La música de la gala seguía vibrando en el aire, un eco de risas y melodías que envolvía a Hana en una burbuja de emociones contradictorias. A su alrededor, los rostros de desconocidos danzaban en la penumbra, pero para ella, todo se desvanecía, dejando solo un océano de recuerdos donde Jihoon era la corriente principal. Su corazón latía al compás de la música, un sonido que parecía narrar la historia de dos almas destinadas a encontrarse, pero que, a su vez, llevaban una carga de historias no contadas.
Mientras Jihoon la observaba, Hana sentía las palabras atoradas en su garganta. Sabía que ambos habían vivido años separados, pero nada de eso parecía importar en este momento. Los ojos de Jihoon, profunda como el océano, reflejaban tanto el pasado como la incertidumbre del futuro. Era un abismo en el que quería zambullirse, pero le daba miedo ahogarse en sus propios sentimientos.
“¿Es realmente tú?” La pregunta de Jihoon rompió el silencio, su voz tan familiar y reconfortante como un abrigo en una noche fría. Ella asintió, sintiendo el calor de sus palabras envolverla. La duda en su mirada hablaba más que cualquier frase que pudieran intercambiar.
“Han pasado tantos años,” dijo él, acercándose un poco más. “Pensé que nunca volvería a verte.” Su sonrisa era sincera, pero había un trasfondo de tristeza que le daba un aire melancólico. Algo en su mirada la hizo sentir como si el tiempo no hubiera pasado.
“Yo también lo pensé,” respondió Hana, sintiendo cómo una lágrima traicionera asomaba en sus ojos. Se reprimió, pero la sensación de vulnerabilidad se apoderó de ella. Los recuerdos de su adolescencia se agolpaban en su mente: las risas compartidas, las promesas de eternidad que parecían tan sólidas y ahora eran cenizas. ¿Cómo llegaron a estar tan lejos el uno del otro?
La conversación se desvió hacia sus vidas, revelando las cicatrices y triunfos que habían vivido sin el otro. Jihoon le habló de su carrera musical, de las giras y de los sueños cumplidos, sus palabras impregnadas de pasión. Pero en su tono había una nube de melancolía, un rastro de dudas que solo Hana podía percibir. “A veces me pregunto si el éxito realmente vale la pena sin las personas que amas cerca,” confesó.
Hana sintió un nudo en su pecho. Las palabras resonaban con fuerza en su corazón. “He buscado mi camino, pero... a veces, me pregunto si he tomado las decisiones correctas. Lo dejo todo atrás, pero siempre hay algo que me falta.”
Un silencio cómodo cayó sobre ellos y, en ese momento, todo lo que no dijeron se coló en el aire. Sus corazones latían en un mismo compás, y Hana supo que aunque había pasado tiempo, los sentimientos aún permanecían. Sin embargo, la realidad también les golpeaba, recordándoles que el tiempo no perdona.
Un grupo de amigos interrumpió la conversación, inundando el espacio con risas y felicidad. Entre ellos estaba Minji, la chispeante amiga de Jihoon. Al verla, Hana sintió un revuelo en su interior; era parte de su pasado, y el recuerdo de su risa la hicieron recordar más momentos donde Jihoon y su círculo estaban unidos.
“Hana, ¿eres tú?” grita Minji, acercándose rápidamente. Su energía era contagiosa, llevando una ola de calor que transformó el ambiente. “¡No puedo creer que estés aquí! Jihoon nunca deja de hablar de ti,” añadió, lanzando una mirada de complicidad hacia él.
Hana se sonrojó, sintiéndose repentinamente expuesta. “Sí, bueno. Solo... vine a mirar el arte,” dijo, sintiendo que las palabras no eran suficientes para encapsular la complejidad de su reencuentro. A veces, la simplicidad de la verdad era una carga demasiado pesada.
“¡Deberías unirte a nosotros! Jihoon necesita un poco de diversión,” dijo Minji, tirando de Hana hacia el grupo, mientras Jihoon la seguía con una sonrisa intrigante. Las risas llenaron el aire y, aunque Hana intentaba dejar atrás las sombras del pasado, no podía evitar sentir que estaban frente a un precipicio. ¿Qué pasaría si uno se lanzaba sin saber si había una red que lo atrapara?
La noche continuó, un torbellino de colores, risas y sentimientos distorsionados. Sin embargo, en lo más profundo de su ser, Hana sabía que el verdadero enfrentamiento no era con Jihoon, sino consigo misma. La mezcla de emociones que la envolvía era una danza entre el amor y el miedo, entre lo que fue y lo que podría ser.
Finalmente, después de una serie de juegos, fotos y conversaciones alegres, Hana encontró un respiro en la terraza de la galería. Desde allí, la vista de la ciudad iluminada brillaba como un mar de estrellas, cada luz representando una historia, un sueño. Era en este momento, rodeada por el murmullo de la vida, que se permitió hacer una pausa y reflexionar.
Pero esta pausa no duró mucho, porque Jihoon apareció en la puerta, su figura recortada contra la luz de adentro. “No sabía que te encontrarías afuera,” dijo, su tono suave y cálido. Los dos disfrutaron del silencio, con la ciudad retumbando a sus pies, como si el universo les estuviera gritando que este momento era significativo.
“Me gusta este lugar,” dijo Hana finalmente, rompiendo la quietud. “Es como... un refugio donde puedo pensar sin distracciones.”
Jihoon se acercó un poco más; la cercanía era un abrigo en una noche fresca. “¿Qué estás pensando realmente?” preguntó, su mirada profunda, como si intentara leer los secretos escondidos en su alma.
Hana vaciló antes de responder. “Sobre lo que hemos perdido. Y lo que hemos encontrado. Hay tanto de ti en mí, y no sé cuándo desapareció el tiempo,” confesó, sintiendo cómo sus palabras abrían una puerta que, para bien o para mal, necesitaban cruzar.
El silencio entre ellos fue pesado, una mezcla de comprensión y miedo. La tensión creció, palpable en el aire. Hana podía sentirlo, un hilo invisible que los unía, un puente entre sus corazones que nunca se había roto del todo.
“Podemos construir algo nuevo,” propuso Jihoon, su voz firme, como el latido de un corazón decidido. “Siempre quise crear música contigo, incluso después de todo lo que pasó.” Sus palabras fueron un respiro fresco, cada una empujando las sombras hacia la luz. Pero, ¿podría realmente suceder?
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Editado: 03.01.2026