La mañana siguiente fue la primera en mucho tiempo en la que desperté sin sobresaltos.
El dolor seguía ahí.
La ausencia también.
Pero tener a Joaquín en el departamento hacía que todo resultara un poco más soportable.
Después del desayuno tuve que acercarme a la facultad.
Solo un par de horas.
Entregar documentación.
Hablar con mi tutor.
Nada importante.
O eso creía.
—¿Te acompaño?
preguntó Joaquín.
—No hace falta.
—Insisto.
Sonreí.
Y terminé aceptando.
Cuando llegamos a la universidad lo encontré antes de que pudiera escapar.
—¡Sofía!
Martín.
Por supuesto.
Martín se acercó con esa facilidad que siempre tenía para hablar con todo el mundo.
Me saludó con un abrazo.
Preguntó cómo estaba.
Cómo me sentía.
Y durante varios minutos hablamos de la tesis.
De exámenes.
De entregas pendientes.
De cosas normales.
Lo que no vi fue la expresión de Joaquín.
Porque mientras nosotros hablábamos...
él observaba.
En silencio.
Observaba cómo Martín conocía detalles de mi rutina.
Cómo terminaba algunas frases antes que yo.
Cómo me hacía reír.
Cómo parecía ocupar un lugar importante en mis días.
Y aunque intentó convencerse de que no significaba nada...
algo comenzó a molestarle.
Mucho.
—¿Y vos sos?
preguntó finalmente Martín.
—Joaquín.
—Ahhh...
La sonrisa que apareció en el rostro de Martín hizo que Joaquín sospechara inmediatamente.
Porque claramente sabía quién era.
—Así que vos sos Joaquín.
—¿Y eso qué significa?
Martín soltó una carcajada.
—Nada.
Solo escuché hablar bastante de vos.
Durante un segundo Joaquín sintió una satisfacción completamente ridícula.
Que desapareció dos segundos después.
Porque Martín volvió a mirarme.
Y sonrió.
Y otra vez aparecieron los celos.
Aquella noche regresamos al departamento.
Joaquín estaba cansado.
Y decidió darse una ducha.
Mientras tanto, en el living, el celular de Joaquín comenzó a sonar.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Estaba sobre la mesa.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Y sin querer miré la pantalla.
Solo para ver si era algo urgente.
Mira la pantalla.
Solo por curiosidad.
O al menos eso intenté decirme.
Entonces lo vi.
📱
Paula.
Llamada entrante.
Sentí que el corazón se detenía.
Otra vez.
Como aquella noche.
Como aquella videollamada.
Como aquella fotografía.
El teléfono dejó de sonar.
Y yo seguí inmóvil.
Mirando la pantalla apagada.
Preguntándome por qué ese nombre seguía molestándome tanto.
Cuando en realidad...
no debería importarme.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 30 ❤️
A veces el problema no es lo que vemos...
sino todo lo que imaginamos después. 💔📱
Y cuando los celos aparecen, hasta el detalle más pequeño puede parecer enorme.
💬 Quiero saber qué opinan:
📱 ¿Sofía hizo bien en mirar quién llamaba?
😒 ¿Paula sigue siendo una amenaza o estamos exagerando?
🤭 ¿Joaquín está celoso de Martín aunque no quiera admitirlo?
❤️ ¿Creen que ambos están intentando proteger una amistad que ya se convirtió en algo más?
✈️ ¿Qué pasará cuando Joaquín tenga que volver a Chile?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.
✨ Porque algunas historias se complican justo cuando parecen empezar a aclararse.