Crown, Love And A Cup Of Coffee En edición

39. Cumpleaños y Secreto

Una semana después, llena de ajetreo, reuniones y peleas familiares, llegó un día muy especial. Darling cumplía doce años, entrando oficialmente en la adolescencia. Aunque para Ángela seguiría siendo una niña hasta que cumpliera los dieciocho, Darling insistía en que ya era lo suficientemente grande para tener un celular y asumir esa responsabilidad.

Sin embargo, había un problema: Darleni, que era mayor, no tenía uno. Y como el cumpleaños era de Darling, no podían hacer regalos para otra persona.

—Cuando cumpla los quince te van a regalar uno —protestó Darling mirando a su hermana mayor.

—Eso es en enero del año que viene. No voy a esperar tanto tiempo viendo cómo tú disfrutas uno. Ya lo dije: si te compran uno a ti, también uno a mí.

—Darleni, por favor, haz algo por mi cumpleaños.

—No. Mira todo lo que te ha regalado Ángela. Te hizo un desayuno y te cantamos cumpleaños feliz.

La discusión había comenzado a las siete de la mañana, justo después de que Darling terminara su desayuno y apagara las velitas del bizcocho que Nikolais le había llevado. Ambos jóvenes adultos permanecían sentados observando la escena. A Darling se le había ocurrido expresar su deseo de cumpleaños en voz alta y, desde ese momento, la pelea había comenzado.

—Darling, te van a celebrar el cumpleaños en un lugar hermoso.

—¿Quién te dijo eso? Me trajeron un bizcocho, nada más.

—Nikolais dijo que te prepararía una celebración. Mandó a organizar todo.

—Ellos están aquí, no habrá cumpleaños. Por favor, Darleni, déjame ser feliz un día de mi vida.

—Ya te lo dije. A los tres.

La adolescente señaló a Nikolais, luego a Ángela y finalmente se marchó a la habitación.

—Ya, por fin terminaron —dijo Ángela, soltando un suspiro—. Es verdad, no vamos a hacerle una fiesta de cumpleaños a Darling porque ya no hay tiempo para organizar algo así. Pero vamos a salir. Nikolais quiere llevarlas a la Plaza de Güibia, a esos juegos que a mí no me gustan para nada.

—¡Sí! ¡Eso! ¡La banana, la cosa que sube hasta arriba y cae de repente, el tren que va rapidísimo! ¡Yo quiero ir!

La emoción apareció de inmediato en el rostro de Darling. Viéndola tan feliz, Ángela y Nikolais pensaron que tal vez el celular no era tan importante después de todo.

Además, Ángela no estaba convencida de comprar uno todavía. Ella misma apenas utilizaba el suyo y no quería que sus hermanas se expusieran demasiado pronto a los riesgos de internet. Sabía que tarde o temprano ocurriría, pero cuando llegara ese momento se aseguraría de estar atenta a las personas con las que interactuaban.

—Entonces estamos de acuerdo. Darleni, termina tu desayuno y lava los platos. Yo tengo que prepararme para ir al curso. ¿Me puedes llevar?

—Claro que sí, amorcito.

Nikolais se levantó y le dio un beso en la mejilla.

—¿Cuándo se van a dar un beso en la boca ustedes dos? —preguntó Darling mientras terminaba el desayuno que había dejado a medias por la discusión.

—Ella no quiere —contestó Nikolais haciendo un puchero.

—¡Ay, por Dios, Nikolais!

—Es verdad. Ella es una mujer muy apasionada. Quiere que nuestra primera vez sea perfecta.

—No, en serio, Ángela. Solo es un beso. Ni que te fueras a casar con él. ¿Lo harán, verdad? ¿Van a...?

—Darling, esas cosas no se le preguntan a los adultos. Además, ¿a ti qué te importa?

Darleni salió de la habitación con los brazos cruzados. La idea de subirse a aquellos juegos mecánicos no le hacía ninguna gracia, pero como era el cumpleaños de Darling estaba dispuesta a soportarlo. De hecho, había estado en su habitación haciendo una lista de todo lo que quería para sus quince años.

—Yo puedo saberlo. Ya soy igual que tú.

—Ay, sí. Mira cómo somos del mismo tamaño.

—¡Pero voy a crecer algún día!

—Qué esperanza.

—¿Otra vez ustedes dos?

Ángela apareció con su mochila al hombro y se detuvo frente a ellas.

—Déjalas. Quiero saber quién gana —comentó Nikolais desde la silla mientras las grababa con su celular.

—Niñas tengo que ir al curso cuando regresemos entonces nos iremos juntos, bien. No tomaré clases Pero tengo que ir. Traten de estar listas. Apaga la cámara Nikolais, tenemos que irnos, ya sabes.

Pero él apuntó directamente hacia ella y acercó la imagen.

—Esta es mi hermosa mujer. Es hermosa, mírenla.

—¡Nikolais, apaga la cámara! Voy a llegar tarde. Vamos. Y ustedes dos quiero que estén listas cuando regrese. ¡Y dejen la discusión ya! ¡Pero ya!

Ángela se acomodó la mochila y salió de la casa.

Nikolais no detuvo la grabación hasta que ella entró al automóvil. Después subió él, se colocó el cinturón y arrancó.

—Yo no les digo nada porque me gusta verlas discutir.

Ángela lo miró divertida.

—¿En serio? ¿Te gusta ver el mundo arder?

—No es eso. Es que... es un tipo de hermandad diferente a la que yo conocí. A pesar de que somos trece hermanos, cada uno tenía sus niñeras. Los únicos que siempre estábamos juntos éramos...

—Alisa y tú —lo interrumpió ella.

—Sí. Ella y yo nunca peleábamos. Nunca. Además, teníamos gustos completamente distintos. A ella siempre le gustaron esos patines eléctricos y a mí las bicicletas.

—Totalmente diferentes. No puedo decir lo mismo de estas dos.

—Esas dos son la misma mujer en cuerpos diferentes. De hecho, son tú cuando eras niña.

—¿Tú crees?

—Tienen demasiadas cosas en común contigo.

Nikolais sonrió.

El silencio cayó por un momento dentro del automóvil, hasta que Nikolais volvió a hablar con naturalidad, como si el tema anterior no hubiera sido importante.

—Por cierto no se si te había dicho que Darleni me estaba preguntando que si tengo un primo para que ella se pueda casar hace varios dias… Me volvió a preguntar hoy.

Ángela lo miró de reojo.

—¿En serio?

—Sí. Dice que le gustaría vivir fuera del país.
Ángela soltó una pequeña risa, negando con la cabeza, no sabía que su hermana pensaba así y de hecho, se había sorprendido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.