Cuando Deje de Nevar

10- Magia, Refugios y Otras Traiciones

_“Creí que mi corazón se había quedado estancado en el fantasma de Chris, incapaz de volver a latir por nadie más. Jamás imaginé que terminaría traicionándome por dos hombres tan radicalmente opuestos: uno que me arrastra al borde del abismo con una sonrisa, y otro que se convierte en la chispa perfecta para encender una tormenta que no sé si podré controlar.”_

Holly Anderson.

Cuando salí al pasillo, me detuve un segundo a mirar en ambas direcciones con una punzada de culpa en el pecho, sintiéndome como una espía a punto de cometer la más grave de las traiciones. Una estupidez, me repetí de inmediato. No tenía absolutamente nada de malo ir a pasar unos minutos con la única persona de esta mansión que me había tratado con algo de amabilidad.

Bueno, estaba James, claro. Pero con él todo era un terreno minado: era mi jefe, el arquitecto de esta farsa, un hombre cuya cercanía me envolvía en un remolino peligroso de celos mal reprimidos, pasión contenida y un contrato que nos ataba las manos. Con Tommy era diferente. Era fresco, ligero, un destello de normalidad en este mausoleo de piedra y ego, alguien que me había mirado sin juzgarme ni examinar mi estatus social.

Con un suspiro que disipó mis dudas, caminé los cuatro cortos pasos que separaban la puerta de mi habitación de la suya. Me detuve frente al umbral y, por alguna razón que no logré descifrar, me sorprendió descubrir que ambas puertas eran exactamente idénticas: la misma madera oscura, el mismo acabado sobrio y gélido. Había esperado, de algún modo, que la suya tuviera alguna marca distintiva, un sello de rebeldía que gritara su nombre al mundo.

Antes de que pudiera levantar la mano para llamar, la puerta se abrió desde adentro. Tommy apareció en el marco con una sonrisa torcida y brillante.

—Bienvenida a mi mundo —dijo, haciéndose a un lado con una teatral reverencia y extendiendo el brazo en una invitación abierta para que contemplara el interior.

Entrar en su habitación fue como atravesar un portal hacia una dimensión completamente distinta, un refugio caótico y fascinante que contrastaba con la fría elegancia del resto de la mansión. El espacio era un santuario bohemio y vibrante, había libros apilados en el suelo formando pequeñas torres inestables, estanterías repletas de lomos ajados que escalaban hasta desaparecer en lo alto de la habitación, y un enorme escritorio central atestado de herramientas diminutas, engranajes, cables y curiosos inventos a medio armar. Era el taller de un alma libre atrapada en una jaula de oro.

—Vaya… —dije, conteniendo el aliento con genuina sorpresa mientras mis ojos intentaban abarcar el desorden organizado—. ¿A qué dijiste que te dedicabas?

Tommy soltó una risa suave, cruzándose de brazos con un brillo travieso y cargado de dobles intenciones en la mirada.

—En realidad no lo había dicho… pero digamos que mi especialidad oficial y oficiosa es la de reparar todo aquello que los demás dan por roto —respondió, dejando caer las palabras con una lentitud deliberada, un juego de insinuaciones que flotó en el aire y aceleró mi pulso de forma traicionera.

—Eso suena… sumamente interesante —murmuré, sintiendo un calor repentino en las mejillas.

—Bien, entonces, no perdamos más tiempo. ¿Dónde están esas gafas para poder echarles un vistazo de cerca? —preguntó, girándose con soltura para caminar hacia su desordenado escritorio.

—Aquí las tengo —le dije, quitándome con delicadeza la maltrecha montura del rostro y tendiéndosela con ambas manos—. Solo… por favor, asegúrate de tener mucho cuidado. Son increíblemente importantes para mí.

—Tranquila, seré tan delicado como si estuviera manejando cristal veneciano —prometió con una sonrisa cálida que disipó cualquier duda—. Puedes echar un vistazo a la habitación mientras yo reviso el desastre.

—Gracias, pero creo que prefiero esperar aquí sentada —respondí, señalando una silla de respaldo alto cercana y acomodándome en ella.

—Como te sientas más cómoda.

La verdad era otra, sin mis anteojos, mi vista era un completo desastre. Al sentarme, el mundo a mi alrededor se desdibujó en una acuarela difusa y los lomos de los libros ya no eran títulos, sino franjas de colores cálidos y borrosos, las lámparas parpadeaban como manchas doradas en la penumbra, y la silueta de Tommy, moviéndose entre herramientas y piezas metálicas con una gracia natural y desinhibida, apenas era una sombra amable en medio de la niebla de mi propia vulnerabilidad.

—Mi veredicto oficial es que tienen salvación —anunció Tommy al fin, levantando la vista de la mesa de trabajo con una sonrisa tranquilizadora—. Pero me temo que no podrá ser hoy, Holly.

—¿No? —pregunté, sintiendo que el corazón se me encogía de golpe por la decepción—. ¿Tan mal están?

—No exactamente. Es que necesito conseguir piezas específicas, un cristal con la graduación exacta y un armazón compatible… aunque te prometo que haré todo lo posible para conservar la mayor parte de la estructura original, los pequeños detalles que las hacen tuyas.

—¡Eso sería realmente genial! —exclamé, con una chispa de esperanza iluminando al fin mi pecho en medio de tanta tensión.

—Bien, pero para lograrlo tendré que confiscar las gafas y quedarme con ellas un buen tiempo.

Mi entusiasmo se derrumbó de inmediato al recordar la cruel realidad. Mis hombros cayeron con pesadez.

—Ah… claro. Pero hay un pequeño y catastrófico detalle con eso: sin mis lentes, soy prácticamente ciega. No podré moverme por esta mansión de locos sin tropezar con cada columna o, peor aún, terminar cayendo directamente en las garras de Eleanor o de Beatrice.

Tommy soltó una carcajada ligera, visiblemente divertido por mi dramatismo, antes de inclinarse hacia un cajón lateral de su escritorio atestado de herramientas.

—Vaya, eso sí que sería un verdadero espectáculo, aunque trágico —bromeó mientras hurgaba entre papeles y piezas metálicas—. Pero relájate, para cada problema hay una solución brillante. Dime una cosa, ¿alguna vez has probado usar lentes de contacto?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.