Cuando el marcador miente

1

Semanas antes del torneo.

La pelota pasó larga.

No por mucho, pero lo suficiente para hacer un fuera.

Me quede mirando la línea como si con la mente pudiera exigirle que se moviera centímetros atrás para salvar el punto.

Por supuesto que no lo hizo.

—Otra vez.

La voz de Ian llegó desde el otro extremo de la cancha.

Otra vez.

Otra vez.

Estas últimas semanas se había convertido en mis dos palabras más odiadas.

Saco una nueva pelota del canasto. El giro entre los dedos, sintiendo su textura, intentando concentrarme en algo que no sea los últimos diez saques fuera que hecho.

Antes no fallaba este tipo de tiros.

No en entrenamiento, no sin presión, y en definitiva nunca más de una vez.

—Te estás adelantado —reprocha—. Hazel, estas forzando demasiado la muñeca.

Aprieto la mandíbula.

Ya lo sé.

Lo ha dicho muchas de veces.

Demasiadas.

Lanzo la pelota.

Golpeo.

Esta vez entra, pero no sienta bien. Ian no llega a contestarla.

Fue un tiro sin estrategia que bien pudo haber sido salvado, pero su desgane fue mayor. Todo últimamente pareciera tener el mismo letargo.

Nuestra química pareciera haberse perdido junto a los puntos en fuera.

No es la misma.

No como antes.

………………O

Cinco años atrás.

—Más alto —me dice, riéndose mientras fallo una vez más—. Si no la lanzas bien, nunca vas a acertar.

—Cállate —le respondo, aunque estoy sonriendo—. Me desconcentras.

—¿Ha sí? —responde, acercándose.

Toma mi muñeca.

Acomoda el ángulo.

—Yo jamás querría desconcentrar a mi promesa en tenis.

Lanza la pelota e impulsa mi golpe con la raqueta.

Perfecto.

Un tiro limpio.

Lo miro sorprendida.

—¿Ves? —dice, sonriendo—. Solo confía en mí.

Y lo hago

Siempre lo he hecho.

………………O

La pelota golpea la red.

El sonido me devuelve.

Bajo la raqueta lentamente, acercándome hacia el centro para recogerla.

—Deberíamos parar —dice Ian—. Estas cansada.

Alzo la vista.

Y por un segundo, algo no encaja. No en lo que dice, sino en como lo hace.

Como si ya no estuviera hablando conmigo.

—¿Sucede algo? —pregunto acercándome a él.

Una risa de frustración resuena por toda la cancha.

—¿Si a mí me sucede algo? —pregunta casi ofendido—. ¿Qué te sucede a ti? Vamos días con lo mismo. No tengo tiempo para perderlo en juegos de niños, quiero una competencia de verdad, Hazel.

Me quedo sorprendida frente a sus palabras. Ian jamás me había hablado así.

—Solo es una mala racha. Cálmate —respondo, viendo como empieza a meter todo a su mochila—. Quizá necesito tiempo fuera de la cancha. Tampoco es como si me imaginaba que todo el tiempo contigo nos lo pasaríamos jugando tenis. Te recuerdo que somos novios.

Ha terminado de empacar su mochila y ahora a conectado su mirada con la mía.

—Tal vez es eso lo que necesitamos —responde, exhalando—. Hay que darnos un tiempo.

Sus palabras caen como agua fría.

No sé si he escuchado bien o todo ha sido una mala jugada de mi mente.

Pero todo queda claro cuando él, sin esperar respuesta, sale de la cancha, dejándome con un sin fin de sentimientos en la garganta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.