Cuando el amor llega demasiado tarde

Capítulo 3: Cuando las Estrellas Se Alinean

La mañana siguiente llegó con un resplandor suave que se filtraba a través de las cortinas del estudio de arte de Hana. A pesar de la luz brillante, su interior parecía estar atrapado en una penumbra de confusión emocional. Había algo mágico en su reencuentro con Jihoon, pero también una profunda inquietud que la acompañaba, como una nube oscura que ocultaba el sol.

Hana se sentó en su mesa, un tazón de café humeante entre las manos, mientras sus pensamientos danzaban alrededor de la noche anterior. Los ecos de sus risas, las miradas cargadas de significados ocultos y la promesa de algo nuevo todavía vibraban en su mente. Sin embargo, también había un miedo latente a lo que pudo descubrir, a la posibilidad de abrir viejas heridas o, peor aún, de perderse en un amor que no podría mantener.

Decidida a comenzar el día, se vio obligada a concentrarse en su trabajo. Las pinceladas en el lienzo se convirtieron en su escape, su forma de canalizar esos sentimientos contradictorios. A medida que su brocha se deslizaba, los colores comenzaron a cobrar vida, narrando visualmente la lucha interna que sentía. Cada trazo representaba una emoción: la alegría de la conexión, la tristeza del pasado y la incertidumbre del futuro.

De repente, un golpe en la puerta interrumpió su enfoque. Fue Yumi, su mejor amiga y confidente, que entró con una energía desbordante. “¡Hana! Necesitamos hablar sobre tu reencuentro con Jihoon. ¡Estás radiante!” exclamó, con una sonrisa que mostraba la emoción de la revelación.

“¿Radiante? No estoy tan segura,” respondió Hana, sintiéndose expuesta ante la curiosidad de su amiga. “Fue... complicado.”

Yumi se acercó, sentándose en el borde de la mesa mientras observaba a Hana con atención. “¿Complicado? Por lo que me contaste, fue mágico. ¿No sientes que hay algo entre ustedes? El tiempo puede haber pasado, pero los sentimientos parecen seguir ahí.”

“Es como si el tiempo no hubiera pasado, pero también hay tanto que hemos perdido,” explicó Hana, sintiendo la vulnerabilidad aflorar de nuevo. Las palabras parecían pesadas, cada una evocando una red de emociones. “No sé si puedo volver a abrirme de esa manera.”

“¿Y si esta vez es diferente?” preguntó Yumi, suavemente, como si intentara iluminar los rincones oscuros de su corazón. “Las segundas oportunidades son raras, Hana. A veces, hay que arriesgarse a vivir el amor de nuevo, aunque duela. Después de todo, ¿qué es la vida sin un poco de aventura?”

Las palabras de Yumi resonaron dentro de Hana. Se sentía como una mariposa enjaulada, atrapada en su propia inseguridad. “Podría ser solo una fantasía,” murmuró, mirando por la ventana, donde el sol brillaba intensamente. “Lo que si no funciona y terminamos —de nuevo— separados.”

“Entonces, hazlo parte de tu arte. Encuentra inspiración de este momento,” sugirió Yumi. “Pinta lo que sientes por él. Esto puede ser una oportunidad para cerrar un capítulo y abrir otro.”

De repente, Hana sintió un impulso de inspiración. La idea de plasmar su lucha en el lienzo se volvió atractiva. ¿Por qué no permitir que sus emociones fluyeran a través de su arte? Sin embargo, una sombra de duda pululaba en su mente. ¿Podía realmente arriesgarse a abrir su corazón otra vez?

“Tal vez necesitas hablar con él de nuevo,” continuó Yumi, rompiendo su tren de pensamientos. “¿Por qué no lo llamas y lo invitas a que venga al estudio? Así podrán hablar y quizás aclarar lo que sienten el uno por el otro.”

“Invitar a Jihoon aquí...” Hana reflexionó sobre la posibilidad. La idea la aterrorizaba y emocionaba al mismo tiempo. La idea de estar frente a frente con él otra vez desataba un torrente de mariposas en su estómago.

Finalmente, decidió que lo mejor sería arriesgarse. “Está bien, lo haré,” dijo con determinación, aunque su corazón tamborileaba en su pecho. “Pero solo para hablar y aclarar las cosas. Quiero saber de él, pero necesito entenderme a mí misma primero.”

Esa tarde, luego de prepararse con nerviosismo, envió un mensaje a Jihoon, invitándolo a su estudio de arte. La respuesta llegó casi de inmediato: “Estoy en eso. No puedo esperar para verte.”

Su corazón trepidó de emoción y miedo. La mezcla de sentimientos la inundó, pero había la certeza de que este encuentro podría ser el catalizador que necesitaban.

Más tarde, cuando el timbre sonó, Hana sintió que el tiempo se detenía por un segundo. Fue un instante que transformó su mundo familiar en algo nuevo, un lugar lleno de posibilidades. Al abrir la puerta, Jihoon estaba allí, con una sonrisa cálida que iluminaba toda la habitación. El aire entre ellos se volvió electrizante, como si el universo estuviera alineando las estrellas para ellos.

“Hola, Hana,” dijo, su voz suave y acogedora. “Gracias por invitarme. Este lugar es increíble.”

“Gracias,” respondió ella, sintiéndose un poco más en casa, aunque la tensión permanecía palpable. Sus ojos se encontraron, y en ese momento, cada uno se sintió como si absorbiera la energía única que sólo el otro podía ofrecer. Era un juego de luces y sombras, de recuerdos y esperanzas.

“¿Estás lista para mostrarme tu arte?” preguntó Jihoon, su curiosidad sincera despertando en él un deseo genuino de conocer su mundo.

“Sí, vamos,” contestó Hana, ocultando su nerviosismo detrás de una sonrisa.

Mientras caminaban hacia el estudio, la conversación fluyó naturalmente. Los recuerdos se entrelazaron con anécdotas actuales, y risas compartidas añaden colores a la conversación. Sin embargo, también había preguntas latentes y puntos de tensión que aguardaban ser explorados. Cada momento parecía estar impregnado de significado, y Hana sabía que la conversación llegaría a profundidades desconocidas.

Finalmente, cuando se sentaron frente al lienzo en blanco donde Hana había estado trabajando, la atmósfera cambió. Las sonrisas se disiparon, y una profunda realidad se instaló entre ellos. Era el momento definido para abordar lo que había estado suspendido durante tanto tiempo.




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