirigió automáticamente hacia Ángela.
Una leve sonrisa apareció en sus labios, aunque desapareció casi al instante.
—Pero ahora mismo no quiero cargarla con más cosas... sobre todo después de lo que ha pasado.
Miguel frunció el ceño.
—¿Fue muy fuerte?
Nikolais asintió lentamente.
—Sí. Debajo de ese gorro tiene una cicatriz bastante grande. El médico dijo que el cabello no volverá a crecer durante un buen tiempo. Primero debe sanar completamente.
Diana llevó una mano al pecho.
—Qué pena... Espero que se recupere muy pronto, voy a saludarla.
—Claro.
Nikolais la observó alejarse hasta llegar donde estaba Ángela. Miguel siguió la escena con una sonrisa.
—Mírala. Estoy seguro de que tu novia y Diana terminarán siendo buenas amigas.
Nikolais soltó una risa por lo bajo.
—Si Diana no se cansa de ella como suele pasar con las demás personas, tal vez sí—. Jonathan soltó una carcajada—. Obviamente la voy a dejar. ¿No ves que es una tontita?
La sonrisa desapareció del rostro de Nikolais.
Lo miró con evidente desaprobación.
—Eres de lo peor.
Jonathan encogió los hombros.
—Ahora resulta que tú eres un santo.
Antes de que la discusión continuara, Miguel levantó una mano.
—Ya, ustedes dos. Siempre terminan igual.
En ese momento un automóvil cruzó el portón principal y se detuvo frente a la galería.
Las conversaciones cesaron por unos segundos.
Marbella y Alena descendieron del vehículo. Alisa salió detrás de ellas cargando al nuevo integrante de la familia real: el segundo hijo de Alena, un pequeño varón envuelto cuidadosamente en una manta.
Los ojos de Nikolais brillaron de inmediato.
—¡Hermana, déjame conocerlo!
Se levantó del asiento casi de un salto y caminó hacia ellas. Con sumo cuidado tomó al bebé entre sus brazos. El pequeño dormía profundamente, ajeno al entusiasmo que despertaba entre la familia.
Una sonrisa de orgullo apareció en el rostro de Nikolais. Sin perder tiempo, caminó hasta donde estaba Ángela.
—Mira quién llegó.
Ángela levantó la vista y sus ojos se iluminaron al ver al bebé.
—¡Qué hermoso!
Con delicadeza lo recibió entre sus brazos y su expresión cambió por completo. Toda la tensión que había llevado encima desde la noche anterior pareció desaparecer mientras contemplaba el rostro del pequeño.
Sin darse cuenta, comenzó a mecerlo suavemente.
Nikolais permaneció observándola durante unos segundos. La imagen le robó una sonrisa.
Por un instante imaginó a Ángela sosteniendo a un hijo de ambos.
La idea hizo que su corazón se acelerara.
No quería esperar más.
Quería formar una familia con ella.
Quería pasar el resto de su vida a su lado.
Y, sobre todo, quería que volviera a sonreír de aquella manera todos los días, en ese momento, el rey apareció en la galería y caminó directamente hacia él.
—Nikolais.
El joven salió de sus pensamientos y volvió la mirada hacia su padre.
—¿Sí? Nikolais caminó unos pasos hacia él y se detuvo en su frente, e lrey sacó una pequeña bolsita de terciopelo del bolsillo de su saco y se la entregó.
—Tengo algo para ti.
Nikolais tomó la pequeña bolsita de terciopelo con curiosidad.
—¿Qué es?
La sostuvo entre sus manos durante unos segundos, sintiendo el peso de lo que guardaba en su interior. Con cuidado desató el lazo que la cerraba y la abrió lentamente.
En cuanto vio su contenido, su respiración se detuvo.
Sus ojos se abrieron de par en par y, por un instante, fue incapaz de decir una sola palabra.
Reconocería aquellas alianzas en cualquier lugar.
Las había visto desde niño en fotografías familiares y escuchado incontables historias sobre ellas.
Eran los anillos que habían pertenecido a sus abuelos.
—Me dijiste que te casarías con Ángela. —El rey sonrió con serenidad—. ¿Me harías el honor de celebrar la boda en este país? No me gustaría viajar tan lejos para ver casarse a mi hijo.
Nikolais volvió a mirar los anillos y una sonrisa llena de emoción iluminó su rostro.
—¿De verdad? Aquí sería una ceremonia real... Es... son...
Negó con la cabeza, todavía sin creerlo.
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Editado: 16.07.2026