Nikolais llegó a Dinamarca a las ocho y media de la mañana. El aire frío lo recibió apenas descendió, contrastando con el calor que aún parecía llevar consigo desde República Dominicana.
Entró al palacio.
En la antesala, su familia estaba reunida como pocas veces. Aquello no era normal. Era como si todos lo estuvieran esperando.
Alisa fue la primera en moverse, abrazando a su madre con una sonrisa amplia. Nikolais, en cambio, entregó sus maletas a los empleados con naturalidad, como si nada fuera fuera de lo común.
—Hola, familia… ¿qué novedad?
—Lo que ha pasado en República Dominicana, claro. ¿Qué nos contarás? —dijo Patrick.
Nikolais avanzó primero hacia sus padres. Abrazó a su madre con calma, luego al rey. Este último lo observó con detenimiento… como si intentara leer algo nuevo en él.
Y lo había.
No solo él lo notaba. Todos.
—No pasó mucho —respondió Nikolais, sentándose junto a Miguel—. Solo fue casi una semana… que pareció una eternidad. Pensé que duraría más, pero vine a arreglar algunas cosas rápido.
Miguel permanecía en silencio, mirando la televisión apagada, como si realmente no le interesara el ruido de la conversación.
—¿Por qué tan rápido? —preguntó la reina, con una leve preocupación en la voz.
Nikolais respiró hondo.
—Volveré a República Dominicana… y Alisa también. Madre, es hora de volar del nido.
El silencio que siguió no fue incómodo… fue pesado.
—Espera… ¿Alisa, de qué habla Nikolais? —preguntó la reina, tomando el té que le ofrecía la servidumbre, aunque ya no parecía tener interés en beberlo.
—Está claro —respondió Alisa con tranquilidad—. Ambos tenemos intereses en ese país… y queremos vivir allá.
Patrick cruzó las piernas, inclinándose hacia adelante, ahora más atento.
—¿Están hablando en serio?
—¿Aún no has contado qué fue lo que pasó? —insistió la reina, acercándose más a su hijo—. ¿Estás loco, verdad? ¿Por qué Francesca terminó contigo?
Nikolais bajó ligeramente la mirada.
—Cometí un error con Francesca.
Jonathan hizo una mueca divertida, arrancándole una pequeña risa a Miguel.
—¿Qué? —dijo Nikolais—. Es la verdad.
—Nada… pensé que te llevarías de mi consejo —comentó Jonathan.
—Ese día me dieron dos consejos —continuó Nikolais—. Y fue antes de irme a República Dominicana… sin saber lo que iba a pasar.
Hizo una pausa, como si reviviera ese momento.
—Tomé el que más me convenía. El que me haría feliz mientras vida tenga.
El ambiente cambió.
—Tenía la opción de correr tras Francesca… pedirle perdón… arreglar las cosas. Pero sabiendo que no la quería… que solo estaba con ella por agradecimiento… la dejé ir.
—Wow… ¿en serio no te gustaba? —preguntó Patrick, sorprendido.
—Nunca debiste hacer eso —intervino Miguel—. No puedes amar a alguien por agradecimiento. Eso siempre termina mal.
Joshua asintió en silencio.
—¿Sabes qué? —añadió Jonathan—. Me dijo que debí salir contigo.
—Mándala a volar —respondió Miguel sin dudar.
Alena, con el niño en brazos, habló con firmeza:
—Si dijo eso es porque sabe que el que la quería de verdad eras tú… y aun así eligió mal.
Miró a sus hermanos.
—Somos diez hijos. Tres hembras, siete varones… y casi todos solteros. La gente cree que puede lograr algo con alguno de nosotros… pero no es así. Esta familia protege su corona.
Nikolais sintió un leve peso en el pecho.
Porque, por primera vez…
no pensaba en alguien que encajara en ese mundo.
Pensaba en Ángela.
—Yo tardé años en encontrar al indicado —continuó Alena—. Y cuando lo encontré… no fue inmediato.
—Es verdad —confirmó la reina.
—Así que si ella cree que puede intentar con otro… está equivocada.
Los hermanos asintieron.
Pero Nikolais… ya estaba lejos de esa conversación.
—Si ustedes creen que encontraron a la persona correcta… vayan —dijo el rey finalmente—. Sean felices. No me opongo.
Sus palabras fueron firmes, pero también… liberadoras.
—Solo quiero que estén a salvo… y que me traigan a esa persona para conocerla.
La reina guardó silencio. Su expresión decía más que cualquier palabra.
—Mamá —dijo Nikolais, con suavidad—, sé que es difícil… pero cuidaré de Alisa.
Hizo una pausa.
—Y yo… estoy seguro. Encontré a la persona que quiero para mi futuro.
Sus palabras no temblaron.
—Ella es la que quiero.
—Al menos déjame conocerla —respondió la reina.
—Siento que sí lo es.
Patrick lo miró con una mezcla de curiosidad y algo más… algo parecido a duda.
Una sonrisa lenta apareció en su rostro.
—Debe ser… interesante —dijo, midiendo sus palabras—. Digo, para que dejes a alguien como Francesca…
Se recostó mejor en el asiento, observándolo con intención.
—Me imagino que es elegante… de buena familia… alguien de nuestro nivel.
Hizo una breve pausa, como si la conclusión fuera obvia.
—¿Es hija del señor Nelson?
El comentario no era inocente.
No era una simple pregunta.
Era una expectativa disfrazada.
Un molde.
Joshua asintió, como si tuviera sentido.
Pero Nikolais bajó la mirada.
Ángela… no encajaba en nada de eso.
No era elegante en el sentido que ellos pensaban.
No era adinerada.
No pertenecía a ese mundo.
Y aun así…
era lo más real que había conocido.
—Ahora mismo será difícil —respondió finalmente—. Debo establecerme primero… hemos tenido muchos percances.
No respondió la pregunta.
Y eso… también fue una respuesta.
........
El ambiente en el restaurante era completamente distinto.
El aire estaba cargado de olores dulces: chocolate, fresa, azúcar caliente. Las bandejas iban y venían sin descanso, y el sonido de las copas chocando, las risas exageradas y las conversaciones elevadas creaban un murmullo constante, casi sofocante.
Ángela caminaba de un lado a otro con dos bandejas limpias entre las manos. Su paso era rápido, pero medido. Intentaba no equivocarse, no chocar con nadie, no derramar nada.
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Editado: 21.05.2026