Crown, Love And A Cup Of Coffee En edición

21. Responsabilidad y amor familiar

Ángela abrazó con fuerza a Darleni, felicitándola por haber aprobado sus exámenes con una nota muy alta.

—¡Dios mío, Darleni! Esas notas están súper bien —dijo, volviéndola a abrazar después de darle un beso en la mejilla.

—Y se porta muy bien. Espero que siga así —añadió la maestra encargada del curso.

Ángela sonrió con orgullo.
—Maestra Miguela, ya tenemos que ir al aula de Darlin, pero muchas gracias por todo.

—No es nada, querida. Espero que Dios te ayude; realmente las estás criando muy bien.

Ángela agradeció nuevamente y salió junto a su hermana.

—A este paso te van a dar una beca para la universidad. Sacar noventa y ocho es excelente. Ojalá sigas así —comentó mientras caminaban.

—Es verdad. Así, en vez de pagar la universidad, podemos comprar una casa.

—Buena idea.

—Voy a seguir esforzándome.

—Eso me alegra.

Llegaron al aula de Darlin, quien esperaba impaciente.
—Ya llegamos —avisó Darleni, sentándose cerca.

Ángela se acercó a la maestra.
—Hola, Ángela. Cuánto tiempo sin verte.

—Hola, maestra Fernanda. El gusto es mío.

—¿Cómo has estado?

—A veces ha sido duro… pero todo va mejorando.

—¿Pasó algo?

—No se preocupe, todo está bien por ahora.
La maestra revisó la libreta.

—Darlin es muy aplicada. Sé que la ayudas mucho, pero aún confunde la b con la d. Sin embargo, en matemáticas es excelente. Es de las mejores del curso.

Ángela sonrió con orgullo.
—Buen trabajo.

—También es mérito tuyo. Has sido una gran ayuda en casa. Sigue así.

—Muchas gracias.

Ángela abrió los brazos y abrazó a la niña, quien respondió con una sonrisa.

—Felices vacaciones, niñas. No olviden estudiar de vez en cuando —dijo la maestra antes de despedirse.
Al salir, Ángela las tomó de las manos.

—Estoy muy orgullosa de ustedes. Se merecen un premio.

—¿En serio? —preguntaron emocionadas.

—Claro. ¿Quieren helado o pizza?

—¡Pizza!

—Entonces vamos. Además, quiero presentarles a un amigo.

—¿Tienes novio? —preguntó Darleni.

—No. Es un compañero de trabajo. Me invitó a conocer a su bebé… voy a ser su madrina.

Tomaron un autobús, hicieron por unos minutos una pequeña fila para comprar la caja de pizza y luego tomaron otro transporte para llegar hasta la casa de Kevin.

—¡Ángela! ¿Trajiste pizza? —preguntó él al abrir.

—No para ti, es para mi ahijada.

—Pero ni dientes tiene —bromeó Kevin.

Entraron. Su esposa salió con la bebé en brazos.
—Hola, soy Ángela… la futura madrina pobre —dijo entre risas.

—Soy Erica. Mucho gusto.

Ángela tomó a la niña con ternura.
—Hola, hermosa… soy tu madrina.

—Tiene apenas dos meses —aclaró Erica.

—¿Dos? Pensé que eran tres.

—Dos —confirmó Kevin masticando un porción de pizza.

—¿Qué celebran? —preguntó Erica mientras miraba las chicas.

—Las niñas pasaron el curso con buenas notas.

—¡Eso hay que celebrarlo! Felicidades.

—Gracias —respondieron ellas.

Pasaron un rato agradable entre risas, anécdotas de parte de Kevin sobre el restaurante y otros cuentos. A las siete en punto de la noche, Kevin las acompañó hasta la estación del autobús.

—Gracias por venir, Ángela. La pasamos bien.

—Tienes un lindo matrimonio… me gustaría uno así.

—No te preocupes. Lo tuyo llegará.

—Ay sí, aunque tenga ochentas años.

—Llegará cuando menos te lo esperes —gritó antes de que el autobús arrancara.

Ángela sonrió.
—Niñas… estoy muerta.

—Yo también.

Caminaron lentamente hasta su casa.
—Ángela, bonita —saludó alguien en el camino.

—Hola, ¿qué tal?

Al llegar, se tiraron en la cama, agotadas.
—Mañana pueden visitar a su madre si quieren.

—Me quedaré durmiendo —murmuró Darlin.

—No deberías. Te dará hambre.

—No es lo mismo —intervino Darleni—. En la escuela el tiempo pasa más rápido.

—Exacto. Por eso mejor vengan conmigo al restaurante.

—¡Y podemos trabajar! —dijo Darlin emocionada.

—No necesitas vestirte elegante para eso —rió Ángela.

Luego la abrazó.
—Ven, descansa.

La niña se durmió casi de inmediato.
A la mañana siguiente, se levantaron temprano, prepararon café y fueron al restaurante.

Al entrar, Ángela anunció:
—Les traje ayuda.

—Eso espero —respondió Kevin, entregándole una bandeja de queso a Darleni.

La niña se quedó paralizada.
—Llévala a la mesa siete —indicó él.

Darleni salió al salón, sin estar muy segura de hacia dónde iba.




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