Crown, Love And A Cup Of Coffee En edición

36. No te acostumbres

—¿Ángela?

Su voz adormilada la sobresaltó.
Estaba sentada en la mesa de la sala esperándolo despertar. Había cocinado y llevaba rato esperando que le gustara lo que había hecho; por esa misma razón no quiso despertarlo.

Entró medio nerviosa a la habitación y lo miró sentado en la cama. Sus ojos estaban más verdes de lo común, un poco inflamados por el sueño y con un tono azulado marcándose alrededor. Su cabello despeinado lo hacía verse como alguien rebelde y los botones de la camisa estaban apenas a mitad de camino.

Santos cielos… príncipe, qué bien te ves. Sus pensamientos ya no parecían los de la Angela natural.

—¿Te vas a quedar viéndome o me vas a dar un abrazo?

—Te fuiste apenas y ya estás aquí.

La chica se encogió de hombros sin acercarse todavía.

—Tal parece que no te ha gustado la idea.

—No es eso.

— Estoy seguro de que me extrañaste tanto como yo.
Ángela sonrió nerviosa.

Nikolais no mentía.
Lo había extrañado cada segundo desde que subió a ese avión y, aunque jamás lo admitiría tan fácil, llevaba días imaginando cómo sería volver a verlo.
Solo que no pensó que sería tan rápido.

—Ven.
Nikolais abrió los brazos.
Ángela caminó despacio hasta subir a la cama, quitando toda barreras que había entre ambos y lo abrazó fuerte.

Se acomodó en su pecho y cerró los ojos unos segundos respirando el olor de su colonia.
Por un momento sintió tranquilidad.
Entonces las niñas empezaron a discutir afuera.
Ángela y Nikolais soltaron una carcajada.

—Han arruinado este momento.

Ella seguía apoyada en su hombro y luego se separaron un poco.

Nikolais le dio un beso en la frente.
Luego otro en la nariz.

—No esperes un beso en la boca. Debes pedirme que sea tu novio. No soy un fácil.

Ángela abrió la boca indignada.

—Por Dios… ridículo.
Bajó de la cama y lo miró antes de dar la vuelta.

—Di lo que quieras, pero tengo dignidad.
Ella volvió hacia él tomo una almohada y se la pegó en el pecho.

—¿Qué sucede?
Darleni habló primero.

—Mira Ángela, ella siempre se envidia de mí. ¿Desde cuándo le gusta el azul? Solo hay uno de ese color y no me lo quiere dar.

—Hay dos verdes y uno rosado —se defendió Darling—. A mí no me gustan esos.

—Cómetelo entonces, a ver si te jaltas.
Darleni se fue a una esquina.

Nikolais miró la escena divertido.
—Yo puedo comprarte otro.

Ángela giró inmediatamente.
—Por Dios, Nikolais, claro que no. Ni siquiera saben andar en eso.

—¿En serio? La mejor creación para no caminar.
Tomó uno.

Era uno de esos patines eléctricos sin agarraderas y, aunque nunca tuvo uno, parecía entender cómo funcionaba.

Se subió tratando de hacer equilibrio y empezó a recorrer en el pequeño espacio de la casa.
Ángela lo miró sorprendida.

—Mi pregunta es… ¿por qué compraste tantos?

—No sabía cuántos niños tenía la vecina y quería traer regalos. Veo que es una buena amiga tuya.

Se detuvo buscando la manera de salir del aparato Pero no tenía idea de cómo hacerlo, Pero volvió nuevamente a prenderlo y andar en el espacio de la casa.

—¿Dónde estabas? ¿Renunciaste? ¿Quién nos va a mantener?

—Deja de hacer tantas preguntas —Angela intento esquivarlo para no tropezar con el mientras daba vueltas cerca de ella.

—No. Dime. Lo exijo como tu futuro novio.
Ángela sonrió negando.

—Estaba en la fiscalía.

Nikolais frenó y sin darse cuenta se apio del eléctrico la miró con curiosidad y Angela le entregó la denuncia, él instantáneamente empezó a leer suu expresión cambió mientras bajaba en cada lectura.

—¿Qué rayos…?
Levantó la mirada—. ¿Quién es ese imbécil? ¿Dónde pasó esto?

—Pero ahí lo dice —Angela señaló una esquina señaló el papel.

—Pasó en el restaurante.
Nikolais volvió a mirar el documento.
Luego negó—. No.
Volvió a negar —No, Ángela. Vas a tener que renunciar.

Ella lo miró sin saber que decir mientras lo veía aún leyendo las últimas partes del documento.

—Pero ellos no tienen nada que ver —Interrumpio ella después de pensarlo.

—No me interesa.
La respuesta salió demasiado rápido, hablando el verdadero hombre que odiaba las injusticia hacia las personas que él él quería, respiró profundo y levantó la mirada está vez más relajado.
Y esta vez habló más bajo.

—No me interesa porque quiero que estés bien.
Ángela se quedó quieta.

Él siguió.
—Ese hombre podría volver. Y realmente no quiero tener que romperle la cara a alguien antes de terminar el año.

Ella soltó una pequeña risa,
Pero él no sonrió, parecía serio como algo preocupado Angela bajó la vista, no era el mejor trabajo del mundo, no ganaba demasiado, pero ese restaurante se había convertido en rutina, en conversaciones, en ayudar, en sentir que aportaba algo en la vida, renunciar sonaba más difícil de lo que parecía.

Volvió a mirar a Nikolais y entonces entendió algo.
Él no estaba exagerando, estaba asustado.

—¿Pero quién nos va a mantener?

—Buscaré trabajo.
Ángela casi se ríe.

—Santos cielos, Nikolais. Tú nunca has trabajado —Esto lo dijo aún sabiendo que los miles de negocio que ha tenido solamente a utilizado su cerebro, Angela sabía a qué se refería cuando dijo que conseguiría un trabajo y le pareció algo chistoso viniendo de un hombre prácticamente millonario, pero Nikolais era más sencillo, más familiar, más adaptable al entorno sobre todo si ese lugar le generaba la paz y el amor que el quería.

—Entonces hacemos un negocio familiar. Algo que te guste —Angela lo miró sin saber que decir, este hombre era demasiado para ella, él en todo su esplendor era un sueño del que no se podía confiar Pero tampoco despertar, él se acercó a ella y la abrazó dejándose tumbado sobre su hombro, Angela sintió el peso de aquel cuerpo gigante y sintió la respiración de él en su cuello




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.