Cuando Te EncontrÉ

Capítulo 27: El viaje

Después de nuestra conversación sobre Paula sentí que algo volvía a acomodarse.

No porque los problemas hubieran desaparecido.

No porque Tobbi estuviera mejor.

Y mucho menos porque la distancia hubiera dejado de existir.

Simplemente porque volvía a sentir que Joaquín estaba ahí.

Como siempre.

Durante los días siguientes hablamos varias veces.

Mensajes.

Audios.

Alguna videollamada rápida.

Nada extraordinario.

Y sin embargo, para mí significaba mucho.

Porque cada vez que el miedo aparecía...

él encontraba la forma de hacerlo un poco más llevadero.

Aquella tarde salí del veterinario con un nudo en el estómago.

Las noticias no eran buenas.

Tobbi seguía sin mejorar.

Y aunque nadie lo decía abiertamente, todos empezábamos a entender lo mismo.

El tiempo se estaba agotando.

Esa noche Joaquín me llamó.

Apenas escuchó mi voz supo que algo no estaba bien.

—¿Qué pasó?

Intenté responder.

De verdad intenté hacerlo.

Pero terminé llorando antes de completar la primera frase.

Y eso fue suficiente.

Él entendió.

Siempre entendía.

—Tengo miedo.

susurré.

Del otro lado hubo silencio.

Un silencio triste.

—Lo sé.

—No quiero perderlo.

—Lo sé.

Volví a llorar.

Y durante varios minutos ninguno dijo demasiado.

Porque a veces no existen las palabras correctas.

Cuando cortamos la llamada, Joaquín permaneció inmóvil.

Sentado frente a la ventana de su departamento.

Observando las luces de Valparaíso.

El puerto.

El mar.

La ciudad que había aprendido a querer.

Pero que aquella noche se sentía demasiado lejos.

Por primera vez desde que había llegado a Chile no podía concentrarse en nada.

Ni en el trabajo.

Ni en los proyectos.

Ni siquiera en las bromas de sus compañeros.

Porque su cabeza estaba en Córdoba.

Con Sofía.

Y con Tobbi.

A la mañana siguiente volvió a intentar llamarla.

No respondió.

Le escribió.

Tampoco respondió.

Horas después recibió un mensaje.

📱

Perdón.

Fue un día complicado.

Estoy cansada.

Joaquín leyó aquellas palabras varias veces.

Y sintió algo que no le gustó.

Impotencia.

Porque cada día que pasaba ella parecía más agotada.

Más triste.

Y él seguía estando demasiado lejos.

Aquella misma tarde pidió unos días libres.

Su jefe lo miró sorprendido.

—¿Todo bien?

Joaquín tardó unos segundos en responder.

—Sí.

O al menos intentó convencerse.

Compró un pasaje esa misma noche.

Valparaíso.

Buenos Aires.

Córdoba.

No era el mejor recorrido.

Ni el más cómodo.

Pero era el primero disponible.

Y por alguna razón eso fue suficiente.

Mientras esperaba el embarque recibió un mensaje de Sofía.

📱

Gracias por estar.

Sonrió.

Porque ella no tenía idea.

Ni la más mínima idea.

De dónde estaba.

Ni de la decisión que acababa de tomar.

Miró una última vez la pantalla.

Y escribió:

📱

Siempre.

Después guardó el celular.

Tomó su mochila.

Y caminó hacia la puerta de embarque.

Sin saber qué iba a encontrar al llegar.

Pero completamente seguro de una cosa.

Necesitaba estar allí.

Aunque todavía no se animara a admitir por qué.

❤️ Gracias por leer el Capítulo 27 ❤️

Hay decisiones que tomamos con la cabeza.

Y otras que tomamos con el corazón. ✈️❤️

💬 Quiero saber qué opinan:

✈️ ¿Joaquín hizo bien en viajar sin avisarle a Sofía?

🥹 ¿Qué creen que sintió cuando la escuchó llorar?

❤️ ¿Ustedes ya saben por qué está viajando o él todavía no quiere admitirlo?

👀 ¿Qué creen que va a pasar cuando llegue a Córdoba?

👇 Las leo en los comentarios.

📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.

✨ Porque algunas personas recorren miles de kilómetros para estar donde más las necesitan.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.