Eric se había quedado impactado por el fuego que vio en los ojos de la muchacha, parecía en trance mientras su sangre hervía. Sin embargo, esa sacudida fue interrumpida por la voz de Alarik, que había visto la pequeña interacción de su rey con su futura esposa.
Alarik había oído que la única hija del alfa del oeste era una hábil guerrera con un extraño don, aunque carecía de belleza. Sin embargo, se sorprendió cuando vio a la muchacha. Era altiva y orgullosa, y aunque vistiera como un soldado más, a él le pareció la mujer más hermosa que hubiera visto en toda su jodida existencia.
Cuando su lobo, Ake, se inquietó cuando la tuvo cerca, había decidido mantener la distancia pues ella sería la esposa de su rey, y aunque él también era un poderoso licántropo, no pensaba competir con Eric por ella. Además, no sentía un vínculo de pareja, aunque la fuerte atracción que ejerció sobre él, le hizo dudar seriamente con que quizás, por todo lo que se decía de la chica, ella tuviera una extraña manera de confundir a su lobo o reprimir el vínculo.
«Me gusta», murmuró Ake, eufórico.
«Es de Eric, será su reina. No podemos hacer nada».
«¿Aunque él solo la quiera utilizar?», le había cuestionado Ake.
«No puedo ir contra él, lo sabes».
«La quiero cerca», insistió Ake.
«No siento un vínculo de pareja, no es nuestra, pero, esperemos a ver qué sucede», contestó para calmar a su lobo.
Respirando hondo y con el ceño fruncido, se acercó hasta la pareja y vio la mirada de Eric. A él también le gustaba, aunque estaba seguro que lo negaría hasta el cansancio.
—¿Está todo bien? —indagó.
—Sí, todo está bien —respondió Eric—. Mi futura esposa tuvo una pesadilla. Eso es todo.
El calor que Eric había vislumbrado en los ojos verdes de la joven hacía un momento, había desaparecido, mas el desafío impregnado en ellos, permanecía intacto.
Aunque la miraba con paciencia, un músculo se sacudía con fuerza en su mandíbula y revelaba el esfuerzo que le costaba mantener aquella expresión de imperturbabilidad para que se calmara. Decidió que lo mejor era alejarse de ella y tratar de sosegar la propia tormenta que se desataba en su interior.
—Llegaremos pronto, puedes seguir descansando si quieres —habló y Ava asintió con la cabeza sin apartar la vista de su escrutinio. Al parecer, no le temía.
Eric se alejó, con Alarik pisándole los talones.
—¿Qué fue todo eso? —inquirió Alarik, cuando ambos tomaron asiento en sus lugares, uno delante del otro.
—Estuvo a punto de cortarme el cuello —contestó, aun impresionado—. Parecía en trance, lista para atacar a un enemigo.
—Bueno, convengamos que, hasta hace unas horas, eras su enemigo acérrimo —bromeó Alarik para serenar el ambiente—. Es una guerrera, y estoy seguro que ni siquiera sabía del trato que hizo su padre contigo. Dale tiempo a que se acostumbre.
—¿Serás su abogado? —Eric arqueó una ceja. Alarik jamás abogaba por nadie.
—Será mi reina. —Se encogió de hombros—. Y por lo que acabo de ver, es mejor tenerla de amiga que de enemiga… si piensas marcarla… —lo último le salió como un suspiro de lamento, pero Eric no lo percibió.
—Sabes que tú no eres un subordinado, Alarik. Eres un invitado, un hermano que me acompaña y aconseja en los asuntos de estado. Estoy muy agradecido por tu ayuda, pero cuando quieras, sabes que puedes reclamar lo que por derecho te corresponde.
—Estoy bien así. —Alarik no quería hablar al respecto, por lo que desvió la conversación—. ¿Qué pasa con la chica? ¿Sientes algún tipo de vínculo? ¿Es cómo el brujo profetizó?
—No, pero hay algo que me atrae y a Magnús le gusta, así que solo me queda esperar a ver qué sucede, preguntarle si siente el vínculo y si es así, hacer lo que Alistor dijo…
Alarik afirmó con la cabeza y Eric vio la duda en sus ojos azules.
—¿Ocurre algo?
—Solo me preguntaba qué harás con ella si no resulta como esperas. ¿No la irás a…?
Antes de que pudiera terminar su pregunta, Eric negó.
—¿No has visto cómo me atacó? —inquirió impresionado—. Me temo, mi querido amigo, que ni aunque quisiera lastimarla, lo lograría tan fácilmente.
—¿Entonces?
—Bueno, si no resulta, pronto moriré. Además, necesito una Luna y ella, por lo poco que vi y escuché, es la mejor opción de entre las cuatro regiones. Aunque no se enamore de mí y no la marque, podría engendrar un heredero… quizás, él tenga más suerte que yo y logre romper la maldición. —Se encogió de hombros.
—¿Y si no es tu mate? ¿Y si resulta que encuentras a tu pareja predestinada, a otra descendiente directa de la luna? ¿Qué pasará con ella? —insistió Alarik, llevado por la inquietud que su lobo le trasmitía
Eric arrugó el ceño.
—¿Por qué tanta curiosidad? ¿Acaso…? —Eric abrió grande los ojos—. Tú…
—No, no, Eric, no malinterpretes mi pregunta. Es solo que me preocupo por si todo el asunto con esta chica termina mal, corres peligro, su hermano será alfa tarde o temprano y si es tan feroz como lo intuí, no lo dejará pasar. Se desatará una guerra, las demás regiones lo apoyarán y lo sabes. Además, si no resuelves tu problema, te volverás más débil… no te conviene ganar enemigos —explicó lo que en parte era verdad.
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Editado: 21.05.2026