Cuando el amor llega demasiado tarde

Capítulo 1: Ecos del Pasado

La ciudad despertaba lentamente con el suave roce del amanecer, las calles aún bañadas en la luz tenue de un nuevo día. Hana se encontraba en su pequeño estudio de arte, un refugio de colores y sueños donde las pinceladas eran su voz. Sin embargo, esa mañana, su corazón latía con una mezcla de ansiedad y anhelo que hacía tiempo no sentía.

Sentada frente a un lienzo en blanco, la brisa fresca entraba por la ventana, trayendo consigo el aroma del café y una pizca de nostalgia. Sin querer, su mente se desviaba hacia recuerdos lejanos. ¿Cuándo fue la última vez que su corazón había estado tan vivo? Las risas compartidas, las promesas de un futuro, y el dolor de una despedida que parecía eterna.

“Mamá, ¿puedo ir a la exposición de Jihoon?” Las palabras salieron de sus labios como un susurro, evocando la imagen de un joven con ojos llenos de sueños y una guitarra en la mano. Su madre, con una sonrisa tierna, había contestado: “Si crees que es lo correcto, hija.”

Era un amor de adolescencia, un amor que marcó su vida. Había sido su primer amor, su amigo y su inspiración. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias habían tejido un hilo de separación que parecía indestructible. Hana había seguido adelante, pero en su corazón, Jihoon había permanecido como una melodía inacabada, un eco de lo que pudo ser.

La puerta del estudio se abrió de repente, interrumpiendo sus pensamientos. Era su mejor amiga, Yumi, con una energía vibrante que iluminaba la habitación. “Hana, ¡tienes que venir! Hay una exposición de arte en el centro y Jihoon está tocando.”

El mundo de Hana se detuvo en ese instante. El nombre resonaba como un tambor en su pecho. “¿Jihoon? ¿El Jihoon?” preguntó, buscando una confirmación que ya sabía que recibiría.

“Sí, ¡el Jihoon! Viene con su banda,” respondió Yumi, incapaz de contener su emoción. “¡Debes ir! Es la oportunidad perfecta para ver cómo ha crecido.”

Un torbellino de emociones la invadió. La curiosidad, la duda y una chispa de esperanza vacilaron en su pecho. ¿Estaría lista para enfrentarse a él después de tantos años? Pero lo que la detuvo no fue el miedo al reencuentro, sino la posibilidad de que el amor que alguna vez compartieron aún pudiera existir entre ellos, a pesar de todo.

Esa noche, mientras se preparaba, cada elección se sentía como un acto de valentía. El vestido que eligió era sencillo, pero reflejaba la luz de su espíritu. En el espejo, se observó detenidamente, buscando algún vestigio de la chica que una vez fue. Hana sabía que la vida había cambiado, pero también sabía que el amor no es algo que se olvida fácilmente.

Al llegar a la galería, el sonido de risas y música emergió como un abrazo cálido. La atmósfera estaba cargada de energía y creatividad. Con el corazón en un puño, avanzó entre las multitud de arte y risas, hasta que su mirada se detuvo. Allí, en un rincón iluminado, Jihoon estaba en el escenario. La forma en que tocaba su guitarra y cantaba era hipnótica, cada nota resonando en su alma.

Al mirarlo, Hana sintió que el tiempo se desvanecía. Jihoon había cambiado, pero su esencia seguía intacta. Sin embargo, las historias de sus vidas se sentían como un abismo entre ellos, un muro construido con la distancia y el silencio.

Mientras la canción llegaba a su fin y la multitud estallaba en aplausos, sus ojos se encontraron. Un instante mágico se detuvo en el tiempo. La sorpresa en su rostro se desvaneció y fue reemplazada por una mezcla de reconocimiento y confusión. Hana pudo sentir el peso de los años y el dolor de lo irremediable.

“¿Hana?” La voz de Jihoon era un susurro, pero resonaba como un trueno en su corazón. La mirada que compartieron en ese momento contenía mil palabras no dichas; cada una traía un trozo de su historia, de su amor perdido. Era como si el universo hubiera conspirado para reunirlos una vez más.

Con cada paso que daba hacia él, Hana sentía que el presente y el pasado se entrelazaban. Un nuevo capítulo se estaba escribiendo, y las sombras de lo que fueron podrían pronto transformarse en una luz de redención y esperanza.

“¿Qué has hecho todos estos años?” le preguntó Jihoon, su voz cargada de emoción, como si cada palabra fuera un hilo que tejía su historia de vuelta a la vida.

“He estado buscando mi camino,” respondió Hana, el eco de su propia verdad resonando en su pecho. Pero dentro de ella, la respuesta más profunda seguía latente: “He estado buscando el amor que perdí.”

A medida que la gala continuaba, el destino danzaba a su alrededor, listo para tejer una nueva trama, una que desafiaba las probabilidades y que prometía cambiar sus vidas una vez más.




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