Cuando el destino llama

Capítulo 15

Hice una reverencia en cuanto lo vi parado en la puerta, tan recto, majestuoso y lleno de presencia. No me atrevía a mirarlo a los ojos, ¿Por qué me sentía tan nerviosa? 
Tal vez por qué era consciente de lo que había hecho. ¿Se habrá dado cuenta de que robé el pergamino? Podía sentir el sudor correr por mi nuca.  
Se acercó a nosotras, mi ansiedad aumentaba con cada paso que daba. Observó a Jaqueline, ni siquiera me miró a mí. 
-No parece que tenga fiebre-. Dijo, su mano en la frente de la chica. 
-No su alteza-. Añadí.- Solo tiene mareos y dolores de cabeza. Por eso la traje aquí. 
No dijo nada, se mantenía en silencio con esa gran seriedad que me inquietaba. Segundos después llegó la comadrona.  
-¡Su excelencia!.- Estaba sorprendida.- Disculpe mi rudeza, no creí que estaría aquí. 
-He escuchado que una de mis concubinas estaba enferma, así que vine a verla. 
-Que considerado de su parte, pero estoy segura que tiene cosas más importantes que hacer. 
-¿Dices que mis mujeres no son importantes?-. Su voz amenazante. 
-Para nada señor.- Estaba nerviosa. Incluso yo no sabía que decir. La comadrona era una vieja muy gruñona y estricta, pero ante la presencia del rey no era más que una mujer vulnerable. 
-Como sea-. Continuó.- Cuida de ella, enviaré a un doctor para que le dé medicina.  
-Si señor, como ordene-. Aun con la cabeza inclinada esperó a que se fuera para regresar a su personalidad. Nos miró con ojos fulminantes, estoy segura de que nos culpaba por lo que pasó hace un minuto. Después de advertirnos que no saliéramos de la habitación hasta que Jaqueline se recuperara se fue. 
Ambas cruzamos miradas y reímos con fuerza. Tiempo después, llegó el médico como estaba previsto, analizó a Jaqueline y le dio una especie de jarabe a base de hierbas para su malestar. Al inicio se rehusaba a tomarlo, pero debía hacerlo o se darían cuenta de que mentía. Tenía un sabor desagradable, amargo, cuando me dio a probarlo me compadecí de ella, que tenia que beberlo a diario. 
Al caer la noche todo dentro del palacio estaba en total silencio, las chicas dormían en el salón, todas excepto yo. 
Estaba en el balcón mirando las lunas en el cielo estrellado, era un poco raro ver dos astros, pero doblemente hermoso. Un cuervo voló hasta posarse en la barandilla, por sus ojos pude darme de que se trataba del mismo de esta mañana. Tenía una nota en su pata. 
“Espero que todo esté bien.” 
Eso era lo que decía, me adentré en el salón para tomar una pluma y tinta para responder. Al escribir volví a colocar la nota en su lugar y el cuervo se fue volando camuflándose a la perfección con el entorno oscuro de la noche. 
El cuervo voló hasta el bosque y se posó en el brazo de Nycolai, quién sonrió aliviado al leer la respuesta. Escribió una nota nueva y la envío nuevamente. 
“Debes tener cuidado con Charioce. Recuerda, no debes quedarte a solas con él”. 
Sonreí. No lo tenía en frente pero podía imaginar su voz diciéndome eso, entonces escribí. 
“ Lo tengo en mente, no te preocupes. Tendré cuidado” 
Antes de darme cuenta, ambos nos habíamos estando enviando mensajes continuamente. Creo que un mensaje de texto sería más efectivo, el pobre cuervo comenzaba a darme lástima. Volar de un lado a otro solo para mantener nuestra conversación a distancia debía ser agotador. Pero por alguna razón, no quería dejarlo, hablar con Nycolai me hacía sentir tranquila. 
El cielo se fue aclarando con los primeros rayos de sol. Uno de ellos pegaba directamente a uno de los ojos de Miles quien despertó con molestia. 
Miró la fogata apagada en el medio y hecho un vistazo a su compañero que dormía profundamente. Se levantó y se alejó un poco en busca de un sitio para orinar.  
-Ya despierta tortolo-. Dijo mientras le daba ligeros golpes con el pie. 
-¿Qué te pasa?-. Se quejó. 
- Ya es de mañana, debemos movernos antes de que se den cuenta de nuestra presencia. 
-Pudiste esperar un poco más ¿No? 
-¿Acaso estás cansado? Debiste pensar en eso mientras enviabas notas a tu novia anoche. – Bromeó. 
-No seas ridículo, ella no es mi novia-. Con un poco de pesar se puso de pie. 
-Oh ¿Enserio? Por la forma en que sonreías podría apostar que lo es. 
-¿De que estás hablando? Yo…. No sonreía. 
-Claro lo que tú digas. Ahora andando-. Había tomado su ligera mochila y empezado a caminar. Nycolai hizo lo mismo, no sin antes distribuir la tierra para eliminar el rastro de la fogata  
Por otro lado, Ginger y Evan continuaban su camino hacia el valle para advertir de la llegada del escuadrón de Charioce. 
-Maldición.- Mencionó Ginger.- A este paso, nos tomará algunos  días llegar hasta el valle. 
-¿No hay otro camino?-. Preguntó Evan. 
-Si que lo hay, pero no es seguro. 
-Entonces usémoslo.- Dijo el chico. 
-¿Oíste lo que dije?  
-Claro que sí. Pero opino que llegar al valle es más importante que cualquier otra cosa ¿O no? 
-Mmh… supongo que tienes razón. Bien, sígueme. 
Desviaron un poco su camino para tomar un atajo. Atravesarían una serie de manantiales en medio del bosque. De ese modo, les tomaría un día y medio llegar, el tiempo era crucial. 
Se detuvieron un momento para permitir a los caballos tomar agua y rellenaron sus cantimploras. El agua cristalina y limpia de los manantiales daban un hermoso paisaje. 
-Espera-. Dijo Ginger.- ¿Escuchas eso? 
Evan guardó silencio y observó a su alrededor un poco asustado. Rápidamente Ginger creó una barrera alrededor de ellos para camuflarse. 
Un grupo de bandidos llegó a los manantiales, entre risas y vulgaridades bebían y se lavaban la cara.  
-¿Son ellos? -. Preguntó Evan entre susurros. La chica negó con la cabeza. 
-Son solo bandidos comunes. Sólo hay que esperar a que se vayan-.  El pelirrojo asintió, se mantuvieron ahí, esperando pero no se iban. Parecía que se quedarían ahí por un buen tiempo. La castaña parecía estar hartándose de tanto esperar, no podían desperdiciar más tiempo, debían seguir con su camino. 
Uno de los bandidos se acercó a la orilla del manantial para lavar sus manos y boca de los residuos de la reciente comida. Miró a la dirección en dónde los chicos estaban, la barrera de Ginger debía volverlos imperceptibles completamente pero ese sujeto miraba en esa dirección como si realmente pudiera verlos. 
-¿Eh?-. Musitó la castaña. 
-¿Qué pasa? 
-Ese tipo-. Dijo.- Tengo el presentimiento de que nos está viendo. 
-¿QUÉ? Es imposible, estamos dentro de la barrera. Tú barrera. 
-Ya lo sé pero… está mirando fijamente hacia aquí. 
Aquel hombre esbozó una sonrisa y acto seguido algo atacó la barrera por detrás de los chicos penetrándola.  Ésta se rompió como si fuese un cristal y ambos quedaron a la vista de todos.  
-Maldición-. Gruñó Evan entre dientes. Un hombre con una daga había roto la barrera, su arma estaba envuelta por un aura de color amarillo y sus ojos brillaban. Su sonrisa maliciosa. 
-¿Pero que tenemos aquí?-. El hombre que aparentemente podía verlos se puso de pie y se acercó a ellos.- Esa ropa… Son del clan de la sombra ¿No es así? 
Ninguno dijo nada, solo observaban como lentamente eran rodeados por los bandidos. 
-¡Esto si que es una sorpresa!-. Exclamó él mismo sujeto acercándose cada vez más a Ginger.- Me pregunto cuánto pagará el rey por ustedes. 
Acercó su mano para tocar la mejilla de la chica pero Evan lo detuvo sujetándolo de la muñeca.  
-No…. No la toques-. Tartamudeo y su brazo temblaba, su frente sudaba pero su agarre tenía fuerza. Aquel hombre solo soltó una carcajada continuada con las risas de sus seguidores. Entonces golpeó a Evan en el estómago, con tanta fuerza que hizo que vomitara una cantidad considerable de saliva.  
-¡Evan! -. Gritó la chica y se acercó a él. El pelirrojo se apoyó en sus rodillas con los brazos rodeando su abdomen tratando de recuperar el aire. 
-¿Quién te crees que eres?-. Dijo aquel hombre.- Un solo golpe fue suficiente para derribarte, ni siquiera el rey querrá comprarte. Eres un completo inútil. 
-Cállate-. Exclamó Ginger con enojo. Su mirada furiosa. Al bandido no pareció gustarle la mirada de la chica por qué de pronto unos sujetos la tomaron de los brazos y la inmovilizaron como una prisionera. Evan continuó recibiendo golpes, sin que Ginger pudiera hacer algo. 
-¿Acaso no lo dije? Eres un debilucho bueno para nada-. El chico estaba en el suelo, inmóvil, cubierto de tierra y sangre debido a los golpes y patadas que había recibido. El bandido se volteó de nuevo hacia Ginger que hacía todo lo posible por retener sus lágrimas. El ceño fruncido.  
Planeaba tocarla pero una mano en su hombro lo detuvo. Evan se había levantado. 
-Si… sé que soy débil…-. Dijo entre jadeos.- Pero también soy muy necio. 
Un golpe bien merecido a la cara de su contrario, lo hizo retroceder y el pelirrojo sacudió su mano e hizo una mueca de dolor. El hombre limpió su quijada y contraatacó con una patada devolviendo al chico al suelo, pero éste seguía levantándose. Lanzaba vagos puñetazos con torpeza, por más que lo golpeaban nuevamente continuaba poniéndose de pie. 
-¡Ya basta!-. Decía Ginger.- Ya no te levantes.  
Sus súplicas eran inútiles, pues el chico estaba decidido a pelear, aunque no estaba resultando como quería. El bandido empezaba a fastidiarse. 
-Admito que eres resistente, pero ya me cansaste-. Extendió su mano y uno de sus secuaces le brindó una filosa daga. Planeaba matarlo. 
Ginger estaba sorprendida por la determinación de su compañero, su vida corría riesgo y ella no podía quedarse atrás. Logró zafarse del agarre de sus captores y con sus movimientos ágiles y rápidos fue eliminado uno por uno. Uno de ellos le hizo un corte en el brazo pero con una poderosa patada logró dejarlo inconsciente. 
Miraba a su alrededor esperando a que ninguno de los bandidos se levantara pero no se percató del que se encontraba detrás de ella y que se acercaba lenta y maliciosamente. 
Iba a tomarla del cuello pero un objeto punzo cortante se clavó en su espalda. Evan lo había apuñalado. La castaña lo miró pasmada y rápidamente se fue hacia él. 
-Evan. ¿Pero qué? ¿Te encuentras bien? 
- Si, adolorido pero estoy bien-. El ojo derecho semi cerrado por la hinchazón, la mejilla inflamada y una leve sonrisa.  
-Acabas de apuñalar a una persona-. Dijo la chica observando la leve cortada en una de sus manos.  
-Y a pesar de eso, me siento tranquilo. ¿Eso es raro? No pensé en nada más ya que iba a lastimarte-. La chica sonrió y lo abrazó delicadamente, ya que estaba herido. 
-Si, gracias por salvarme Evan-. Le aplicó los primeros auxilios para poder continuar su camino al valle.  Aunque está vez ella insistía en que se quedarán en los manantiales para su recuperación, era el chico quien se determinaba a seguir. Sabía lo importante que era para Ginger llegar a su destino. La vida de su familia corría riesgo.  
Por otra parte, Jaqueline y yo nos volvíamos cada vez más unidas. A pesar de tener personalidades diferentes encontramos una que otra cosa que teníamos en común. Como el gusto por los cantantes Halsey y The Weeknd, amábamos a Bruno Mars, entre otras coincidencias.  
El lacayo del rey llegó repentinamente, Charioce quería verme, tragué saliva y me dispuse a asistir. Mis pasos eran cada vez más cortos conforme avanzaba por los largos pasillos del castillo. No quería continuar avanzando. 
Llegamos al salón principal, el rey estaba sentado en su trono con una mirada sería, casi amenazante. Intenté tragar saliva nuevamente, pero mi garganta estaba seca. Me acerqué un poco e hice una reverencia. 
-Tu-. Dijo finalmente. Su voz autoritaria.- La noche en que te llamé, no recuerdo haberte dado el permiso para irte. 
-Yo… -. Titube.- Mil disculpas majestad, pero estaba durmiendo tan apaciblemente que no quise molestarlo más. Preferí dejarlo descansar. 
-Algo importante desapareció de mi alcoba esa noche. ¿Sabes algo al respecto?-. Su mirada penetraba mis pupilas y yo sentía que me volvía pequeña ante esa intensidad. El sudor corría por mi frente y los vellos de la nuca se me erizaron. Tenía miedo. 
-Lo siento majestad, pero no sé de qué me habla-. Incliné mi cabeza para responder, no quería que viera el terror en mis ojos. 
-En cuanto usted cayó dormido, yo abandoné la habitación inmediatamente-. Podía sentir su mirada, no creo que eso fuese a convencerlo. Empezaba a sospechar que yo fuera una espía del clan de la sombra, así que ordenó a sus hombres que rasgaran mis ropas en ese momento.  
Estaba de rodillas, en medio del salón cubriendo mi cuerpo desnudo con los retazos de lo que segundos antes era un bello vestido. Nunca antes me habían humillado de esta manera, me mordí el labio con fuerza causando que sangrara un poco. Retenía las lágrimas para que no salieran. Estaba furiosa. 
Jaqueline comenzaba a preocuparse, ya era de noche y yo no había regresado. Se quedó despierta hasta tarde tratando de no imaginar lo peor que me hubiera pasado. 
El cuervo hizo su aparición en el balcón durante la madrugada. Rápidamente Jaqueline escribió una nota con las noticias, ni siquiera se tomó la libertad de leer lo que los chicos habían enviado, intercambió los mensajes de inmediato. 
Nycolai dejó caer el pedazo de papel completamente atónito después de leerlo. El texto: 
“Camile fue convocada por el rey está mañana y desde entonces no la he vuelto a ver. Tengo un mal presentimiento, creo que algo malo le pasó”. 
Una brisa nocturna se llevó el mensaje consigo. Hubo silencio. Preocupado, tomó rumbo al castillo pero Miles lo detuvo. 
-Espera. ¿Qué crees que haces? 
-¿Acaso no es obvio? Voy a sacarla de ahí.  
-¿Así nada más? Entiendo tu preocupación pero no puedes ir así, es lo mismo que caminar hacia tu muerte. Necesitamos un plan. 
-¿Qué es lo que sugieres entonces?  
-Descuida. Déjamelo a mí. 
 




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