Cuando el amor perdona

Prólogo

Prólogo

Luciano

Desde que tengo memoria, nunca comprendí por qué no conté con una madre en mi vida; simplemente empecé a darme cuenta de que había sufrido un abandono a los diez años, cuando comencé a compararme con mis compañeros de la escuela.

Mi padre, Stefano, trabajaba arduamente y me brindaba lo mejor; al principio pensé que mi madre había fallecido al darme a luz y que su exesposa no quería hacerse cargo de un bebé recién nacido.

Con el paso de los años, dejé de prestarle atención a eso y fui creciendo de manera tranquila hasta que, al estudiar medicina, comenzó a incomodarme el simple hecho de que no sabía nada sobre mi madre y que nunca la había conocido. Como todo estudiante, me fascinaba la genética y me preguntaba cómo sería mi madre.

Si era hermosa o no, no me parecía físicamente a mi padre, ya que él era de piel morena y su exesposa también lo era; no podía ser mi madre porque yo soy de piel clara y ojos verdes, muy diferente a la familia de mi padre.

Con el tiempo, empecé a sospechar que podría ser adoptado, y a escondidas me hice una prueba de paternidad que confirmó que era su único hijo biológico, lo que aumentó mi ansiedad cada día más.

Una vez lo escuché hablar con uno de mis tíos, que se lamentaba por lo que había hecho y que me había privado de la oportunidad de crecer con una madre. Sin pensarlo, entré y lo confronté de tal manera que mi padre no sabía cómo explicármelo, y decidí buscar la verdad en su exesposa, lo cual resultó ser el mayor error de mi vida, ya que solo encontré odio y rencor hacia mí.

Yo no era responsable de las infidelidades de mi padre y de cómo ella despreciaba todo lo que tuviera que ver con él. No soportaba cuidarme y lo mejor que había hecho, según ella, era dejarnos.

En ese instante comprendí que mi padre había cometido un error y decidí abandonar mis estudios de medicina, refugiándome en dos amigas que me demostraron su cariño y me apoyaron cuando empecé a estudiar derecho. No era una carrera que me apasionara, pero empecé a idealizar que mi madre no pudo tenerme debido a que mi padre, con su influencia, había hecho algo para separarnos.

Entonces fui aceptando mi vida hasta que llegó el momento de casarme con Paulina. No fue un matrimonio lleno de amor, ni mucho menos; fue un contrato que firmamos y que se respetó tanto que cuando nos divorciamos, no nos quedó nada, porque solo era un acuerdo en papel hasta que ella pudiera sentirse segura y solicitar el divorcio.

Durante mi matrimonio, estuve con varias mujeres; Paulina lo sabía y me apoyaba para que tuviera relaciones con ellas, porque entendía que lo nuestro no era amor, solo una simple amistad.

Hasta que nuestro matrimonio llegó a su fin y finalmente me sentí liberado, comenzando a salir con chicas y a disfrutar de la vida.

Con el paso de los años, me convertí en un buen abogado y empecé a desarrollar un cariño por mi profesión. Hasta que un abogado de renombre me ofreció trabajar en el bufete De Santis; era un sueño hecho realidad, sin saber lo que me esperaba.

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Helena

Toda mi vida había estado centrada en el ámbito legal; tengo unos padres maravillosos y un gemelo que me complicaba la existencia desde nuestra infancia.

Mi vida ha sido perfecta en todos los aspectos y nunca me he arrepentido de nada, hasta que experimenté mi primer amor. Fue una relación muy agotadora y con manipulación de su parte. Nunca me sentí lista para tener relaciones con él y finalmente decidí dejarlo.

En ese momento no sabía qué carrera seguir y mis padres me animaron a estudiar derecho, lo cual acepté porque empecé a darme cuenta de que realmente me gustaba, y mi hermano siempre se expresaba de una manera que me encantaba; me gustaba verlo emocionarse por todo.

Por otro lado, Julián sabía que quería estudiar para complacer a mi padre en todo y evitar conflictos con él; siempre había sentido admiración por él y yo solo deseaba seguir la tradición familiar.

Con el tiempo conocí a Emiliano, un hombre atractivo, y me agradaba cómo me trataba; no me agobiaba y respetaba mi espacio, pero empecé a dudar cuando no buscaba ninguna forma de tener contacto físico, solo un beso ocasional, pero nunca fue atrevido ni intentó avanzar más; simplemente sentía que nuestra relación era un poco infantil y, sinceramente, quería llegar virgen al matrimonio como le prometí a mi madre.

Intenté poner a prueba a Emiliano para ver si cruzaba alguna línea conmigo, pero nunca lo hizo y un día lo encontré con su secretaria en su departamento.

Lo golpeé con fuerza y a ella la agarré del cabello para que entendiera que nadie se burlaba de mí. Él intentó defenderla, pero no pudo y decidí terminar mi relación con él.

No quería intentarlo con nadie más y pensé que me quedaría sola. Eso creí hasta que lo conocí a él.




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