Cuando el marcador miente

18

—Hazel…

—Hazel…

Mi mirada seguía perdida en la pantalla, aunque hacía varios segundos que había dejado de leer lo que tenía delante. Mi cabeza estaba demasiado ocupada maquinando una idea; o, mejor dicho, persiguiéndola, porque tenía esa extraña sensación de que estaba pasando algo por alto.

—¡Hazel!

Parpadeé

—¿Mmm?

La voz de Sachi finalmente consiguió atravesar mis pensamientos.

Levanté la cabeza y la miré, haciendo el intento de recordar que fue lo ultimo de lo que me estaba hablando.

—Perdón —murmuré—. ¿Qué decías?

Sachi estaba inclinada hacia mí, con una ceja levantada.

—¿Me estás escuchando?

Aparté el teléfono demasiado rápido.

—Sí.

—Entonces… ¿Qué estaba diciendo?

Abrí la boca.

La cerré.

Sachi entrecerró los ojos.

—Ajá.

—Sí te estaba escuchando.

—Claro.

Se acomodó mejor contra la cabecera y cruzó los brazos.

—Entonces dime qué acabo de decir.

La miré.

—Que...

Piensa Hazel, piensa.

Mi mente estaba completamente en blanco.

Improvisé.

—Que últimamente está haciendo bastante frío por las noches.

El silencio que siguió fue suficiente para saber que había elegido la peor respuesta posible.

Sachi tomó el almohadón que tenía detrás y me lo lanzó directamente a la cara.

—¡Hazel!

Me eché a reír mientras apartaba el almohadón.

—¡¿Qué?!

—¡Llevo cinco minutos hablándote!

—Lo siento.

—No me estabas escuchando.

—Un poco.

—¡Eso no existe!

Volvió a arrebatarme el pote de helado y lo acomodó sobre sus piernas.

—Y ahora quiero saber con quién hablabas.

—Con nadie.

—Otra vez con nadie.

Me señaló con la cuchara.

—Últimamente ese nadie parece tener bastante tiempo para ti.

—Sachi...

—No te preocupes.

Sonrió.

—Ya averiguaré quién es.

No respondí.

Por supuesto que no pensaba contarle sobre MP.

No todavía.

Ni siquiera yo sabía exactamente qué era aquello que teníamos. Mucho menos cómo explicarle que llevaba semanas recibiendo mensajes de alguien que no conocía y que, aun así, se había convertido en una de las pocas personas cuya opinión sobre mi juego realmente esperaba.

Sachi me observó durante un momento más, pero finalmente pareció rendirse.

—Está bien.

Suspiró y se dejó caer sobre la almohada.

—Pero cambiando de tema...

La miré con cautela.

—¿Esta vez sí me vas a escuchar?

—Prometido —asentí, enderezando la postura para prestarle atención.

—Es sobre Sergy.

Su expresión cambió.

Ya no parecía estar bromeando.

—Se acerca su cumpleaños.

—¿Oh?

Asintió.

—En dos semanas.

Jugó un momento con la cuchara, girándola entre los dedos.

—Y creo que ya me duró suficiente el enojo.

La miré.

Había algo distinto en su voz.

—¿Quieres volver con él?

Sachi bajó la mirada.

—Sí.

La respuesta fue tan sencilla que sonreí.

—Entonces díselo.

—No es tan fácil.

—¿Por qué?

Suspiró.

—Porque siempre ha sido él quien vuelve.

Levantó la mirada hacia mí.

—Siempre ha sido Sergy el que termina buscándome, el que insiste, el que intenta arreglar las cosas —hizo una pequeña pausa—. Esta vez, cuando hablamos, me dijo que no iba a hacerlo.

—¿No iba a intentar recuperarte?

—No.

Sonrió con cierta tristeza.

—Me dijo que esta vez quería que fuera yo quien estuviera segura —se encogió ligeramente de hombros—. Que si de verdad quería volver, tenía que ser porque yo lo había decidido. No porque él hubiera vuelto a convencerme.




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