Cuando el marcador miente

13

Empujé la puerta del salón.

Pero no entré.

Mi mano siguió sobre el pomo mientras mi cabeza volvía, otra vez, al mismo lugar.

Mi mente seguía divagando entre la cancha de tenis y un chat.

En tres puntos que aparecían y desaparecían.

En una forma de hablar demasiado… específica.

Arthur.

MP.

No podía ser coincidencia.

O sí.

Exhalé despacio.

Estaba sobrepensando demasiado.

—¿Vas a pasar o planeas quedarte obstruyendo la entrada?

La voz detrás de mí me hizo girar.

Archie.

Parpadeé apenas.

Porque… ¿cómo había llegado después?

Él se había ido antes de las canchas.

Y aun así ahí estaba, de pie frente a mí, con la raqueta colgada al hombro y ropa distinta a la de hace un rato.

Nada demasiado elaborado, solo… limpio, recién cambiado.

El perfume suave terminó de confirmarlo.

Fruncí apenas el ceño, confundida por un segundo demasiado específico para admitirlo.

Archie arqueó una ceja.

—¿Terminaste de analizarme o ya puedo entrar?

Rodé los ojos y me hice a un lado.

—Qué amable eres.

—Intento dar el ejemplo —respondió, pasando por mi costado y entró al salón.

Lo seguí con la mirada por pura inercia.

Y entonces me detuve.

Espera.

Archie avanzó hasta la fila donde normalmente me sentaba y tomó asiento justo al lado.

Parpadeé.

Mi asiento habitual.

Mi fila habitual.

Mi salón habitual.

¿Qué…?

Caminé lentamente hasta mi lugar, intentando hacer memoria mientras dejaba el bolso sobre la mesa.

—¿Desde cuándo llevas este curso aquí?

Archie abrió su cuaderno con tranquilidad.

—Desde siempre.

Fruncí más el ceño.

—Nunca te había visto.

Esta vez sí levantó la mirada y exhaló, casi resignado.

—Será porque es la primera vez que prestas atención.

Abrí la boca para responder, pero mi mente hizo una pausa incómoda, porque era verdad.

En esa clase nunca estaba con Sachi, ni tampoco con Ian.

Entraba, me sentaba y esperaba a que terminara para salir a encontrarme con él.

Hice una pequeña mueca.

—Tiene sentido… un poquito perdida sí estaba.

Archie apoyó el brazo sobre la mesa.

—Demasiado, diría yo.

Le lancé una mirada.

—¿Siempre eres así de insufrible en clases?

—Solo en las que comparto contigo.

—Qué honor —dije elevando las cejas.

—No lo valores tanto.

Y ahí estaba otra vez.

Ese tono más ligero.

Más fácil.

Como si discutir conmigo ya se hubiera vuelto costumbre.

Abrí el cuaderno mientras otra duda cruzaba mi cabeza.

—Espera… ¿qué otros cursos llevamos juntos?

Archie soltó una risa baja.

—Eso es un poco triste.

—Archie.

—Dos más.

Lo miré con sorpresa genuina.

—¿Dos?

—Y pensar que compartimos universidad, ¿verdad? —preguntó, imitando mi sorpresa.

—No exageres.

—Hazel, una vez me pediste un lapicero en Estadística.

Parpadeé.

—…No.

—Sí.

—Eso jamás pasó.

—Me lo devolviste con una tapa de otro color.

Me quedé callada unos segundos.

—Ok, eso sí suena a algo que haría.

La sonrisa que apareció en su cara fue pequeña, pero real, y honestamente… creo que era la primera vez que lo veía así de cerca.

—¿Qué carrera llevas? —pregunté.

—Administración.

Claro.

Eso tenía demasiado sentido.

—Vaya —murmuré apoyándome en la silla—. Un futuro gerente general jugando tenis.

—Y una chica distraída juzgando mis decisiones profesionales.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.