Crown, Love And A Cup Of Coffee En edición

40. La princesa y el barrio

Nikolais dejó a su hermana en un hotel. No podía llevarla todavía a la casa de Ángela; querían que las niñas vieran a la princesa directamente en los juegos a mediados del cumpleaños y pensó que la sorpresa sería mucho más divertida así.

Alisa no había ido nunca al barrio donde vivía Ángela y, aunque sentía curiosidad, la joven siempre le repetía que no se estaba perdiendo de nada. Nikolais, por supuesto, la desmintió en los primeros segundos.

—Yo creo que sí te pierde de mucho. Hay demasiada gente, siempre te están mirando, hay niños corriendo por todos lados, ancianos sentados afuera y hasta pleitos, la gente habla casi como gritando. Te juro que es una experiencia maravillosa.

—Cuando digo que no se pierde de nada, o sea. ¿Que hay de interesante en un barrio?

—Se pierde cosas importantes. Ayer hubo un pleito entre dos mujeres y las niñas y yo lo vimos enterito. Se dieron durísimo.

—Dios mío — Exclamó Alisa mirándolo sorprendida.

—Este hombre saldrá más Dominicano que yo en esta vuelta. Saben qué, tu y las niñas son tres chismosos. ¿Quién era que estaba peleando? A mí no me dijeron nada, ¿verdad?

—Tú eres la bilingüe de la casa, nosotros somos los chismosos. Cada quien en su papel.

—No se apuren. El día que me entere de un chisme no les diré nada.

—Cariño, Darling es la que recoge todos los chismes de tu casa. Lo que no sabe ella, no lo sabe nadie.

—Esa niña es inteligente —comentó Alisa con total tranquilidad.

Nikolais soltó una carcajada tan fuerte que terminó inclinándose hacia atrás en el asiento.

—Qué educada eres, hermanita.

Ángela negó lentamente con la cabeza mientras los observaba.

—Eres de lo peor, Nikolais. Ella es una princesa, no se dañará como tú —después miró a Alisa—. Tu hermano tiene casi dos semanas viviendo aquí y ya parece más dominicano que yo. ¿Oíste la frase que dijo cuando me fue a buscar? Era porque estaba hablando de ti esta mañana.

—Ah... era una sorpresa para las niñas, pero tú podías saberlo.

—Él no quería decirme. De hecho, fue está mañana que tuve que inventar me algo para las niñas porque el don no podía hacerlo solo, es decir no sabía cómo hacerlo solo. Tu hermano es un fastidio de verdad —Nikolais sonrió de lado como si lo que dijera Ángela fuera un cumplido.

Estacionaron el auto y un vale parking abrió la puerta de la princesa mientras que Nikolais rápidamente fue y abrió la puerta de Angela, los tres caminaron hasta recepción y una señorita muy encantadora los atendió subieron a su habitación y Nikolais se recostó de la enorme cama.

—Me dijo que ya te pidió que fueras su novia —La princesa fue la primera en hablar al entrar a la habitación.

Ambas continuaron hablando como si Nikolais no estuviera allí. El príncipe, mientras tanto, estaba demasiado ocupado probándose un labial natural que había encontrado dentro de la cartera de su hermana.

—Ay sí, me hubiese gustado que estuvieras aquí para ver cómo fue...

—En fin —interrumpió Nikolais—, si me llevo de ustedes dos, se nos va el día aquí. Alisa, te vengo a buscar más tarde. Primero sacaré a las niñas. Pero antes debo llevar a esta dama a cambiarse.

Intentó levantar a Ángela jalándola del brazo, pero ella ni siquiera se movió del asiento.

—Podemos invitar a Gabriel —preguntó Alisa con aparente inocencia.

—¿El hijo del señor Nelson? Mmm... ese hombre se ve bien.

—¡Ángela! —protestó Nikolais de inmediato.

—Ay sí, está muy guapo.

—¿Alisa?

Las dos suspiraron al mismo tiempo, recordando al joven.

—Basta ya, qué fastidio. Está bien, puede ir. Lo llamaré.

—Gracias, hermano.

Alisa le dio un abrazo rápido antes de que Nikolais saliera de la habitación de la mano de Ángela.

—Las estaré vigilando a las dos —advirtió él cuando entraron al ascensor.

—Y si está guapo, ¿qué tú quieres que hagamos? ¿Estás celoso?

—Sí.

—Qué sincero eres.

—Lo sé.

Ángela soltó una carcajada y terminó abrazándolo.

No tardaron demasiado en llegar a la casa. Las niñas los esperaban sentadas afuera, inquietas y desesperadas.

—Pero, que no solamente sería ir hacer algo al curso, tardaron demasiado.

—Estabamos en un un hotel —Angela lo miró desganada y entro a la casa, Nikolais le guiñó el ojo a Darlin y está no pudo ser más expresiva.

—¿Qué? —Darling hizo una cara de asco inmediata.

—No es lo que tú piensas, muchacha. Voy a cambiarme.

—Sí, por favor, ya es tarde —se quejó la niña.

Darling llevaba un vestido azul con bordados blancos que Ángela le había comprado. La tela fina caía delicadamente hasta sus rodillas y encima tenía una chaqueta blanca que combinaba perfectamente con los tenis. Darleni, por otro lado, llevaba unos jeans ajustados, una blusa crop top blanca y crocs del mismo color.

Ángela terminó usando un vestido negro ajustado con tacones de plataforma y su cabello rizado cayéndole libremente por los hombros.

Nikolais se quedó observándola apenas mientras las chicas terminaba de arreglarse.

—Vaya... mi novia qué hermosa se ve. Cuántas mujeres hermosas juntas.

—Gracias —respondieron las tres al mismo tiempo entre risas.

Cuando salieron de la casa, la vecina del frente se detuvo inmediatamente para mirarlos.

—¿Y para dónde va esa familia tan bonita?

—¡A celebrar mi cumpleaños! —gritó Darling emocionada.

—Felicidades, mi amor.

La mujer abrazó a la niña antes de que todos entraran al vehículo, pasaron a buscar a Kevin y a su esposa antes de dirigirse a la feria.

—¿Y mi ahijada cómo está? —preguntó Ángela apenas vio a la bebé.

—Comiendo muchísimo —respondió la madre riéndose.

Ángela cargó a la niña enseguida y caminó hasta Nikolais. Él intentó cargarla también, aunque claramente no tenía experiencia, y Ángela tuvo que ayudarlo a acomodarla correctamente.

—Su carita gordita me recuerda a mi sobrina.




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