Todavía seguía abrazándolo cuando escuché la voz de Maby.
—Bueno...
Alguien va a tener que explicarme qué hace este hombre en Córdoba.
Me aparté apenas.
Secándome las lágrimas.
Joaquín sonrió.
Esa sonrisa tranquila que siempre lograba calmarme un poco.
—Hola, Maby.
—No cambies de tema.
¿Qué hacés acá?
—Vine a visitar una amiga.
Maby levantó una ceja.
Después me miró a mí.
Y finalmente volvió a mirarlo a él.
—Claro.
Una amiga.
Por supuesto.
Por primera vez en todo el día sentí ganas de reírme.
Y eso ya era mucho.
Esa noche cenamos algo simple.
Porque ninguno tenía demasiadas ganas de cocinar.
Ni de hablar.
Ni de pensar.
Sin embargo, la presencia de Joaquín cambiaba el ambiente.
No hacía preguntas incómodas.
No intentaba arreglar nada.
Simplemente estaba.
Y a veces eso era suficiente.
Más tarde, cuando Maby se fue a dormir, nos quedamos solos en el living.
Sentados en silencio.
Con dos tazas, una de café y otra de te, que ya estaban frías.
—¿Cuánto te quedás?
pregunté.
—Cuatro días.
Mi corazón se encogió un poco.
Cuatro días.
Parecía mucho.
Y al mismo tiempo nada.
—Después tengo que volver.
Asentí.
Porque los dos sabíamos que tenía una vida en Chile.
Un trabajo.
Responsabilidades.
Una realidad que no podía ignorar.
Aquella noche insistió en dormir en el sillón.
Yo protesté.
Él también.
Discutimos durante diez minutos.
Hasta que finalmente terminó ganando.
—Sofía.
—¿Qué?
—Dormí.
Por una vez en tu vida haceme caso.
Bufé.
Y él sonrió.
Como si ya supiera que iba a salirse con la suya.
Sin embargo no pude dormir.
El departamento se sentía extraño.
Demasiado silencioso.
Demasiado vacío.
Y cada vez que cerraba los ojos recordaba a Tobbi.
No sé qué hora era cuando salí de mi habitación.
Quizás las tres de la mañana.
Quizás más tarde.
Solo necesitaba un vaso de agua.
O una excusa para no seguir pensando.
Cuando llegué al living encontré una luz encendida.
Y a Joaquín despierto.
Sentado en el sillón.
Mirando por la ventana.
—¿Vos tampoco podés dormir?
pregunté.
Sonrió apenas.
—Parece que no.
Me senté a su lado.
Y durante varios minutos ninguno habló.
No hacía falta.
Porque algunas personas tienen la capacidad de acompañar incluso en silencio.
—Lo extraño.
dije finalmente.
Mi voz apenas fue un susurro.
—Lo sé.
—La casa se siente vacía.
—Lo sé.
Volví a sentir lágrimas en los ojos.
Y esta vez no intenté esconderlas.
Sin decir nada, Joaquín tomó mi mano.
Un gesto pequeño.
Simple.
Natural.
Como si fuera lo más normal del mundo.
Y por primera vez desde que Tobbi se había ido...
sentí que podía respirar un poco mejor.
Ninguno retiró la mano.
Ninguno dijo nada.
Y quizás eso era lo más peligroso de todo.
Porque cada vez resultaba más difícil seguir fingiendo que solo éramos amigos.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 29 ❤️
A veces las personas que más nos ayudan no son las que tienen las respuestas...
sino las que simplemente se quedan a nuestro lado. ❤️
💬 Quiero saber qué opinan:
🥹 ¿Les gustó ver a Joaquín acompañando a Sofía en este momento?
☕ ¿Creen que hizo bien en viajar?
🤝 ¿Tomarle la mano fue un gesto de amistad o algo más?
👀 ¿Cuánto tiempo más podrán seguir diciendo que son "solo amigos"?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.
✨ Porque algunas historias de amor empiezan mucho antes del primer beso.