Cuando el Agua Arde

Kael Vanderhal

El coche se detuvo frente a la entrada principal de Velmont Elite, apenas Miranda Delcourt bajó, una asistente administrativa salió a recibirlas.

—Señora Delcourt, es un placer al fin conocerla.

Elisa cerró la puerta del coche observando la escena con calma. Ya estaba acostumbrada, su madre no pasaba desapercibida en ningún lugar. Su apellido estaba ligado a una de las empresas más importantes del país y la manera en que las personas reaccionaban a su presencia dejaba claro que aquí también sabían perfectamente quién era.

Miranda respondió el saludo con elegancia, sin detenerse mientras caminaba hacia la entrada.

—La rectora pidió personalmente que alguien las acompañara por el campus —explicó con amabilidad— Será un placer mostrarle las instalaciones a Elisa.

Miranda asintió satisfecha.

—Eso esperaba.

Elisa no comentó nada. Solo acomodó el bolso sobre su hombro y comenzó a caminar junto a ellas mientras observaba el campus con más atención.

Velmont era enorme.

No parecía una universidad. Parecía una ciudad diseñada para atletas.

Desde cualquier punto podían verse instalaciones deportivas, entrenadores moviéndose entre grupos de estudiantes y pantallas digitales mostrando horarios de competencias, marcas y estadísticas. Todo allí giraba alrededor del rendimiento.

—Aquí entrenan algunos de los mejores atletas del país —explicó la mujer mientras avanzaban— La universidad tiene programas de alto rendimiento en natación, boxeo, atletismo, gimnasia, fútbol, baloncesto…

Elisa escuchaba sin interrumpir, observando los espacios abiertos, las pistas, los gimnasios de cristal y los grupos de estudiantes uniformados que parecían moverse con una disciplina casi automática.

La primera parada importante fue el complejo de natación, el ambiente cambió apenas entraron y no hizo falta preguntar por qué.

Las miradas estaban dirigidas hacia la piscina olímpica.

Algunas estudiantes murmuraban entre ellas. Otras fingían no mirar demasiado. Incluso varios entrenadores parecían mantener parte de su atención en el agua.

—El equipo de natación es uno de los orgullos de Velmont —comentó la mujer con evidente orgullo—. Especialmente Kael Vanderhal.

El nombre hizo que Elisa levantara la vista, con la mirada siguió a la figura que nadaba con gran habilidad en la piscina, su forma de moverse era simplemente magnífica.

—¿Kael Vanderhal? — Pregunto Miranda.

La asistente miro con sorpresa Miranda y luego de unos segundos respondió.

— Es la promesa olímpica de Velmont, el hijo de la familia Vanderhal la segunda más rica del país, me sorprende que no sepas quién es.

Elisa seguía cada uno de sus movimientos, hasta que Kael saco su cabeza para tomar y poco de aire y entonces lo vio.

El chico del Blackline Gym "Thiago".

Elisa se quedó quieta un segundo observándolo dentro del agua mientras terminaba una vuelta más de entrenamiento. Incluso allí destacaba por encima del resto. No necesitaba llamar la atención; el entorno entero parecía acomodarse solo alrededor de él.

Cuando salió de la piscina, una chica fue la primera en acercarse, golpeándole el hombro mientras decía algo que Elisa no alcanzó a escuchar y luego terminó pasándole una toalla a Kael con naturalidad.

Todo entre ellos parecía habitual, incluso muy cercano.

Kael tomó la toalla mientras se apartaba el cabello mojado hacia atrás.

Elisa se dió la vuelta rápidamente temiendo que al alzar la mirada Kael pudiera notarla.

—¿Señorita Delcourt? —la voz de la asistente la hizo reaccionar—. Aún faltan algunas áreas importantes por mostrar.

Elisa apartó la mirada de la piscina con calma, obligándose a recuperar la compostura antes de seguir caminando junto a ellas.

Intentó convencerse de que no tenía sentido alterarse.

Después de todo, Kael Vanderhal no tenía por qué recordar a una chica cualquiera que vio una sola noche en el Blackline Gym.

Pero aun así, la sensación incómoda permaneció.

...

El recorrido continuó por distintas instalaciones hasta llegar a el área de Boxeo.

El ambiente era completamente distinto al de natación. Más brusco y oscuro.

El sonido de los golpes contra los sacos llenaba el lugar junto con instrucciones cortas y respiraciones agitadas. Aquí no había espectadores observando desde las gradas ni estudiantes pendientes de quién entraba. Todo se sentía más real.

Elisa lo notó apenas cruzó la entrada y también notó las pocas mujeres presentes.

—El programa de boxeo de Velmont es uno de los más exigentes del país —comentó la asistente mientras avanzaban—. No todos logran mantenerse.

Miranda observó alrededor sin demasiado interés.

—Mientras Elisa mantenga su rendimiento y sus entrenamientos en orden, no habrá problema.

Elisa no respondió.

Su atención estaba fija en el ring central.

—¿Nueva?

La voz vino desde un costado.

Elisa giró la cabeza y se encontró con un chico alto, de sonrisa fácil y expresión peligrosamente segura de sí misma.

Liam Bennet. Aunque ella todavía no lo sabía.

Él llevaba los guantes colgando sobre el hombro y la observaba con evidente curiosidad.

—Supongo —respondió Elisa con calma.

La sonrisa de él se amplió apenas.

—Entonces llegaste justo cuando necesito salvar mi reputación.

Elisa arqueó una ceja.

—¿Tu reputación necesita ayuda?

—Siempre.

La pequeña risa que ella soltó fue suficiente para que Liam terminara de acercarse.

—Liam Bennet —dijo extendiéndole una mano.

Elisa estrechó su mano con suavidad.

—Elisa Delcourt.

—Ah, entonces eres esa nueva.

—¿Esa nueva?

—La hija de Miranda Delcourt. La universidad lleva hablando de eso desde hace días.

Elisa soltó su mano y Liam sonrió apenas antes de mirar el ring.

—¿Boxeas?

—Desde hace años.

—Perfecto —respondió inmediatamente—. Entonces súbete.




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