Cuando Deje de Nevar

15— Fuego en las Sombras.

_“Se supone que era un simple recurso de emergencia, un acto desesperado para acallar sus palabras en la oscuridad. Entonces, ¿cómo es posible que un solo beso haya tenido el poder de desatar un incendio tan voraz y devastador en mi interior, reduciendo a cenizas todas mis defensas?”_

—Holly Anderson.

El frío de los pasillos oscuros me calaba hasta los huesos, pero nada se comparaba con el fuego punzante que me devoraba la mejilla izquierda. El escozor de la bofetada de Beatrice seguía latente, palpitante, tiñendo mi piel de un rojo furioso que delataba la violencia del golpe. Me había prometido esperar a James, tal como me había pedido con tanta urgencia, pero la soledad, el rechazo y la humillación me pesaban como plomo puro sobre los hombros.

—Esa maldita perra… —murmuré entre dientes, con la voz quebrada por la rabia y el orgullo lastimado, creyendo que el corredor estaba completamente desierto.

Pero, una vez más, cometí el grave error de dar por sentado algo en aquella mansión de pesadilla.

—Ciertamente lo es. Dieron ganas de romperle la mandíbula a alguien, ¿no crees? —respondió una voz masculina y suave que pareció materializarse de la nada al otro extremo del pasillo.

Me tensé de inmediato, adoptando una postura defensiva. Sin embargo, en cuanto el contorno familiar de su figura se recortó bajo la tenue luz de las lámparas de pared, un alivio instantáneo ensanchó mi pecho y una sonrisa involuntaria, casi desesperada, se dibujó en mis labios.

—¡Tommy! —susurré, quizás con un tono un poco más alto del debido.

Él me hizo un gesto rápido con la mano, pidiéndome silencio con una media sonrisa cómplice, mientras salía por completo de las sombras y caminaba hacia mí. Cuando estuvo a solo un paso de distancia, la luz reveló su rostro con crudeza donde había una mezcla visceral de preocupación y furia sorda que me recordó peligrosamente a la expresión que había visto en James momentos antes. Sin mediar palabra, extendió las manos y ahuecó mi rostro con una delicadeza infinita, girando suavemente mi cabeza para examinar de cerca el rastro rojo de la agresión. Sus pulgares rozaron la piel magullada con un cuidado casi reverente.

—No es nada… solo fue el arrebato de una niñata desquiciada —balbuceé, intentando restarle importancia, aunque el corazón me latía de forma desbocada por la cercanía.

—A mí no me parece que no sea nada, Holly —replicó él con un tono cortante, cargado de una frustración palpable.

Sus ojos avellana recorrieron cada centímetro de mi cara con una intensidad abrasadora. Esa cercanía, el calor de sus manos envolviendo mi piel, la forma en que su mirada se clavaba hambrienta en mis labios… hizo que una revuelta de mariposas salvajes e inoportunas aleteara descontrolada en la boca de mi estómago.

Pero, casi al instante, una voz fría y punzante en el fondo de mi conciencia hizo sonar todas las alarmas. La imagen de James apareció con nitidez absoluta en mis pensamientos. A pesar de saber perfectamente que nuestro compromiso era una farsa contractual, una mentira tejida por conveniencia, sentirme tan vulnerable y alterada ante el toque de Tommy se sintió, de manera trágica, como una traición imperdonable hacia el hombre que acababa de jugarse el tipo por mí frente a toda la alta sociedad.

Un nudo de culpa agobiante me apretó la garganta. Me aclaré la voz con nerviosismo y retrocedí un paso de golpe, zafándome bruscamente de su agarre.

El rostro de Tommy cambió de inmediato. La primera emoción que vislumbré en su mirada fue un dolor crudo y transparente, un impacto que rápidamente intentó devorar, sustituyéndolo por un destello de comprensión resignada.

—Lo siento… no era mi intención —murmuró él, bajando los brazos con lentitud hasta que colgaron inertes a los lados de su cuerpo, rindiéndose al espacio que acababa de abrir entre nosotros—. No quería incomodarte, Holly.

—No… está bien, Tommy. No pasa nada —respondí, sintiendo un remordimiento punzante clavado en el pecho.

—Solo estaba preocupado por ti, es todo. Pero comprendo perfectamente que mi cercanía te resulte inoportuna… después de todo, eres la prometida de James —añadió, con una media sonrisa amarga que me dejó pensando.

Estaba a punto de preguntarle si él era hijo de Arthur, si toda esa red familiar estaba conectada por hilos invisibles que aún no lograba comprender, pero las palabras se me quedaron atascadas en la boca. Para evitar que el aire se volviera insoportable y desviar un terreno que se ponía demasiado peligroso, decidí cambiar de rumbo.

—Pero dime… ¿cómo diablos te enteraste de lo que pasó allá adentro tan rápido? —le pregunté con genuina intriga, cruzándome de brazos para protegerme del frío.

—Oh, ya sabes cómo funciona esto, los empleados de esta casa siempre tienen ojos y oídos en cada rincón. Tengo a una gran amiga entre el personal de servicio —dijo, cuidando de no sonar despectivo al referirse a las mucamas—, y fue ella quien me puso al tanto de todo el escándalo. Para cuando quise bajar…

—Tú la viste —afirmé, porque no hacía falta hacer una pregunta cuya respuesta ya flotaba en el aire.

No hizo falta que lo dijera. En la dureza de su mirada estaba la confirmación absoluta: él había estado allí, había presenciado el momento exacto en que Beatrice me había abofeteado ante la mirada complaciente de los buitres.

Iba a exprimirlo con más preguntas, a indagar en los secretos de esa familia rota, cuando un sonido seco cortó el silencio y unos pasos firmes, rápidos y autoritarios se acercaban al otro lado de las pesadas puertas de roble.

Tommy me dirigió una mirada urgente de advertencia y con un gesto mudo, me pidió absoluto silencio y, en cuestión de segundos, retrocedió fundiéndose de nuevo entre las sombras del pasillo hasta desaparecer.

Contuve el aliento por completo, girándome lentamente hacia la imponente entrada del salón de baile. Y en cuanto las pesadas puertas dobles se abrieron de par en par y vi salir la silueta decidida de James, mi corazón dio un vuelco salvaje, violento y completamente desbocado al verlo avanzar hacia mí con una urgencia feroz pintada en el rostro.




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