Crown, Love And A Cup Of Coffee En edición

52. Turbulencia fuerte

La semana siguiente pasó tan rápido como había llegado. Las dos veces que Nikolais llamó a la casa fueron únicamente para preguntar si habían atrapado a aquel hombre, pero, al parecer, este se había dado por vencido con Ángela. Esa noticia alegraba mucho a todos.

Durante esa misma semana, un canal de televisión muy conocido pidió permiso a Ángela para realizar un pequeño documental sobre la nueva familia del príncipe y su forma de vivir. Ella les explicó que Nikolais no se encontraba en el país, pero eso no impidió que continuaran con la grabación y la terminaran. Para ellos era suficiente mostrar la residencia y el estilo de vida de la familia.

Ángela se preparó temprano aquella mañana y salió junto a Rafael hacia un destino muy particular.

Al llegar al aeropuerto, vio a Nikolais salir entre el grupo de viajeros. Levantó ambas manos para saludarlo y el joven sonrió ampliamente al verla.

Nikolais había inaugurado todas sus fábricas, adelantando en una sola semana el trabajo que normalmente le tomaría un mes. Ahora regresaba porque quería pedirle algo muy importante a Ángela. De hecho, había sido él quien insistió en que fuera a buscarlo al aeropuerto.

Era la primera vez que Ángela visitaba aquel lugar. Todo le parecía enorme, moderno y lleno de un ambiente completamente distinto al que estaba acostumbrada. Sin embargo, lo que más aceleraba su corazón no era el lugar, sino volver a verlo. Se preguntó cuánto tiempo tendría que pasar para acostumbrarse a sentir aquellos nervios cada vez que Nikolais estaba cerca.

—Hola, amor —lo saludó primero antes de abrazarlo y darle un beso en los labios.

—Hola, mi princesa. ¿Cómo estás?

Nikolais comenzó a caminar junto a ella mientras unos empleados recogían su equipaje.

—Vaya, vaya... —comentó al notar que varios fotógrafos ya los esperaban en la salida.

—¿Cómo se enteran tan rápido? —preguntó Ángela.

—Son investigadores de primera. Deberían resolver los casos de asesinato del país; son demasiado buenos —bromeó Rafael mientras intentaba abrirles paso entre los reporteros.

Abrió la puerta del vehículo para que Nikolais entrara, pero este le cedió primero el lugar a Ángela antes de subir él también.

Varios automóviles comenzaron a seguirlos hasta la residencia. Sin embargo, ninguno pudo avanzar más allá del primer control de seguridad que conducía al camino privado.

Nikolais era extremadamente cuidadoso con su privacidad. Gracias a esas medidas, los paparazzi y cualquier persona desconocida no podían acercarse demasiado a la residencia.

—No entiendo cómo supieron que hoy regresaría al país. Alguien tuvo que avisarles —comentó mientras se sentaba en la antesala, sobre el mueble gris que Darleni había escogido cuando prepararon la casa.

Las niñas corrieron enseguida hacia él y Nikolais las recibió con un cariñoso abrazo sobre su regazo.

—Tienes razón. Alguien avisó que ustedes estarían allá, y fue apenas unos minutos antes de que llegaran. Seguiré investigando —dijo Gabriel mientras escribía algo en su celular.

En ese momento apareció una empleada.

—Ángela, en la entrada hay una persona llamada Adalia Montés. Dice que usted la conoce.

—¿Adalia?

La visita la tomó completamente por sorpresa.

—Sí, déjenla pasar. Rafael, ve a buscarla. El camino es muy largo.

—¿Ya la perdonaste? —preguntó Darleni mientras bebía tranquilamente.

Ángela se encogió de hombros.

—Ha pasado demasiado tiempo para seguir con ese rencor. Sabes que no soy así.

—Ella tiene razón. No hay que ser tan rencoroso... pero yo no la perdono, así que me voy —comentó Nikolais levantándose.

—¿Y a ti qué te hizo?

—¿Recuerdas que tú no querías hablarme por culpa de ella? Por poco te pierdo. Eso no se lo puedo perdonar... ¡nunca! Adiós.

Subió las escaleras con rapidez.

—Descansa, cariño. Hablamos luego —respondió Ángela al verlo desaparecer por el pasillo del segundo piso.

Minutos después llegó Adalia. Saludó con una sonrisa y recorrió la casa con evidente curiosidad antes de sentarse junto a Ángela en el desayunador de la cocina. Ambas sostuvieron una taza de café entre las manos.

—Es mucho tiempo el que ha pasado —comentó Ángela.

—Lo sé... Pensé que nunca volverías a hablarme.

—Adalia, sabes que no soy rencorosa. Todos cometemos errores. Tal vez pensaste que lo de Nikolais no era serio por ser quien es. Pero mi vida dio un giro de ciento ochenta grados... bueno, mejor dicho, de trescientos sesenta.

Las dos soltaron una risa.

—Sí, lo veo. El destino exageró contigo... o tú pediste demasiado.

—Me dio demasiado. Yo ya ni ganas tenía de pedir.

Adalia bajó un poco la mirada.

—Ángela... ¿recuerdas a ese chico que te intentó violar en la discoteca?

La sonrisa desapareció del rostro de Ángela.

—Sí... lo recuerdo muy bien.

—Ahora no deja de acosarme. Lo denuncié, pero las autoridades todavía no logran encontrarlo.

Ángela frunció el ceño.

—Entonces no era solo conmigo... A mí también ha estado siguiéndome, y ya me tiene harta.

—Lo sé. Es horrible... pero podemos hacer algo para cambiarlo.

En ese instante, Nikolais apareció en la entrada de la cocina. Permaneció inmóvil observando a Adalia.

Ella guardó silencio.

—¿Nikolais? ¿No estabas descansando? —preguntó Ángela.

Él ignoró la pregunta.

—¿Cómo supiste dónde queda mi residencia?

Adalia lo miró con aparente tranquilidad.

—Todo el mundo sabe dónde viven ustedes. Hace una semana grabaron un documental.

—El documental se grabó hace una semana... pero todavía no había salido al aire.

Adalia dudó apenas un segundo.

—Pues... qué raro. Yo lo vi. Tal vez alguien lo filtró.

—¿En serio? ¿Pero era gratis? —preguntó Ángela con total inocencia.

—¿Puedes dejar de mentir? Jamás permitirían revelar la dirección de mi casa en un documental.




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