—Es insoportable —dije, dejando caer la cabeza sobre el escritorio.
Sachi soltó una risita.
—¿De qué te ríes?
—Es curioso —respondió, encogiéndose de hombros—. Siempre pensé que tú y él se parecían demasiado. Quería presentártelo… y ahora que por fin lo conoces, lo odias.
Negué, cerrando los ojos un segundo.
Sachi volvió a soltar otra risita.
Su diversión para mi era un dolor de cabeza.
—No nos parecemos en nada.
—Claro —murmuró, divertida—. Por eso discuten como si se conocieran de toda la vida.
Le lancé una mirada, pero no respondí.
Miré la hora sobre mi reloj.
Faltaban cinco para las diez.
Tarde.
—Bueno, tengo que irme —dije, recogiendo mis cosas.
—¿Seguirás entrenando?
Asentí.
—Todavía no estoy segura de presentarme en el torneo… pero por ahora no puedo faltar a las practicas.
Sachi me observó con un poco más de atención esta vez.
—Vas a ir —dijo, segura.
No respondí.
—De acuerdo —añadió al final—. Suerte y te marco más tarde ¿sí?
—Sí.
Volví a asentir.
Me despedí de ella y salí a paso rápido hasta el campo de tenis.
Con seguridad y ya todos estaban ahí.
El aire paso frio por mi rostro, era un día nublado, de esos donde parecía que en cualquier momento iba a llover.
Ni bien cruce la reja.
—Dobles —anunció, el entrenador haciendo girar una pelota en su mano—. Necesito ver como se mueven el equipo.
Sentí el golpe antes de que siquiera pudiera instalarme bien en la cancha.
—Ian con Silene.
Claro.
—Frente a Hazel con Archie.
Levanté la mirada por puro reflejo.
Archie ya estaba al otro lado de la cancha, girando la raqueta como si le diera exactamente igual.
A mí no.
Para nada.
Caminé hasta mi posición sintiendo en cosquilleo incomodo en el pecho, ese que no se va, aunque respires hondo.
—No me estorbes —murmuró Archie cuando pasé a su lado.
Rodé los ojos.
—Relájate. No eres tan importante.
No recibí respuesta. Solo se ubicó en su lugar.
El saque lo inició Ian.
El mismo movimiento de siempre.
Ligero en la muñeca. Preciso, seguro.
La pelota fue contestada por Archie.
Silene respondió con una voleada limpia.
Perfecta.
Demasiado.
—Bien —exclamó Ian, acercándose lo suficiente para chocar su mano con la de ella.
Mi estomago se tensó.
Ese “bien” lo reconocería en cualquier parte.
—¿Vas a quedarte mirando o vas a jugar?
La voz de Archie me sacó de golpe.
Fruncí el ceño.
—Estoy jugando.
—Pues no lo parece.
La siguiente pelota vino hacia mí.
Llegué tarde.
Golpe desviado.
Punto para ellos.
—Grandioso —murmuré.
—Si no vas a moverte, dímelo y pediré individuales —soltó Archie, seco.
Lo miré, molesta.
—¿Siempre eres así de irritante?
—Solo cuando mi compañera decide no presentarse mentalmente.
Antes de que pudiera responder, el siguiente punto ya estaba en cancha.
Esta vez me moví.
Tarde, pero lo logré.
Intercepté la pelota y la devolví con más fuerza de la necesaria.
Ian la alcanzó sin problemas.
Claro que sí.
—Esoo —dijo, esta vez Silene, colocándose detrás de él para indicarle algo sobre la postura—. Más firme aquí.
Por supuesto que de ella sí recibía recomendaciones.
Su mano paseó por todo su brazo mientras me miraba de reojo.
Mi agarre se tensó.
La siguiente jugada fue rápida.
Silene ejecutó un revés.
Punto.
—Bien hecho —añadió Ian, con una media sonrisa.
Respiré profundo.
Demasiado profundo.
—Concéntrate.