Cuando el amor regresa

Capítulo # 1

Capítulo # 1

Kimberly

Observé a mi exesposo, quien estaba revisando los documentos.

—Todo está en orden —dijo él, un hombre de un metro noventa, de piel clara, cabello rojizo y ojos azules—. La cliente estará satisfecha.

—Lo sé, el divorcio se resolverá lo más pronto posible —comenté a mi colega, que era abogado como yo—. Sabes que estoy emocionada con este caso.

Ciro

Levanté una ceja. Miré a mi exmujer, una hermosa rubia de un metro setenta y siete.

—¿Y por qué lo mencionas?

—Es algo personal —respondí, llevándome la mano a su vientre; hace cuatro meses me enteré de que estoy embarazada de Ciro De Santis, mi exesposo—. ¿Y cuándo será la reunión?

—Mi padre me avisará —respondí, mirándola y notando que se veía completamente diferente—. No quería decirlo, pero has ganado peso.

—Es lo más normal del mundo —dije, levantándome de la silla y observando cómo me miraba—. Estaré suspendida por un tiempo.

—Perfecto.

Ciro

Miré de nuevo a mi exesposa. Hace unos meses nos divorciamos porque sabía que nuestro matrimonio no duraría más y estaba cansado de discutir con ella por cosas triviales; afortunadamente, no tuvimos hijos, lo cual me aliviaba en cierto modo. Aunque sí me hubiera gustado tener hijos con ella.

—¿Y cómo va tu relación con Jack? —le pregunté, ya que sabía que estaban saliendo y la verdad es que me dolía.

—De maravilla.

—Es curioso, te casaste con un italiano y ahora eres novia de un estadounidense.

Kimberly

Lo miré de forma negativa; hace algunos años le confesé que los italianos nunca me habían atraído porque normalmente conocía a morenos con ojos oscuros, pero él era distinto. Nació en Italia y su madre es australiana, con cabello rojizo y piel clara. Afortunadamente, heredó su tez clara y su cabello rojo, lo que siempre lo hizo destacar entre sus hermanos. Eso llamó mi atención hacia él, ya que mi familia era canadiense y no italiana, como su familia pensaba al principio.

En mi hogar, era complicado mantener tres culturas diferentes y que todas se llevaran bien; ahora que estamos separados, tenemos una buena comunicación como colegas.

—Ahora tengo una perspectiva diferente —dije en defensa, sonriendo—. Nos vemos.

Kimberly

Antes de salir de la oficina, me encontré con mi excuñado, un moreno extremadamente atractivo y guapo. Nos llevamos muy bien; lo aprecio mucho.

—Kimberly está cada vez más hermosa.

—Gracias —dije antes de salir de la oficina y continuar mi camino.

Ciro

Intenté no sentir celos de mi hermano; siempre han tenido una buena relación y, lo peor, es que, a pesar de nuestro divorcio, seguían tratándose como amigos.

—Recuerda que estás comprometido —le recordé, mirándolo de reojo.

—A Sophia no le importa mucho —comentó él con seriedad.

Ciro

Lo miré de nuevo con seriedad y crucé los brazos en señal de molestia.

—¿Y qué deseas?

—Vengo para que me des una asesoría.

Ciro

Lo miré divertido y le pregunté.

—¿Es en serio?

—Sí, sabes que odio pedirle ayuda a papá.

—¿Por qué no hablaste con Helena? —le pregunté, sorprendido de que mi hermano no le dijera nada a nuestra hermana.

—¡Nunca! Esa es una odiosa —exclamó, chispeante de ira.

—Es tu hermana.

—Será tuya.

Ciro

Intenté no reírme en su cara para que no lo tomara a mal, pero mis hermanos no se llevaban nada bien, a pesar de haber nacido juntos.

—Y eso que nacieron juntos —le recalqué divertido.

—Tonterías.

.

.

En otro lugar.

Kimberly

Sentí una leve incomodidad en mi abdomen y me acaricié el vientre con mucho cariño.

—No seas malcriada, bebita.

Helena se acercaba cuando la vio.

—Kimberly.

—Hola —respondí al escuchar la voz de mi excuñada llamándome; me giré con cuidado para no lastimarme y le sonreí—. ¿Cómo estás?

—Muy bien, necesito que me ayudes con algo —pidió ella.

—Está bien.

—Tengo un caso de violencia doméstica —comentó mientras caminaba junto a ella—. Sé que estos casos son muy importantes para ti.

—Normalmente eran los casos que tu padre me asignaba antes —le recordé con seriedad; prefería los casos criminales. Mi exsuegro se negaba a dármelos; según él, debía protegerme—. Ahora soy experta en divorcios.

Su excuñada sonrió con diversión.

—Aún me cuesta creer que estén divorciados.

—Parece increíble, pero así es, llevamos casi un año separados y unos pocos meses divorciados —le recordé a mi excuñada, a quien quiero con todo mi corazón; nos llevamos muy bien—. A veces me resulta difícil creer que sean hermanos.

—Sí, lo comprendo. Yo soy completamente morena, al igual que mi padre y mi hermano Julián.

—Para ser gemelos no idénticos, se parecen bastante —comenté, contenta de saber que solo esperaba un bebé; no me hubiera imaginado siendo madre de dos niños—. Vamos a mi oficina.

—¿Y dónde pasarás las Navidades? —le preguntó curiosa; en una semana sería Navidad y normalmente Kimberly viajaba a Canadá con su hermano para celebrar el fin de año, pero ahora que estaban separados, sería comprensible que se fuera antes.

—Mis padres pasarán las Navidades aquí en Italia —respondí, notando su sorpresa—. Increíble, pero cierto.

—¿Y por qué el cambio? —preguntó asombrada, una de las razones por las que su cuñada no se mudó a Canadá fue porque se comprometió con su hermano. La familia de Kimberly nunca le cayó bien y le hizo la vida difícil mientras estuvo casada con su hija.

—No tengo idea —solté, confundida por el repentino cambio de mis padres—. Sé que no les agradaba mucho Ciro. Ahora que estoy divorciada, creo que por eso están dispuestos a venir a Italia —dije con cierta tristeza en la mirada—. Sabes, me dolió mucho que se fueran.

—Tantos años viviendo aquí y decidieron mudarse de nuevo —comentó Helena.

—Así es —afirmé, abriendo la puerta de su despacho—. Comencemos.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.