Cuando la Vida te vuelve a llamar

Capítulo 54 Cuando descubres que Dios siempre caminó contigo

Hay una verdad que muchas personas descubren demasiado tarde.

No porque Dios la haya escondido.

Sino porque el ruido del mundo les impidió escucharla.

Nunca caminaron solas.

Desde el primer latido de su existencia, una presencia invisible sostuvo cada uno de sus pasos.

Cuando eran niños y no comprendían el rumbo de la vida.

Cuando llegaron las primeras decepciones.

Cuando el miedo quiso apagar los sueños.

Cuando las lágrimas parecían no terminar nunca.

Cuando las fuerzas comenzaron a faltar.

Allí estaba Dios.

Silencioso.

Paciente.

Esperando el momento en que el corazón levantara nuevamente la mirada hacia Él.

Muchas veces creemos que Dios se aleja cuando sufrimos.

Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario.

En los momentos de mayor oscuridad suele acercarse con una ternura aún más profunda.

No siempre sentimos Su presencia.

Pero sentir y estar no significan lo mismo.

El sol continúa existiendo incluso cuando las nubes lo ocultan.

Así también el amor de Dios permanece, aunque nuestras emociones no logren percibirlo.

Existe un caminante que atraviesa un inmenso valle cubierto por la niebla.

Durante horas cree avanzar completamente solo.

No escucha ninguna voz.

No distingue ningún rostro.

Cuando finalmente alcanza la cima y la niebla desaparece, descubre algo sorprendente.

A pocos metros de distancia encuentra otras huellas.

Han permanecido junto a las suyas durante todo el recorrido.

Nunca estuvo solo.

Simplemente no podía verlo.

Así sucede también con nuestra historia.

Con frecuencia, solo al mirar hacia atrás comprendemos cuántas veces Dios nos sostuvo sin que llegáramos a advertirlo.

Hay heridas que hoy parecen incomprensibles.

Pero un día descubriremos que fueron el lugar donde el Señor comenzó a construir una fortaleza nueva.

Hay puertas que se cerraron y entonces pensamos que todo había terminado.

Con el paso del tiempo entendimos que detrás de aquella puerta cerrada existía un camino mucho mejor.

La Providencia casi nunca se comprende mientras está actuando.

Se comprende cuando el corazón aprende a contemplar la historia con los ojos de la fe.

Existe un reloj antiguo cuyo mecanismo permanece oculto.

Quien observa únicamente las agujas no imagina la precisión con que trabajan todas las piezas interiores.

Sin embargo, cada engranaje cumple exactamente su función.

Así obra Dios.

Hay acontecimientos que parecen aislados.

Encuentros inesperados.

Retrasos.

Cambios de rumbo.

Palabras escuchadas casi por casualidad.

Todo termina formando parte de un diseño mucho más grande que apenas comenzamos a descubrir.

Nada escapa a Su mirada amorosa.

Jesús jamás prometió un camino libre de cruces.

Prometió algo mucho más grande.

Que nunca cargaríamos la cruz solos.

Él mismo caminaría a nuestro lado.

No como un espectador.

Sino como el Buen Pastor que conoce el cansancio de cada oveja y jamás abandona a quien se pierde.

Existe una madre que acompaña a su pequeño hijo mientras aprende a caminar.

No lo sostiene continuamente.

En algunos momentos afloja suavemente la mano para que el niño fortalezca sus piernas.

Pero permanece muy cerca.

Si el pequeño cae, inmediatamente vuelve a levantarlo.

Así actúa también el Padre con nosotros.

Hay pruebas que permiten crecer.

Pero jamás deja de permanecer cerca.

Nunca confunde el amor con el abandono.

Muchas personas interpretan las dificultades como castigos.

Olvidan que, en numerosas ocasiones, son oportunidades para descubrir capacidades que nunca habrían desarrollado de otro modo.

La paciencia nace cuando aparece la espera.

La fortaleza se descubre durante la prueba.

La misericordia crece después de haber sido perdonados.

La esperanza brilla con mayor intensidad precisamente en medio de la oscuridad.

Existe un escultor que contempla una enorme piedra.

Donde todos ven una roca sin valor, él ya imagina una obra de arte.

Con cada golpe elimina únicamente aquello que impide revelar la belleza escondida.

También Dios contempla en nosotros una obra terminada mucho antes de que nosotros logremos verla.

Cada experiencia forma parte de ese trabajo paciente.

Nada ocurre porque sí.

Hay una vieja brújula guardada durante muchos años dentro de un cajón.

Cuando vuelve a recibir la luz del sol, señala inmediatamente el norte.

Nunca olvidó hacia dónde debía orientar el camino.

El alma humana también conserva una dirección profunda.

Fue creada para Dios.

Podemos alejarnos durante un tiempo.

Podemos distraernos.

Podemos cansarnos.

Pero el corazón jamás deja de buscar el Amor para el cual fue creado.

Y cuando finalmente regresa al Padre, experimenta una paz imposible de describir con palabras.

Existe un puente de piedra construido sobre un río caudaloso.

Miles de personas lo cruzan cada año.

La mayoría no piensa en quienes colocaron cada piedra.

Sin embargo, gracias a ese trabajo silencioso pueden llegar con seguridad al otro lado.

Así ha actuado Dios en nuestra historia.

Ha preparado encuentros.

Ha inspirado personas.

Ha abierto caminos.

Ha sostenido decisiones.

Ha protegido momentos que jamás llegaremos a conocer completamente.

Su amor ha estado trabajando mucho antes de que fuéramos conscientes de ello.

Por eso la gratitud transforma la manera de mirar la vida.

Cuando comenzamos a reconocer la presencia de Dios en el pasado, también aprendemos a confiar más serenamente en el futuro.

El miedo pierde fuerza.

La ansiedad disminuye.

La esperanza vuelve a florecer.

Porque comprendemos que Aquel que nos sostuvo ayer continuará haciéndolo mañana.




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