A la mañana siguiente me despertó el sonido del celular.
Todavía medio dormida lo busqué a tientas sobre la mesa de luz.
Cuando vi el nombre en la pantalla, suspiré.
Nicolás.
Otra vez.
Pensé en ignorarlo.
Hasta que llegó un mensaje.
📱
"Sofi, por favor contestame."
Lo dejé pasar.
Segundos después llegó otro.
📱
"Tobbi está enfermo."
Me incorporé de golpe.
—¡No me hagas esto, Nicolás!
Marqué su número inmediatamente.
Atendió al primer tono.
Como si hubiera estado esperando junto al teléfono.
—Gracias a Dios.
—¿Qué le pasó a Tobbi?
—Tranquila.
—¿Cómo que tranquila? ¡Decime qué le pasó!
—Vomitando un poco.
Sentí que el corazón volvía lentamente a su lugar.
—¿Lo llevaste al veterinario?
—Sí.
—¿Y?
—Dice que comió algo que no debía.
Solté el aire.
—Entonces está bien.
—Sí.
Silencio.
Un silencio sospechoso.
—Nicolás...
—¿Sí?
—¿Usaste a mi perro para que te atendiera?
—No.
—Mentiroso.
—Bueno... un poco.
Lo hubiera matado.
—Sos imposible.
—Necesitaba hablar con vos.
Me quedé callada.
Porque sabía que tarde o temprano esta conversación iba a ocurrir.
—¿Podés venir?
Miré por la ventana.
No quería.
No tenía ganas.
Pero tampoco quería seguir huyendo.
—Voy esta tarde.
—Gracias.
Cuando corté sentí un nudo en el estómago.
No por Nicolás.
Ni siquiera por la conversación pendiente.
Era porque estaba a punto de regresar a un lugar que alguna vez había considerado mi hogar.
Y ya no estaba segura de sentirlo así.
Esa tarde tomé el colectivo.
Durante el viaje miré por la ventana intentando ordenar mis pensamientos.
Recordé las primeras veces que había ido a ese departamento.
Las tardes estudiando.
Las cenas improvisadas.
Las películas.
Las risas.
Y también recordé el restaurante.
La otra mujer.
Y la forma en que todo se rompió en cuestión de segundos.
Cuando llegué al edificio sentí que las piernas me pesaban.
Subí.
Toqué timbre.
Y antes de que pudiera arrepentirme...
la puerta se abrió.
Pero quien apareció primero no fue Nicolás.
Fue Tobbi.
Corrió hacia mí como una bala.
Moviendo la cola.
Saltando.
Llorando de felicidad.
Y yo terminé sentada en el piso abrazándolo.
—Hola, gordito.
Sentí que me lamía la cara.
Y por primera vez en varios días tuve ganas de llorar.
Porque él no me preguntaba nada.
No me pedía explicaciones.
No intentaba convencerme de nada.
Simplemente estaba feliz de verme.
—Te extrañé también.
Entonces levanté la vista.
Y me encontré con Nicolás observándonos desde la puerta.
Por primera vez desde que me fui...
parecía entender que lo que había roto no podía arreglarse con una simple conversación.
Nicolás ve algo.
Todavía no sabe qué.
Pero nota que Sofía ya no lo mira igual.
Y eso lo asusta.
Porque por primera vez entiende que puede perderla de verdad.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 13 ❤️
Tobbi está bien... 🐶❤️
Pero parece que quien realmente necesitaba ver a Sofía era otra persona.
Y ahora llegó el momento de enfrentar una conversación que ambos intentaron evitar.
💬 Quiero saber qué opinan:
🐶 ¿Creen que Nicolás usó a Tobbi como excusa?
💔 ¿Sofía debería escuchar sus explicaciones?
🚪 ¿Hay alguna posibilidad de volver atrás?
❤️ ¿O el corazón de Sofía ya comenzó a mirar hacia otro lado?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 Si te gustó este capítulo, regalame un ❤️.
📲 Seguime para no perderte el Capítulo 14.
✨ Porque algunas despedidas son más difíciles de lo que imaginamos.