Cuando lo miré a los ojos no podía entender qué era lo que sus ojos me decían, pero tenían un brillo diferente.
—Si voy a tu casa... ¿no me vas a faltar el respeto? —pregunté.
Joaquín soltó una carcajada.
Tomó mis manos entre las suyas y me respondió:
—Si quisiera faltarte el respeto, no estaría invitándote a mi casa, ¿no te parece?
Negué con la cabeza, avergonzada.
—No seas tan chapada a la antigua. Vamos, que tengo sueño y ni pienso hacerte compañía en una terminal teniendo un bonito departamento.
Me pidió el celular y buscó el contacto de Maby.
En segundos le había enviado un mensaje con todos sus datos.
—Por si todavía te quedan dudas. Ahora tu amiga sabe quién soy. Si te pasa algo, al primero que van a buscar es a mí.
No pude evitar reírme.
—Bueno... vamos.
Cuando acordamos, ya estábamos entrando en su departamento.
Lo primero que me sorprendió fue el orden.
Todo estaba impecable.
—¿Con quién vivís? —pregunté mientras observaba el lugar.
—Solo. Hasta hace unos meses tenía un compañero, pero la convivencia a veces es complicada. Un día vino y me dijo chau.
Se encogió de hombros.
—En parte lo agradecí. Soy demasiado estructurado. Cuando me cambian la rutina siento que mi mundo se cae.
Me invitó a pasar, me ofreció algo para tomar y me mostró cada rincón de la casa.
Cuando llegamos a su habitación, se detuvo en la puerta.
—Vos vas a dormir acá.
Lo miré sorprendida.
—¿Y vos?
—Yo en el living. No creas que voy a quedarme despierto esperándote. Estoy muerto de sueño.
La sinceridad con la que lo dijo me hizo sonreír.
La verdad era que después de todo lo que había pasado aquella noche, ya no me quedaban fuerzas para discutir.
—¿Tenés algo para prestarme?
Minutos después regresó con un suéter.
Lo tomé entre mis manos y le agradecí.
Él simplemente sonrió y salió de la habitación.
Me quedé sola.
Todavía no entendía cómo había terminado en la casa de un desconocido.
Ni cómo ese desconocido había conseguido que me sintiera más segura que la persona con la que había compartido los últimos cuatro años de mi vida.
Me puse el suéter y me acosté.
Cuando abracé la almohada, su perfume invadió mis sentidos.
Una sensación extraña recorrió mi cuerpo.
No sabía cómo explicarla.
No quería hacerlo.
El día ya había sido demasiado largo y doloroso como para seguir haciéndome preguntas.
Cerré los ojos.
Y, por primera vez en muchas horas, me permití descansar.
No sé en qué momento me quedé dormida.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 4 ❤️
Sofía decidió confiar en Joaquín... pero ¿habrá sido una buena idea? 🤔
💬 Quiero leer sus teorías:
❤️ ¿Team Joaquín?
🤔 ¿Creen que guarda algún secreto?
😒 ¿Todavía le darían una oportunidad a Nicolás?
📖 Los leo en los comentarios.
❤️ Si te gustó la historia, dejame tu Me Gusta.
📲 Seguime para no perderte el Capítulo 5.
🔔 Y compartí la novela con esa amiga que ama las historias románticas.