Ángela se había levantado temprano. Había llamado a Nikolais para que la llevara al centro de la ciudad, donde había encontrado un edificio que impartía clases de inglés. Necesitaba hacer algo con su tiempo, ya que no seguiría trabajando. Las niñas pronto empezarían la escuela y sabía que Nikolais estaría ocupado con sus fábricas, así que no pensaba convertirse en una mujer que se conformara únicamente con los quehaceres del hogar.
Ella, más que nadie, sabía que se aburría con facilidad. Había días en los que dormir no era suficiente para llenar las horas. Por eso, cuando pensó que podría aprender un poco de inglés y que, además, no le vendría nada mal, investigó hasta encontrar aquel lugar.
—¿Y bien? ¿Me vas a decir adónde vamos? —volvió a preguntar Nikolais mientras seguía la dirección que ella había colocado en la pantalla del automóvil.
A Ángela le había costado bastante encontrar la ubicación. Apenas sabía dónde estaba cada función y, para empeorar las cosas, todo estaba en danés. Había comenzado a intentarlo apenas entró al vehículo y varios minutos después consiguió encontrar el ícono correcto.
—Solo sigue la ruta, ya casi llegamos —contestó ella sin apartar la vista del frente.
—Sería más sencillo si me lo dijeras.
Él la miró de reojo y ella se encogió de hombros.
—Quiero aprender inglés. Aquí lo enseñan.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes? Yo puedo ser tu maestro personal.
La miró moviendo las cejas de arriba abajo mientras sonreía.
—Ay, no. Claro que no.
—¿No podrías concentrarte, verdad? Lo sé, soy irresistible.
—Ay, por Dios, Nikolais. Aquí es.
Nikolais estacionó el automóvil y Ángela abrió la puerta primero.
—Ya sabía que era aquí. Escuché decirlo a la voz de Jerez.
—¿Quién es Jerez?
—Él.
Nikolais señaló el vehículo y Ángela negó con la cabeza, divertida.
—Darling no puede viajar en auto. Ya volvió a quedarse dormida.
La adolescente observó a su hermana con el ceño fruncido.
—Está bien. Yo me quedo con ella. Vayan.
Ángela volvió a sonreírle antes de cerrar la puerta.
—Bien.
Ángela y Darleni entraron al edificio y se dirigieron a la recepción. El lugar estaba medio lleno; algunas personas esperaban sentadas en cómodos sillones.
—Hola, mucho gusto. Soy Ángela Rodríguez. Quiero inscribirme.
—Hola. Llene este formulario, por favor. Luego deberá dejar una copia de su cédula.
—Sí, la traje. Gracias.
Ángela se sentó junto a Darleni y comenzó a completar el formulario.
—Cuando termines la escuela, antes de entrar a la universidad, estudiarás inglés. La tanda extendida no te deja tiempo para hacerlo ahora.
—Es mejor hacerlo ahora, porque el próximo año no podremos.
—Claro que sí. ¿Por qué no podrías?
La adolescente miró a su hermana mayor y se encogió de hombros.
—¿Nikolais te ha dicho algo?
—Nada.
—Me estás mintiendo.
—Que te lo diga él. Yo no diré nada.
—¿Qué están planeando ustedes?
—Termina de llenar el formulario. Vamos a ser las últimas en salir.
Ángela suspiró. Terminó de escribir los datos que faltaban y entregó la copia de su cédula junto al formulario y el pago de inscripción. La recepcionista grapó los documentos y los guardó en una gaveta de aluminio antes de entregarle una hoja con los horarios.
—Cuando regrese, deberá traer una fotografía para hacerle el carnet. La profesora le indicará qué materiales necesita comprar. Aunque le recomiendo este libro para comenzar.
Le mostró un libro y Ángela lo tomó entre sus manos.
—Está bien.
Pagó el monto correspondiente y salió del edificio junto a su hermana.
Al llegar al automóvil descubrieron que ni Darling ni Nikolais estaban allí. Esperaron unos minutos hasta que ambos aparecieron cargando varias bolsas.
—Si te dejas llevar por ella, te vas a quedar en quiebra. Créeme.
—Tranquila. Todo estará bien. ¿Cómo te fue?
Subieron al vehículo y se colocaron los cinturones.
—Todo bien.
—¿Inscribiste a Darleni?
—No. No podrá tomar las clases cuando empiece la escuela. Por cierto...
Ángela se giró hacia su hermana.
—¿Qué planes tienes para el próximo año? Darleni me dijo algo.
—Yo no he dicho nada —se defendió la adolescente.
Nikolais la miró por el espejo y luego volvió la vista al frente.
—No sé de qué hablan.
—Ay, por favor. Se nota que están mintiendo.
—Ángela, la curiosidad mató al ratón —comentó Darling mientras comía algo crujiente.
Ángela se volvió hacia ella, le sacó la lengua y volvió a mirar al frente.
—Ya díganme.
—Nadie te dirá nada —soltó Nikolais.
Darleni soltó una carcajada.
—Está bien, está bien. No soy importante. No tengo que saber. ¡Bien!
—Deja el chantaje emocional, Ángela. Sabes que eres muy importante para nosotros, pero aun así no te diremos nada. Absolutamente nada. Nothing.
—¿Qué dijiste?
—¿No que estás aprendiendo inglés?
—Ay, por Dios, Nikolais. Acabo de inscribirme.
—No se nota. No sabes inglés.
Ángela giró los ojos.
—¿Por qué nos detuvimos aquí?
Miró hacia el establecimiento. Parecía una joyería.
—Ángela, estás preguntando demasiado.
Nikolais sonrió al verla fruncir el ceño.
—¿Puedes entrar a buscar un pedido que hice?
Ángela suspiró y salió del automóvil. Caminó hasta la recepción de la tienda.
—Buenas tardes. Vengo a buscar un pedido a nombre de Nikolais.
La empleada revisó varias veces.
—Lo siento, no tenemos ningún pedido con ese nombre.
Ángela insistió, describiendo al joven de todas las formas posibles, pero la respuesta siguió siendo la misma.
Entonces la mujer sonrió.
—¿Puedes darte la vuelta?
—¿Cómo así?
La empleada señaló detrás de ella.
Ángela se giró y se quedó inmóvil.
Sus hermanas sostenían dos pancartas abiertas mientras Nikolais avanzaba hacia ella con un gran ramo de rosas rosadas entre las manos.
#1215 en Novela contemporánea
drama amor humor, amor odio romance pasion, realeza futuro romance secretos
Editado: 07.06.2026