El aire de las sierras me ayudaría a poner mis ideas en orden.
Mientras más me acercaba a Carlos Paz, más fuerte se hacía el nudo que tenía en el estómago.
¿Qué les diría a mis padres?
¿Cómo explicaría algo que ni yo misma terminaba de entender?
Decidí enviarle un mensaje a mamá avisándole que en un rato llegaría a casa. Sería más fácil que aparecer de golpe en la puerta.
Busqué mi celular y descubrí que apenas tenía batería.
También tenía llamadas perdidas y mensajes por todos lados.
No hacía falta revisarlos para saber quién los había enviado.
Nicolás.
Sinceramente no necesitaba explicaciones.
Con lo que había visto, me alcanzaba.
Le escribí rápido a mamá y, mientras enviaba el mensaje, la pantalla se apagó.
Sin batería.
Esperé que al menos hubiera llegado.
Cuando menos lo pensé, el colectivo ya estaba entrando a Carlos Paz.
Diez minutos después me encontraba bajando en la terminal.
Respiré profundo.
Estaba en casa.
Crucé por la municipalidad y caminé hasta mi hogar.
Como tenía llave, entré directamente.
Casi le provoco un infarto a mi mamá cuando me vio aparecer por la puerta.
Nos abrazamos.
Y fue exactamente el abrazo que necesitaba.
No me preguntó nada.
No hizo cuestionamientos.
No buscó explicaciones.
Simplemente me abrazó.
Y en ese instante entendí que estaba en mi lugar seguro.
Cuando finalmente le conté lo ocurrido con Nicolás, volvió a abrazarme.
—Esta es tu casa, Sofi. Y las puertas siempre van a estar abiertas para vos.
Solo esas palabras bastaron para aliviar una parte de mi dolor.
Ni yo tenía claro todo lo que había pasado.
Había ocurrido demasiado rápido.
Pero ya estaba en casa.
Entre mis cosas.
Entre las personas que me querían.
Y decidí que no iba a dejar que una decepción definiera mi vida.
Esa tarde fui a caminar a una plaza a la que siempre acudía cuando necesitaba pensar.
Me senté bajo uno de los árboles y tomé una decisión.
Lloraría todo lo que necesitara llorar.
Pero solo ese día.
Porque al siguiente comenzaría de nuevo.
Como siempre me habían enseñado:
Está permitido caerse.
Pero es obligación levantarse.
Y yo iba a levantarme.
Todavía tenía un sueño por cumplir.
Me faltaban dos materias y la tesis para terminar Psicología.
Por primera vez en muchas horas sentí que volvía a tener un objetivo.
Cuando regresé a casa, mamá había preparado mi comida favorita.
Carne al horno mechada con ajo y perejil.
El simple aroma me hizo sonreír.
Aquella noche ordené mi habitación y puse mi celular a cargar.
Cuando volvió a encenderse, comenzaron a llegar mensajes sin parar.
Más de cien eran de Nicolás.
Tres de Maby.
Y el resto del grupo de las Locas Divinas.
Mi grupo de lectoras favoritas.
Solo ellas eran capaces de convertir cualquier problema en una anécdota divertida.
Mientras respondía algunos mensajes, apareció una conversación nueva.
Un número desconocido.
📱 +543516611408
Buenas noches, linda. ¿Llegaste bien?
Fruncí el ceño.
No reconocía el número.
Abrí el perfil.
No había foto.
Solo una caricatura.
Antes de que pudiera responder llegó otro mensaje.
📱 +543516611408
Linda, soy Joaquín. ¿Llegaste bien?
No pude evitar sonreír.
¿Cómo había conseguido mi número?
Eso tendría que preguntárselo después.
Ahora el sueño me estaba venciendo.
Apoyé el celular sobre la mesa de luz.
Abracé la almohada.
Y mientras cerraba los ojos, recordé su mirada.
Por primera vez en mucho tiempo, esa noche me dormí en paz.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 6 ❤️
Sofía volvió a casa intentando reconstruir su vida... pero alguien no pudo evitar pensar en ella. 🥹
💬 Quiero saber qué opinan:
❤️ ¿Joaquín solo está siendo amable?
🤔 ¿Cómo creen que consiguió el número de Sofía?
🥰 ¿Les gustaría recibir un mensaje así después de un día tan difícil?
📖 Las leo en los comentarios.
❤️ Si te gustó la historia, dejame tu Me Gusta.
📲 Seguime para no perderte el Capítulo 7.
🔔 Compartí la novela con esa amiga que ama las historias románticas.
✨ Nos encontramos en el próximo capítulo de Cuando te encontré.