"Es al separarse cuando se siente y comprende la fuerza con que se ama". 'Crimen y castigo', de Fiódor Dostoyevski.
Navira, catorce años.
Mi hermana mayor vino de visita, y mamá se emocionó al enterarse. Aunque me agrada demasiado, los primeros días sentí que invadía mi espacio. Ese sentimiento desapareció con el tiempo. No la odio, no me desagrada, sé que la quiero, pero a veces siento que vivo bajo su sombra, bajo las expectativas que ella creó para mamá.
Mientras ella parece tranquila, yo peleo constantemente con mi cabeza. A pesar de querer concentrarme, mi mente no puede: no se calla, no se enfoca, a veces se nubla y no entiendo por qué. Ella no es yo, y yo no soy ella. Una diferencia abismal nos separa.
Probablemente también le pase algo parecido. No creo que me odie, ni mucho menos que le desagrade. Me quiere. Pero suele tener ese tono de reproche hacia mi vida, como si supiera por todo lo que he pasado.
Ambas, sin querer, anhelamos estar en el lugar de la otra, sin siquiera saber cómo vivimos.
Mi hermana no sabe lo mucho que nos parecemos, y yo no se lo diré. Porque ella es adulta; yo solo finjo ser una.
Quedan tan solo dos semanas para terminar el segundo año. Por alguna razón que desconozco, a pesar de ya no tener nada que hacer la escuela nos sigue obligando a asistir. Ya ni siquiera tomamos clases, porque todo está terminado; solo asistimos a talleres didácticos hechos por profesores. Kas, Belén y yo nos inscribimos a tres: cine, manicura y maquillaje.
En el primer día nos fuimos a maquillaje, el segundo a cine y por último a manicura.
Kas es la más emocionada en manicura. Yo llevé los pintauñas que tenía en casa, ella llevó aún más de lo que esperaba.
Ella comenzó a limar mis uñas. Yo solo observaba cómo prestaba atención a cada una de ellas, cuidando cada detalle. Ya ni siquiera sé si sonrío al verla, porque después de tanto tiempo riendo a su lado, mis mejillas terminaron por acostumbrarse. Pero estoy segura de que mientras la miro, estoy con una sonrisa.
Sonrío tanto como puedo.
Nunca se lo he dicho, pero inconscientemente, empecé a agregarla a mi futuro. De esas visiones fugaces donde ella está dibujando en el sillón mientras yo miro la televisión al otro lado del mismo. También, viene a mi mente algo más casual: preparando la comida mientras ella habla sin parar de las cosas que le gustan.
Son momentos sencillos, hasta cierto punto rutinarios, pero me alegran. Me alegra pensar en eso.
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Comencé el conteo de ladrillos por tercera vez, la voz de la coordinadora me interrumpe.
Mi hermana y yo nos pintamos el cabello, cosa que no creí algo malo hasta que me detuvieron en la entrada de la escuela. Me han tenido retenida desde la mañana. No le marcaron a mi mamá, no me prohibieron la entrada —eso hubiera sido hasta mejor—, solo me detuvieron y me dejaron sola en dirección.
Veo como comenzaron a hacer la práctica para honores, iba a ser el último de este ciclo, así que tenía que quedar perfecto de alguna manera.
Una vez eso acabó, la coordinadora se acercó a mí, regalándome una sonrisa. Yo le respondí con apenas una mueca.
—Ve a comer —dijo.
Asentí con la cabeza. Desde la dirección pude notar a Kas con Belén, sentadas en donde me sentaba hace un año, ese lugar cerca de la cooperativa y los baños. Me acerque a ellas, aunque estaba molesta por la violación a mis derechos, me prohibí tener una expresión de molestia. Belén apenas notó mi presencia se colocó sería, como si yo fuera su enemiga mortal. Mi intuición me gritó que algo estaba mal, pero decidí simplemente ignorarla y seguir mi camino hacia ellas. Kas se giró para verme, con su semblante tranquilo. Yo miré sus ojos, porqué sé que estos nunca mienten.
Su mirada me produce un cosquilleo extraño en el estómago, este crece más a medida que me acerco.
—¿Qué pasa? —pregunté, sin sentarme.
—Ya no quiere nada contigo —Belén contestó por Kas.
Yo la ignoré, mi mirada seguía en los ojos de Kas, leyéndolos como si fueran un libro. Estos confirman la declaración de Belén.
—¿Por qué?
Kas no respondió, noté como abría y cerraba la boca, pero no dijo nada, solo bajo la mirada.
Mi mente comienza a preguntarse qué fue lo que hice mal, en que falle o que me faltó dar. Kas sigue en su misma postura. Intenté tomarla del brazo, pero Belén se adelantó abrazándola.
—No la toques —me ordenó.
Belén y yo nos quedamos viendo, ella terminó bajando la mirada. El hecho de que un tercero se metiera en algo así me molesto. Regresé mi mirada a Kas, esperando a que ella hablara o dijera aunque sea un «vete», pero no pasó.
El hecho de que la chica que siempre está hablando justo ahora no diga nada me carcome la cabeza. Hoy más que nunca necesito su ruido. Quiero una razón lógica de porqué tomó esa decisión.
Casi por obra del destino, escuché la risa de Naomi cerca de donde estamos, así que alce la mirada buscando su larga cabellera. Me acerqué a ella tan rápido como pude, la tomé de la mano y la llevé a un lugar apartado.