El reloj marcaba las 7:14 de la mañana, la alarma sonaba desde hacía 10 minutos, pero Valeria no se había movido de su escritorio. Revisaba el mismo informe por tercera vez, tenía una taza de café frío al lado. Se levantó cuando escuchó un portazo fuerte.
Bajó las escaleras con el ceño fruncido. Al llegar al comedor, encontró a sus hijos desayunando. Con excepción de Samuel, quién aún no bajaba. Notó a Luciana, la menor de sus hijas, vestida de forma atrevida. Llevaba una falda corta y un top demasiado sugerente
—¿Que llevas puesto? —preguntó Valeria sin necesidad de levantar la voz
—Ropa mami, la que siempre uso. Como nunca me ves
—Ve a cambiarte ahora mismo
—No pienso hacerlo, es solo ropa
Valeria respiró profundo
—Luciana...no vas a salir así de esta casa
—Ay mami, por primera vez en semanas me hablas y es para molestar
El silencio fue inmediato. María Valeria, la mayor, que hasta ese momento observaba dejó caer su cuchara. Camila parpadeó y el pequeño Tomás bajó la vista
—¿Por qué solo dices cosas de mi ropa —Luciana siguió retando —no te veo diciendo nada de la ropa que llevan María o Camila
Valeria caminó hacía ella con calma peligrosa
—No metas a tus hermanas en esta rabieta, ellas si saben comportarse
—¿Por qué no? A ellas nunca tienes nada que decirles, bueno, si. Órdenes ¿Sabes que ? No voy a cambiarme, saldré de esta casa como quiera y tu deberías seguir metida en tus asuntos, estoy harta de tí
—Te prometo que no estás tan harta como yo, cada día te soporto menos ¡Cállate ya y ve a cambiarte!
Luciana se quedó paralizada con los ojos brillosos
—No veo la hora de irme de esta casa, ¡eres insoportable!
Valeria tembló de rabia, no tenía humor para lidiar con el episodio rebelde de Luciana. María Valeria se levantó y se interpuso entre ambas
—Luciana, ya por favor —le rogó
—¡No te metas! —gritaron las dos al tiempo
Tomás corrió a su cuarto y Camila, como siempre, pellizcó sus piernas y siguió muda
Valeria dió un paso atrás, sabía que debía detenerse
—Cambiate de ropa. Y no me hables por el resto del día
Se fue sin volver la vista
—————
María Valeria subió las escaleras con una bandeja en las manos, equilibrando el jugo, los huevos tibios y el pan tostado que ella misma preparó. Tocó la puerta con los nudillos
—¿Mami?
Silencio
—Te hice desayuno, solo.... quería que comieras algo
La puerta se abrió unos segundos después. Valeria estaba impecable, con el cabello recogido en una coleta firme y el maquillaje perfectamente delineado. Ni un rastro del temblor en su voz de hace unos minutos. Solo una frialdad meticulosa
—Gracias María, pero no tengo hambre
—Solo un poco... porfavor
—No. —repitió Valeria bajando la mirada a la bandeja —Deja eso en la cocina. Y dile a Camila que revise el uniforme de Tomás, hoy tiene educación física. Ah, y tú encargarte de hablar con el chófer. No quiero a nadie llegando tarde, ya tengo suficiente Luciana
—Mami...
—Y arreglen la sala, está hecho un desastre
María Valeria apretó los labios, pero entendió que no era prudente seguir insistiendo
—Si mami —diji agachando la cabeza
Valeria asintió y cerró la puerta sin agregar una palabra más, María bajó con la bandeja temblando un poco en las manos. La dejó en el mesón, tragándose el nudo en la garganta. Camila pasó a su lado notando su gesto
—¿Otra vez?
—Si, y ya dejó tareas
—Que raro —Camila giró los ojos —deberiamos tener un sueldo
María no respondió, solo respiró hondo y empezó a hacer llamadas, era su forma de ayudar; hacer que todo funcionara, aún cuando el corazón de su casa había olvidado como latir
Mientras tanto, Valeria se disponía a ir a su restaurante, por un buen rato condujo en silencio, apretaba el volante entre las manos como si pudiera controlar todo desde allí, incluso el caos de su casa. Las calles se deslizaban con parsimonia bajo el sol de la mañana, pero ella iba con el ceño fruncido y la mirada perdida
Encendió el ruido, pero el locutor hablaba demasiado, así que lo apagó. Bajó la ventana, pero el viento arruinó su peinado, así que la subió. El mundo estába lleno de detalles que la irritaban últimamente
El semáforo se puso en rojo, en medio del tráfico empezó a escuchar una melodía conocida, una que la llevaba a otro lugar, a otro momento, en un tiempo pasado...un tiempo feliz, cuando todo empezó
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Era una noche de gala, de esas llenas de gente que fingen sonrisas, con copas llenas en las manos y nombres importantes en las solapas
Ella iba de la mano de Mauricio, su entonces prometido, con quien todo parecía correcto.... pero jamás fue auténtico
—Quiero presentarte a alguien, es la dueña de la firma en la que acabo de invertir —le hablaba el con una gran sonrisa —es arquitecta, es súper joven para ser la dueña, pero luego supe que la heredó de su padre, que también era arquitecto, es muy linda y bastante interesante, y bastante rica, heredó de su familia materna una clínica oncológica
—Wow, parece alguien muy afortunada, que bueno será conocer–
Y entonces Elena pareció. Cabello suelto, sonrisa segura, un vestido negro que no necesitaba esfuerzo para ser elegante. Valeria había sentido, sin entenderlo del todo, que algo en su interior se reacomodaba. Que la silueta de aquella mujer no era nueva, si no recordaba de algún sueño
—Mucho gusto, Elena Ríos —dijo ella extendiendo la mano
Valeria apenas pudo responder
—Val.... Valeria Lozano
Y ya estába
Un cruce de miradas. Una tensión sutil, imperceptible para todos, menos para ellas, después de eso nada volvió a ser igual
Ni el compromiso...... ni su idea del futuro
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El semáforo cambió a verde, Valeria respiró profundo y siguió conduciendo