Crown, Love And A Cup Of Coffee En edición

20. Amor VS Control

Nikolai observaba la ciudad a través del gran ventanal. Ciudad de México le parecía demasiado hermosa: sus edificios, sus calles, sus colores… Todo le había encantado. No se arrepentía de su idea de mudarse allí en cuanto tuviera la oportunidad.
Francesca lo abrazó por la espalda. Ya habían pasado dos días desde su llegada. El primero no pudo reunirse con los presidentes, ya que algunos no llegaron a tiempo, así que decidió posponer la reunión. El segundo día había transcurrido con una rapidez casi irreal.

—¿Te gustaría vivir en este país? —preguntó Nikolai, girándose para quedar frente a ella.

—Para serte sincera, no. Me gustaría vivir en el palacio contigo —respondió Francesca.

El joven se soltó de su abrazo y se sentó.
—No me gusta esa idea. Ese no es mi sueño, Francesca. Si quieres algo así, quédate con uno de los príncipes de allá.

—¿Qué estás diciendo, Nikolai? ¿Cómo que no es tu sueño? Naciste y creciste en el palacio. Entiendo que te aburras, pero… ¿irte a vivir a otro país?

—Tú lo hiciste.

—No fue mi elección. Era menor. Ahora soy una mujer.

—Si quieres casarte conmigo, tendrás que aceptar lo que quiero.

—¿No podemos al menos discutirlo? Somos dos personas, no una sola.

—Cuando alguien se casa, se vuelve uno… y este es mi sueño.

—Pero no el mío, Nikolai. Tengo mis fábricas, mi familia… Tú tienes gente de confianza. Yo no puedo dejar todo así. ¿Y tu familia?

—Ya pensé en todo —respondió, firme—. No voy a cambiar de opinión. Tal vez suene egoísta… pero si realmente quieres estar conmigo, lo entenderás.

—¿Hablas en serio? —preguntó ella, sentándose sobre sus piernas.

—Sí. Tienes hasta septiembre para decidir.

—No estás pensando en mí…

—Sí lo hago, pero—
Un par de golpes en la puerta interrumpieron la conversación.

Francesca se levantó y abrió. Robin entró.
—Los presidentes ya están reunidos, alteza. Solo falta el de República Dominicana.

—No falta. Acordamos que esa reunión será allá —respondió Nikolai—. Por eso no está aquí.

—Entendido. Sígame, por favor.

Nikolai tomó su cartera y miró a Francesca, que permanecía con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Camina —ordenó.

Ella obedeció sin decir nada.
Caminaron por un largo pasillo hasta llegar a la sala de reuniones. Murmullos y flashes de cámaras llenaban el ambiente. Al entrar, Nikolai se convirtió en el centro de atención.

Francesca lo tomó del brazo mientras avanzaban hasta la mesa principal. Él le acomodó la silla antes de saludar a todos en inglés.

—Gracias por estar aquí. Si pronuncio algo mal… es por mi acento danés.

Algunos rieron.
—Hoy les presentaré mi propuesta para sus países. Son siete en total… no me gusta el número seis, pero no se preocupen, el que falta también será incluido.
Su naturalidad provocó sonrisas. Luego se levantó y comenzó su exposición.

Al finalizar, recibió aplausos. Se firmaron acuerdos y las cámaras no dejaron de capturar el momento.
Más tarde, se trasladaron a otra sala para una cena más íntima. El presidente de México llegó con su familia.

—Mucho gusto, alteza —saludó el hombre.

—El gusto es mío, presidente Antonio.

—No hace falta que diga todos mis apellidos —bromeó el presidente.

Ambos rieron.
Durante la cena, Nikolai conversó con él de manera relajada. Francesca, en cambio, se mantuvo callada.

—Su novia es muy reservada —comentó el presidente.

—¿Lo es? —respondió Nikolai, mirándola.

—Usted debería saberlo mejor que yo —bromeó el hombre.

Francesca interpretó mal la situación. Molesta, movió el pie… pero terminó pisando al presidente de El Salvador.

—¡Oh! Lo siento muchísimo —se disculpó de inmediato.

Nikolai le lanzó una mirada severa.
El ambiente se tensó por un instante, pero logró calmarse.

Al finalizar la cena, todos posaron para fotografías.
Eran casi las once cuando regresaron a la habitación.
Nikolai se quitó la corbata con cansancio. Francesca se acercó, tocándole el hombro, pero él se apartó.

—Lo siento, Nikolai. No quise avergonzarte.

—No basta con decirlo. Eso no cambia cómo me sentí.

—Fue un error…

—Y uno que no debiste cometer. Si vas a acompañarme, debes mantener un perfil bajo. Habla solo cuando sea necesario y no te tomes todo personal.

—Pensé que se burlaban de mí.

—Fue un comentario. Nada más. Y aun así reaccionaste mal.

Francesca suspiró, derrotada.

—Está bien… no volverá a pasar.

—Eso espero —respondió él.

El silencio se hizo pesado.
Nikolai la observó por unos segundos, su expresión suavizándose ligeramente.

Se acercó, rodeando su cintura con una mano.
—¿Ya no me dices alteza? —murmuró cerca de su oído.

Francesca lo miró, aún con el orgullo herido.
—¿Quieres que lo haga?

—Ahora no…

La tensión cambió de forma.
Nikolai inclinó el rostro hacia su cuello, dejando un rastro lento, casi provocador. Esta vez no había prisa, solo una necesidad silenciosa de borrar el conflicto… o tal vez de ignorarlo.

Francesca cerró los ojos por un instante.
No todo estaba bien.

Pero tampoco estaban dispuestos a alejarse.




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