Capítulo # 8
Antonella observando a la recién nacida que vino a conocerla en el departamento de Kimberly.
—Es tan hermosa.
Camila estaba llena de emoción.
—Se parece a Kimberly.
Kimberly
Me estoy riendo un poco por la alegría de las mujeres.
—Sobre todo en su cabello y en sus ojos.
—¿Y cómo se llama mi bisnieta? —preguntó Antonella sin dejar de mirarla.
—Chiara Daniella.
—Como mi madre —dijo ella con emoción.
Kimberly
Sonreí porque mi exesposo adoraba a su nonna Daniella, quien falleció un año después de nuestro matrimonio. Mi esposo estuvo mal por un tiempo y ambos acordamos que, si teníamos una niña, se llamaría Daniella como primer o segundo nombre en su honor, y lo acepté.
—Mi pequeña Daniella —dijo Camila sin dejar de mirarla y notó que Kimberly estaba un poco pálida—. ¿Estás bien, cariño?
Ciro
Tomé la mano de Kim; no la veía nada bien.
—A la cama.
Kim
Solo asentí aturdida, la realidad de que me sentía mal después del nacimiento de mi hija; mi madre solo discutía conmigo porque la niña era hija del hombre que amaba.
Helena le llevó la comida a Kimberly.
—Toma.
—Gracias —dije comenzando a comer.
Antonella con la recién nacida en sus brazos.
—Voy a comprarte muchas vitaminas, estás muy pálida y eso es preocupante.
Ciro
La observé con inquietud; Kimberly realmente se veía mal y eso no debería ser así.
—Mañana te llevaré al médico.
—Sí —respondí, sorprendiendo a todos—. Yo me siento muy mal.
Esas palabras alarmaron a todos; se suponía que Kimberly debía recuperarse, no empeorar cada día.
Ciro
Me retiré para llamar a un amigo que era médico; no permitiré que Kimberly siga empeorando.
Ella no era de quejarse y mucho menos de enfermarse; algo debió salir mal tras el parto.
Kimberly
Terminé de comer y me quedé dormida poco después.
Antonella comenzó a preocuparse más de lo habitual; la palidez de Kimberly no era normal y le pidió a Camila que contactara a su ginecóloga para que viniera a verla de inmediato.
Camila se puso en contacto con su ginecóloga y le explicó la situación; ella no dudó y se dirigió al departamento.
En menos de diez minutos, había dos médicos.
—Está comenzando a tener una hemorragia —informó la ginecóloga—. Debemos llevarla a la clínica de inmediato.
Las palabras de la ginecóloga sorprendieron a todos, especialmente a Ciro.
—¿Se recuperará? —preguntó Camila, aterrorizada.
—Sí, apenas está comenzando —explicó con tranquilidad—. Afortunadamente, le realizaremos una transfusión de sangre y vitamina K, y estará como nueva. Es una mujer joven y su recuperación será exitosa.
—Voy a llamar a una ambulancia —dijo el médico—. Para que la trasladen.
Camila y Antonella se ofrecieron a cuidar a la recién nacida, mientras Helena contactó a su hermano Julián para informarle sobre la situación, y también a Luciano, ya que ambos eran muy amigos; sabía que él la quería mucho.
Kimberly fue atendida de inmediato y la estabilizaron.
—¿Dónde estoy? —le pregunté al ver a Helena dormida en el sofá; observé cómo Julián entraba en la habitación y me sonrió—. Ju… lían
—Descansa, Ciro fue a ver a la niña —dijo con una sonrisa.
—Recuerdo que comí algo y me sentí muy pesada.
Julián quería decirle que en ese momento había comenzado la hemorragia, que se estaba debilitando. No lo hizo; los médicos o el mismo Ciro debían explicárselo.
—Estás en la clínica, en unos días estarás bien.
Kim
Cerré los ojos nuevamente y me quedé dormida.
Él le dio un beso en la frente.
—Descansa, cuñada.
.
.
Ciro
Me di un baño y me cambié de ropa para cargar a mi hija.
—Hola, preciosa.
Chiara bostezó y estiró los brazos.
—Eres una belleza —dije completamente enamorado.
Camila sonrió con ternura, porque su hijo estaba fascinado con su nieta.
—Serás un excelente padre.
—Ella ahora es mi mundo —confesé dándole un beso en la frente—. Me preocupa Kimberly.
—Kimberly es una mujer muy fuerte.
—Madre, me alegro de saber que Kimberly ocultara mi paternidad —comenté con pesar—. Mira todo lo que le está pasando porque su madre es una inconsciente.
—Sé a qué te refieres —dijo sentándose a su lado—. Tú eres un hombre terco y la hubieras estresado más; Mary Jane nunca te ha soportado, para llegar al punto de atormentar a su propia hija. Eso es imperdonable.
—No le avisaré hasta que Kimberly esté completamente sana —afirmé sin dejar de mirar a mi hija—. Voy a protegerla.
—Así se habla.
.
.
Unas horas después.
Luciano acercándose a Helena, que estaba en su departamento, para ir a visitar a Kimberly.
—Casémonos.
—Yo…
—Sé que estoy forzándote, podemos casarnos y disfrutar hasta que esto dure —le propuso él.
—Sería una locura.
—Lo sé, no quiero forzarte a nada.
Helena sentía que era una locura; sabía que en cualquier momento iba a acceder a sus deseos y no podría cumplir su promesa de mantenerse virgen hasta su casamiento.
—¿Qué pensarán mis padres?
—Diremos que somos dos locos enamorados —dijo agarrando su mano.
—Pero… Yo.
—Piénsalo —le pidió.
—¡Casémonos! —exclamó segura—. Será lo mejor para mí y así cumpliré mi promesa.
—Casemos y lo haremos con bienes separados, para no preocupar a la familia —aseguró él.
—Perfecto, así que Luciano —dijo coquetamente—. Pensemos en una fecha.
—Claro que sí —afirmó besándola apasionadamente.
.
.
Unas horas después.
En la clínica.
—Quiero verla —dije mientras observaba a Ciro enseñándome fotos de nuestra hija—. Por favor.
—Solo serán unos días más —le aseguré dándole un beso en la frente—. Solo descansa, para que nuestra hija tenga una madre fuerte y saludable.