Capítulo # 3
En la mansión De Santis Watson.
En la sala.
Helena llegó a casa llorando.
—¿Qué ocurrió? —preguntó su padre, alarmado.
—Emiliano me está engañando con su secretaria —exclamó entre lágrimas.
—¡Ese sinvergüenza! —gritó su padre, abrazándola—. No te preocupes, cariño, no te merece.
Ciro
Me acerqué a ellos porque había escuchado el llanto de mi hermana; al verla, estaba mal y algo le pasaba.
—¿Qué le pasa?
—Emiliano tiene una amante.
—Olvídalo, nunca me ha parecido adecuado para ti —dije con seriedad, y le di un beso en la frente—. Aquí estaremos nosotros para protegerte.
—Dos años perdidos —dijo, desesperada—. Pensé que era el hombre adecuado.
—Así pensaba yo con Kimberly y ahora está embarazada de otro hombre —respondí, dolido.
—Hijo, ustedes ya estaban separados —le recordó su padre, sin soltar a su hija—. Estuviste saliendo con otras mujeres.
—Nunca me acosté con ellas.
Helena estaba atónita.
—¡¿Es una broma?!
—No. Aunque estemos divorciados, todavía no lo he hecho y ella se embaraza de un idiota —me expresé, sumamente enojado—. Parece un mal chiste.
—Hijo.
—Voy por mamá, Kimberly quiere un poco de agua.
—¿Está aquí? —preguntó su hija, mirándolo a los ojos.
—Es una larga historia —confesó, serio.
Una hora después.
Kimberly
Camila me trajo una ropa cómoda para que pudiera dormir bien; al principio me resistía porque no quería incomodar a nadie, pero Camila insistió en que la usara. Después de unos minutos, me cambié y volví a la cama, pero fue en ese momento cuando ella me dijo que dormiría conmigo para hacerme compañía y volví a negarme porque no quería ser una carga. Fue entonces cuando Ciro intervino y me sorprendió.
Ciro
Sorprendí a todos al decir que dormiría con ella porque la conocía bien y sabía cuándo podía quejarse y cuándo no. Vi cómo ella intentaba negarse, pero logré convencerla de que podría pasarle algo y no darse cuenta. Así que, aceptó que durmiera con ella.
Esperé a que Kim se quedara dormida para poder entrar en la habitación; no quería hablar con ella. Solo de pensar que en su vientre estaba creciendo un ser que no era mío, me sentía completamente mal porque tenía celos de que Jack sería el padre y no yo; a pesar de todo, la amaba locamente y terminé mi relación con Kimberly porque no podía soportar los abusos de mis exsuegros.
Kimberly se movió y acomodó su cabeza en mi pecho, y solo la abracé.
—Te amo, Kim.
Horas después.
Kimberly
Desperté en los brazos de Ciro; me moví lentamente para no despertarlo; eso me recordó la última vez que estuvimos juntos y cómo disfrutaba estar en sus brazos. Ahora debo irme de la mansión; me sentía más cómoda en mi departamento.
—Kimberly…
Escuché su voz hablándome entre sueños; no pude evitar ponerme tensa y nerviosa; no quería que se despertara y me dijera algo. La verdad, quería evitar ese momento.
Ciro
Sentí que Kim se movía y sabía que quería escapar, pero la llamé, no obtuve respuesta y hablé.
—¿Qué haces levantada? —pregunté al darme cuenta de que no estaba en la cama y abrí los ojos por completo.
—Voy a irme —anuncié mientras tomaba mi ropa—. Me siento incómoda.
—Lo entiendo —dije inclinándome un poco para quedarme sentado—. Tómate un baño; te llevaré al departamento.
—Gracias.
.
.
Helena despertó con los ojos hinchados y demacrada; le dolía la infidelidad de Emiliano, tantos años juntos y cómo pudo hacerle eso. Lo apoyó en todo momento y lo ayudó cuando más lo necesitaba; ahora estaba más que segura de que nunca la amó, que solo estuvo con ella por interés. Cuántas veces ponía excusas para evitar estar a solas con ella y lo incómodo que se veía cuando hablaba de los preparativos de la boda.
—No te ves bien —dijo Julián sintiéndose realmente mal por su hermana—. Es un desgraciado.
—Lo voy a despedir —dijo Adriano con rudeza.
Camila decidió intervenir; le dolía ver a su hija en ese estado.
—No lo hagas, sería injusto despedir a un buen abogado.
—¡Engañó a tu hija! —exclamó indignado su esposo.
—Despide a la secretaria y cuando tengas un buen bufé para él, despídelo —explicó ella, seria—. No debemos ser tan obvios.
Ciro
Vi a mi familia reunida en el comedor y Kim y yo nos acercamos para desayunar con ellos.
—Buenos días —dije junto a Kimberly—. Vamos a desayunar.
—Prefiero irme —dije incómoda, deseaba marcharme.
—Quiero que ese bebé se alimente —dijo Camila, levantándose de la silla y tomándola del brazo—. Necesitas desayunar.
—No quiero causar más molestias.
—Kimberly, eres parte de la familia —afirmó Julián guiñándole un ojo—. ¿Verdad que ese bebé es mío?
—¡Por supuesto! —respondí con ironía.
Ciro
Medio sonreí; mi exesposa siempre había tenido una buena relación con mi hermano. A pesar de sus bromas, sabía que no había nada entre ellos.
—Desayunemos.
—¿Y has considerado casarte de nuevo? —preguntó Helena.
—No.
Todos guardaron silencio. ¿Por qué no casarse, si iba a ser madre?
—Seré madre soltera —aclaré mientras tomaba un poco de jugo.
Ciro
Estaba confundido, porque Kimberly no quería formar una familia con Jack si iban a tener un bebé; era tan raro que ella no quisiera incluirlo en su vida.
—¡Brindemos por la futura madre! —exclamó Camila sonriendo.
—¡Salud! —gritaron todos.
Kimberly
Sonreí y me sentí culpable por no decirle la verdad; necesitaba reflexionar bien, porque sabía que Ciro no me facilitaría las cosas y me estaría presionando constantemente, y lo que más deseaba era tener un embarazo tranquilo, sin preocupaciones. Era consciente de que era egoísta de mi parte, pero anhelo proteger a mi bebé.
Ciro
Llevé a Kimberly al departamento que había sido mío durante nuestro matrimonio; aún tengo presente tantas cosas que sentía que, si no me hubiera divorciado de Kim, ahora estaríamos celebrando la llegada de ese bebé que seguramente sería mío.