Esa noche no me quedé en lo de Maby.
Tenía varias cosas que resolver.
Buscar mis cosas.
Cerrar definitivamente mi historia con Nicolás.
Y pedirle disculpas a Joaquín.
Porque después de pensarlo durante todo el día, entendí que me había comportado como una verdadera tonta.
Luego de dar mil vueltas por la habitación, junté coraje y marqué su número.
Sonó una vez.
Y corté.
¿Qué le iba a decir?
¿Que me había comportado mal?
¿Que no entendía por qué me ponía tan nerviosa cada vez que aparecía?
Seguí mirando el teléfono cuando una llamada entrante me hizo sobresaltarme.
Sin mirar la pantalla atendí.
Y al escuchar su voz, me quedé muda.
—Sofi, ¿estás bien? Tengo una llamada perdida tuya.
No sabía qué responder.
—¿Sofi?
Silencio.
—¿Estás ahí, linda?
Mi corazón dio un salto.
—Hola... hola... creo que se escucha mal.
—Sofi, te escucho perfectamente.
Intenté ganar tiempo.
—¿Quién habla?
Del otro lado escuché una pequeña risa.
—Linda, soy Joaquín.
No pude evitar sonreír.
Tomé aire.
—Perdón. No pasa nada. Solo quería agradecerte.
—¿Agradecerme?
—Sí. Por todo lo que hiciste por mí. Y también pedirte disculpas por las molestias que te ocasioné.
Durante unos segundos hubo silencio.
—No tenés nada que disculpar, Sofi.
Su voz sonaba tranquila.
Como siempre.
—Me alegra saber que estás bien.
Y aunque no podía verlo, estaba segura de que estaba sonriendo.
—Gracias.
—Cuídate mucho, linda.
Nos vemos.
La llamada terminó tan rápido que ni siquiera alcancé a despedirme.
Me quedé mirando el celular.
—Bueno... gracias por cortar tan rápido —murmuré.
No entendía por qué me molestaba.
Ni por qué esperaba que siguiera hablando.
Ni por qué su voz seguía dando vueltas en mi cabeza.
Decidí dejar de pensar tonterías.
Busqué mi bata.
Prendí la radio.
Y me fui a dar una ducha.
Mientras el agua caía sobre mis hombros, una canción comenzó a sonar.
Como siempre, Alejandro Fernández parecía tener la costumbre de aparecer justo cuando una necesitaba respuestas.
Y aunque intenté concentrarme en cualquier otra cosa, no pude evitar volver a pensar en Joaquín.
En su sonrisa.
En su mirada.
En la tranquilidad que me transmitía.
Y eso era precisamente lo que más me desconcertaba.
Apenas lo conocía.
Sin embargo, sentía que podía confiar en él.
Cuando salí de bañarme, tomé el celular.
Lo miré durante unos segundos.
Y antes de arrepentirme, abrí su conversación.
Mis dedos se movieron solos.
📱
Lo siento.
Envié el mensaje.
Y me quedé observando la pantalla.
Esperando.
Cinco minutos.
Diez minutos.
Nada.
Suspiré.
—Qué tonta sos, Sofía.
Apagué la luz.
Me acomodé bajo las sábanas.
Y abracé la almohada.
Intentando convencerme de que Joaquín no ocupaba mis pensamientos.
Una tarea imposible.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 8 ❤️
A veces dos simples palabras pueden decir mucho más de lo que imaginamos...
📱 "Lo siento."
💬 Quiero saber qué opinan:
❤️ ¿Joaquín debería responder enseguida?
🤔 ¿O está intentando mantener distancia?
🥹 ¿Creen que Sofía ya está empezando a enamorarse?
Las leo en los comentarios. 👇
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🔔 Compartí la novela con esa amiga que siempre se enamora del protagonista antes que la protagonista.
✨ Porque algunas historias comienzan cuando menos lo esperamos.