Capítulo # 10
Ciro
Corté la comunicación telefónica y miré a Kimberly, quien le estaba haciendo muecas a nuestra hija.
—Helena se ha casado.
Kim
Lo miré con sorpresa; realmente estaba impactada por la noticia. Y pregunté.
—¿Con Luciano?
—Sí. Mi madre está destrozada —comenté mientras me sentaba en el sofá, estirando las piernas con frustración—. Es una loca.
—Quiero confesarte algo. Pero, júramelo que no se lo dirás a nadie, Ciro Adriano —dije con mucha seriedad.
Ciro
Lo miré con seriedad; mi esposa no mencionaba mi segundo nombre a menos que fuera algo delicado.
—Lo juro.
—Tu hermana se sentía muy atraída por él y no quería romper la promesa que se había hecho de llegar virgen al matrimonio.
Ciro
Estaba atónito y exclamé.
—¡Se casó por calentura!
—Creo que sí. Yo… Puede que esté muy equivocada —dije, arrepentida de decírselo—. Por la situación en la que estaba, es lo más probable. Luciano es un hombre muy bueno.
—Cancelemos el tema —le pedí, cerrando los ojos para controlar mi irritación; quería gritar o golpear algo, mi pequeña no merecía tal tontería. No quería despertarla.
Kimberly
Era evidente que Ciro estaba molesto; siempre había protegido y querido a su hermana. Ahora me arrepiento de haberle dicho eso. Lo que menos quería era que él estuviera inquieto y pensando en tonterías.
El timbre sonó.
—¿Quién será? —me pregunté mientras caminaba hacia la puerta, con mucho cuidado para entregarle a nuestra hija—. Toma.
Ciro
La recibí con alegría. Mientras mi esposa abría la puerta, pude notar su sorpresa; eran mis exsuegros. Bueno, mis suegros de nuevo.
—¡Papá y mamá! —exclamé, sin poderlo creer.
Ciro
Me levanté del sofá y me acerqué a ella con mi hija en brazos.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó Mary Jane, visiblemente enojada.
Ciro
Sentí como si me hubieran dado un golpe en el estómago al mirarla; por culpa de esa mujer, Kimberly había estado enferma y no iba a permitir que eso volviera a suceder.
—Estoy con mi mujer e hija.
El padre de Kimberly, atónito.
—Regresaste con él.
Kim
Asentí con la cabeza.
—Eres una tonta —dijo su madre, enfadada—. Te engañará y te quitará a la niña.
—Debería darle vergüenza dejar a su hija enferma y venir aquí a envenenar a mi mujer con acusaciones absurdas —respondí, muy molesto. Con cuidado, llevé a la niña a la habitación para dejarla en la cuna y regresar a la sala. Necesitaba aclararle un par de cosas.
Kim
Observé la tensión que se estaba generando en mi hogar.
—No es el momento —solicité al cerrar la puerta, al verlos entrar—. No me encuentro bien.
Su padre mostró preocupación.
—¿Qué ocurre, hija?
Ciro
Escuché la voz de mi suegro preguntándole a mi esposa qué había sucedido y necesitaba aclararlo.
—¿Qué pasa? —repetí al unirme a ellos—. Debido a su esposa, Kimberly tuvo que regresar a la clínica por una hemorragia.
Mary Jane se puso pálida.
—¡Eso es falso!
—No lo es, madre —hablé con seriedad y crucé los brazos—. Te fuiste y me dejaste sola con la niña, sin que te importara nada.
—Gracias a Dios que esa misma noche vinieron mi hermana y yo a hablar con Kimberly —expliqué con seriedad—. En pocas horas se deterioró mucho y tuvimos que llevarla a la clínica.
—Estuve hospitalizada durante unos días —comenté mirando a mi madre con dureza—. Me dejaste en el peor momento y todo por ese rencor que no comprendo que sientes hacia Ciro. ¿Qué te ha hecho él?
—No voy a discutirlo —aclaró con frialdad—. Después de pensarlo tanto, no quiero estar alejada de mi nieta.
—Mary me contó todo apenas hace unos días —confesó su padre—. No sabía nada…
Kimberly
Estaba sorprendida y le pregunté.
—¿Por qué, madre?
—Ella, en su egoísmo, no deseaba regresar —explicó él, observando cómo su esposa cruzaba los brazos—. Tenía muchas ganas de conocerla.
—Por lo que vi, es pelirroja como yo —comenté con seriedad. No iba a permitir que mi hija sintiera ningún tipo de rechazo. Protegeré a mi hija, incluso de su propia familia materna.
—Sí, se parece mucho a mi hija —aclaró sonriendo—. Me encantaría cargarla y darle un beso.
Ciro
Regresé a la habitación para buscar a mi hija y entregársela a mi suegro; por más difícil que fuera, Joseph no era un mal hombre, solo que a menudo consentía demasiado a su esposa y la respaldaba en momentos en que ella no tenía razón. Intenté comprender su relación muchas veces, pero con el tiempo entendí que Joseph siempre estaba protegiendo a Mary Jane de algo.
Joseph estaba emocionado de tener a su primera nieta en sus brazos, de besarla, malcriarla y consentirla como hacía con su única hija cuando era un bebé. Ahora podía disfrutarla como se debía.
Kimberly
Observe cómo Ciro regresaba con nuestra pequeña; se acercó con cuidado a mi papá y se la entregó.
Al recibirla en sus brazos, le dio un beso en la frente y le sonrió emocionado. Su nieta era una verdadera belleza; tenía tanto de su hija que, cuando creciera, seguramente rompería muchos corazones.
—Dios mío, qué niña tan hermosa —comentó, realmente emocionado—. Parece una niña sacada de un cuento de hadas.
Ciro
El comentario me hizo sonreír y le expliqué.
—Kimberly y yo tenemos buena genética.
Mary se acercó a su esposo y sonrió; su nieta era realmente preciosa con esos ojos azules y ese color de cabello tan llamativo. Sería una sensación cuando la vieran; tenía que guardar su orgullo y disfrutar a su única nieta.
—Ven con la abuela.
Su esposo se la entregó.
Kimberly
Estaba más que emocionada; nunca pensé que este día llegaría y que mis padres estarían tan entusiasmados con mi pequeña. Temía que, al ser hija de Ciro, no la aceptarían completamente, debido a las muchas diferencias que tuvieron. Parece que mi hija será la favorita de ambas familias.