El mensaje de Joaquín siguió en mi pantalla durante varios minutos.
📱
¿Podemos hablar?
Tres palabras.
Nada más.
Y sin embargo parecían pesar demasiado.
Porque sabía perfectamente de qué quería hablar.
De Paula.
De la videollamada.
De mi cambio de actitud.
De todo aquello que ninguno de los dos se animaba a nombrar.
No respondí inmediatamente.
Apagué el celular.
Intenté estudiar.
Intenté leer.
Intenté concentrarme.
Pero fue inútil.
Porque la realidad era otra.
Lo extrañaba.
Y eso hacía que todo fuera más difícil.
Aquella noche Tobbi volvió a empeorar.
Ya casi no quería levantarse.
Dormía durante horas.
Y cada vez que lo veía intentaba sonreír para que no notara mi preocupación.
Como si los perros no entendieran.
Como si no sintieran.
Como si no supieran exactamente cuándo algo estaba mal.
A las once de la noche sonó mi celular.
No era un mensaje.
Era una llamada.
Joaquín.
Miré la pantalla.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Y finalmente atendí.
—Hola.
Hubo unos segundos de silencio.
Como si ambos estuviéramos buscando las palabras correctas.
—Hola, linda.
Mi corazón hizo esa cosa molesta que venía haciendo desde hacía meses.
—¿Estás enojada conmigo?
preguntó finalmente.
Directo.
Sin rodeos.
Como siempre.
—No.
Mentí.
Porque no estaba enojada.
Estaba confundida.
Y quizás eso era peor.
—Entonces decime qué pasó.
Me quedé en silencio.
Porque la respuesta era ridícula.
Porque no éramos pareja.
Porque no tenía derecho a reclamar nada.
Porque...
—Vi la videollamada.
Del otro lado hubo un suspiro.
Largo.
Profundo.
Como si finalmente entendiera.
—Sofi...
—No hace falta que me expliques nada.
—Sí hace falta.
—No.
—Sí.
Su voz sonó más firme de lo habitual.
—Porque estás sacando conclusiones equivocadas.
Me contó todo.
La reunión.
Las cervezas.
La despedida.
Paula acercándose demasiado.
El beso que nunca buscó.
El beso que nunca respondió.
Y por primera vez desde aquella noche sentí que podía volver a respirar.
Porque en el fondo...
ya lo sabía.
Confiaba en él.
Mucho más de lo que quería admitir.
—¿Me creés?
preguntó.
Sonreí.
Sola.
Sentada junto a Tobbi.
—Sí.
Hubo silencio.
Uno distinto.
Más cálido.
Más tranquilo.
Hasta que Joaquín habló nuevamente.
—Menos mal.
—¿Por qué?
Escuché una pequeña risa.
—Porque me estaba volviendo loco.
Mi sonrisa se hizo más grande.
Y por primera vez en días...
sentí que algo volvía a acomodarse.
Cuando terminamos la llamada ya era tarde.
Muy tarde.
Sin embargo me quedé unos minutos acariciando a Tobbi.
Mirándolo dormir.
Intentando grabar cada instante.
Porque algo dentro de mí seguía inquieto.
Como si presintiera que se acercaban días difíciles.
Y por primera vez...
tuve miedo de que ese presentimiento estuviera en lo cierto.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 26 ❤️
A veces la confianza no significa no tener dudas...
Significa animarse a escuchar antes de sacar conclusiones. ❤️
💬 Quiero saber qué opinan:
📱 ¿Sofía hizo bien en atender la llamada?
😒 ¿Le creen a Joaquín sobre Paula?
❤️ ¿Creen que entre ellos ya hay algo más que amistad?
🐶 ¿También sienten que algo está por pasar con Tobbi?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.
✨ Porque algunas explicaciones llegan justo a tiempo...