Cuando el destino llama

Capítulo 16

Después de dos días de camino Ginger y Evan llegaron hasta la cascada. 
-La barrera… -.Dijo la chica.- Ya no está.  


Preocupados cruzaron el puente y se adentraron en la cueva. Al salir del otro lado quedaron estupefactos. Todas las casas habían sido quemadas y el terreno destruido. 


Se encaminaron para examinar, Ginger no lo podía creer. ¿Su familia había encontrado a la muerte?  
Nada más que escombros y cenizas era lo que había. Pero ningún cuerpo. 
-No hay nadie-. Mencionó Evan. 
-Si-. Afirmó la chica un poco aliviada.- Debieron escapar a tiempo, pero… ¿A dónde? 


Continuaron buscando con la esperanza de encontrar alguna pista que los llevará hasta ellos. Fueron a su casa, que había sido consumida por el fuego casi por completo. 


Las maderas y escombros estaban fríos, lo que daba a entender que los guardias del rey habían pasado desde el día anterior. Un rugido interrumpió el silencio. 
-Valkya-. Mencionó la chica al ver al grifo que lentamente descendía del cielo. Sus enormes y emplumadas alas se movían con delicadeza mientras aterrizaba, haciendo que el polvo y las cenizas se levantarán. 


-Si él está  aquí entonces… 
-Si.- Agregó Ginger.- Los demás deben estar bien y Valkya debe saber dónde. 

Sonrió de oreja a oreja mientras acariciaba a la criatura. Evan también se sentía esperanzado. 
-Pero hay un problema-. Comentó desanimada. 
-¿Cuál? 
-Valkya es el familiar de Nycolai. Sólo lo obedece a él. 
-Pero tú eres su hermana. ¿Eso no cuenta? 
-Me temo que no. Una vez tratamos de hacer que me escuchara pero no funcionó  
-¿Entonces no nos llevará con el resto? -. La chica negó con la cabeza-. Esto no puede ser. ¿Y ahora que hacemos? 
-Primero debemos avisar a mi hermano lo que sucedió aquí.  
-¿Y cómo haremos eso?-. La castaña colocó su mano en su barbilla pensativa. Miró a su alrededor.  
-Sígueme-. Dijo, y el pelirrojo la obedeció. Caminaron hasta un lugar que anteriormente era una casa.  
-Ayúdame a levantar esto.- Quitaron pedazos de madera quemada y escombros. 
-¿Qué es esto?-. Preguntó el chico al ver lo que yacía debajo de los escombros. Una especie de estatuilla con forma humanoide y pequeños cuernos sobre la cabeza. Una nariz larga y puntiaguda y un atuendo similar a una túnica. 
-Esto es un zahorí. 
-¿Zahorí?-.Repitió confundido. 
-Un duende sirviente. Si lo despertamos podemos enviarlo como mensajero. 
-Eso suena genial.  Y… ¿Cómo hacemos eso?  
-Solo necesita un poco de sangre-. La chica se hizo una ligera cortada en la palma de su mano y posteriormente la colocó en el pecho de la estatuilla. 

Los ojos del duendecillo empezaron a brillar y parpadear, su cuerpo lentamente fue volviéndose real hasta poder moverse por completo. Evan estaba encantado. 
La chica soltó una risita traviesa y el zahorí subió por su brazo para posarse en su hombro. 
-Los zahorí son un poco traviesos pero también son muy fieles a quienes los despiertan. 


-Es fantástico-. Dijo Evan extasiado.- Nunca había escuchado acerca de los zahorí. Son muy interesantes. 


La chica sonrió y le dio la orden al duendecillo para entregar un mensaje a Nycolai. Debían encontrarse en la región de Minra en tres días.  
-Ahora… -Comenzó a decir pero ahogó una carcajada al ver al pelirrojo. Sus ojos brillaban, estaba maravillado. Él reaccionó al verla reírse. 
-¿Qué pasa?  
-Nada, es solo…. Que en ocasiones eres como un niño. -El chico se sonrojó y desvió la mirada avergonzado. 


Era cierto, Evan se emocionaba mucho con las cosas mágicas y fantásticas, el hecho de que pudiera verlas, escucharlas y tocarlas eran toda una azaña. 
-Debemos irnos también.-Interrumpió Ginger, el chico asintió y se dispusieron a seguir su camino hasta su nuevo destino. La región de fuego. Minra. 


Habían pasado dos días desde que Jaqueline no sabía nada de mí después de haber sido convocada por el rey. Por más que preguntara a los guardias o a la comadrona sobre mi paradero no tenía ninguna respuesta. Nadie sabía nada de mí. 
Tampoco había tenido tiempo suficiente como para buscarme por su cuenta, ya que al día siguiente se celebraría un baile por el cumpleaños del rey y todas las concubinas estaban preparando un baile sorpresa para su majestad. Ensayaban casi todo el día. 


Esa tarde Danielle logró saltarse el ensayo y se escabulló al salón donde dormían. Husmeaba en todos los cajones y compartimentos  en busca de alguna pista para hundirnos a Jaqueline y a mí. Ya que tampoco sabía que me había pasado.  


-Nada.- Masculló, no había encontrado nada en los cajones. Se aproximó a nuestras camas y analizó las cobijas y almohadas, en la mía no encontró pista alguna pero en la cama de Jaqueline estaban escondidos los mensajes que Miles y Nycolai habían enviando las noches pasadas.  
-Bingo.- Sonrió maliciosamente. 
-¿Qué estás haciendo?-. La voz de Jaqueline la sorprendió. Se aferró a los pequeños trozos de papel que tenía en la mano. 
-Lo sabía.-Dijo.- Sabia que ustedes eran  muy sospechosas, desde que llegaron aquí se susurraban un montón de cosas. Resulta que son espías del clan de las sombras. 


La señaló, la rubia abrió sus ojos pasmada ante la acusación pero rápidamente se reincorporo. 
-Ya entiendo, así que tu pasatiempo favorito es el de husmear en las pertenencias de los demás.  
-No trates de cambiar el tema, está es la pista que necesitaba para hundirlas. 
-¿Pista? ¿Qué pista? 
-Estos mensajes, han estado pasando información al clan de la sombra ¿no es así? 
-No se de qué hablas-. Se encogió de hombros.- Esos son mensajes amistosos únicamente. Ninguno de ellos estipula que sean del clan de la sombra. 
-¿A no? ¿Y que me dices de este?-. Le mostró a la rubia el mensaje que Nycolai había enviado hace unas noches, dónde me advertía que no me quedara a solas con el rey.  
-Eso no prueba nada. Puede ser cualquier pretendiente que no quiere que su amada este con otro hombre. Es totalmente normal. 
 




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