Cuando el silencio termina

CAPÍTULO 7: EL ECO DE LA VIEJA PANTALLA

El tiempo pareció ralentizarse. El hombre que había preguntado por la composición me miraba con una expectativa genuina. Katherine, a mi lado, me cedió el espacio.

-Fui yo -dije, tratando de sonar firme-. Julián.
El hombre extendió la mano con una sonrisa profesional.

-Pablo. Soy curador de una galería cercana. No suelo ver composiciones tan precisas en murales de estilo libre. Tienes una sensibilidad técnica muy poco común. ¿Dónde aprendiste a equilibrar el flujo visual de esa manera?

Me dispuse a responder, pero, de repente, una ráfaga de imágenes me golpeó. No era el presente lo que veía. En mi mente, el centro cultural se transformó en una sala de juntas fría y aséptica de mi antigua ciudad. Escuché las voces de mis antiguos críticos, los que me decían que mi "estilo" era demasiado rígido, que mi obsesión con la estructura era una forma de encubrir mi falta de creatividad.

El pánico, ese viejo inquilino que creía haber desterrado, regresó con fuerza. ¿Y si Pablo estaba equivocado? ¿Y si, a medida que me conociera más, descubriera que esa "sensibilidad técnica" era solo una fachada para un diseñador sin alma, como me habían repetido tantas veces?

-Yo... -balbuceé, sintiendo un sudor frío en la nuca-. Solo es un pasatiempo. No es nada profesional.
La mirada de Pablo se ensombreció ligeramente, confundido por mi cambio de actitud.

-Entiendo. Bueno, si alguna vez quieres mostrar más... -me entregó una tarjeta antes de retirarse, claramente incómodo con mi cortante reacción.

Me quedé allí, paralizado. Katherine me agarró del brazo, guiándome lejos del mural hacia un rincón más oscuro del salón.

-¿Qué demonios ha sido eso, Julián? -preguntó ella, con voz seria-. Te acabas de cerrar en banda cuando tenías a alguien importante frente a ti.

-No lo entiendes, Katherine -le dije, sintiendo cómo mis manos temblaban-. Esos fantasmas no se van solo porque cambies de código postal. Siguen ahí. Me dicen que esto es una mentira, que en cuanto intente hacer algo real, volveré a fracasar. ¿Qué pasa si Pablo se entera de quién fui y me dice que ellos tenían razón?

Katherine me miró fijamente. No me dio una palmada en la espalda ni me dijo que todo estaba bien. Me miró como quien observa una herida abierta.

-Julián, el "formateo" no funciona si sigues guardando los archivos corruptos en una carpeta oculta. Pablo no conoce a tu pasado, no conoce tus fracasos ni a la gente que te hundió. Te estaba viendo a ti, aquí, ahora. El problema no es lo que ellos digan, es que todavía te crees sus mentiras.

Me quedé mirando la tarjeta de Pablo en mi mano. Era un pedazo de cartón pequeño, pero pesaba más que todo el equipo que dejé atrás al mudarme. Me di cuenta de que, aunque había huido de la ciudad, aún no había huido de mi propio juicio. El silencio que ahora terminaba no era el de mi soledad, sino el de mi propia voz interior, que todavía me gritaba que no era suficiente.

Había dado el paso hacia la luz, pero mis pies todavía querían correr hacia la sombra.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.