Los últimos días de Joaquín en Córdoba estaban pasando demasiado rápido.
Y aunque ninguno de los dos lo mencionaba, ambos éramos conscientes de que el regreso a Chile estaba cada vez más cerca.
Quizás por eso acepté cuando propuso salir.
Necesitábamos despejarnos.
Reírnos un poco.
Pensar en cualquier cosa que no fuera la despedida.
—Invité a Max.
comentó Joaquín mientras caminábamos hacia el bar.
—¿Max?
—Sí.
Hace mucho que no lo veo.
Sonreí.
Max siempre me había caído bien.
Era imposible no hacerlo.
Lo que ninguno de nosotros esperaba era la reacción de Maby cuando lo vio entrar.
Porque apenas cruzó la puerta...
se quedó congelada.
Completamente congelada.
—No puede ser.
murmuró.
Max también la vio.
Y durante una fracción de segundo pareció tan sorprendido como ella.
—Hola, Maby.
saludó.
—Hola, Max.
respondió ella.
Demasiado seria.
Demasiado incómoda.
Demasiado rara.
Yo miré a Joaquín.
Joaquín me miró a mí.
Y ambos entendimos exactamente lo mismo.
Había una historia ahí.
Y nadie nos la había contado.
—Bueno...
dije intentando romper el silencio.
—¿Alguien piensa explicar qué está pasando?
—Nada.
contestaron los dos al mismo tiempo.
Eso solo empeoró las sospechas.
Durante la siguiente media hora intentamos comportarnos como personas normales.
Intentamos.
Porque claramente no estaba funcionando.
Cada vez que Max hablaba, Maby lo corregía.
Cada vez que Maby hablaba, Max sonreía.
Y cuanto más sonreía él...
más se molestaba ella.
—Definitivamente pasó algo.
susurré.
—Definitivamente.
confirmó Joaquín.
Por primera vez en varios días lo vi relajado.
Riéndose.
Disfrutando el momento.
Y me alegró.
Porque después de todo lo que había hecho por mí...
merecía pasar una buena noche.
O al menos eso pensé.
Hasta que apareció Martín.
—¡Sofía!
Giré la cabeza.
Y sonreí automáticamente.
—¡Martín!
Martín se acercó a la mesa.
Me saludó con un abrazo.
Preguntó cómo estaba.
Cómo seguía la tesis.
Cómo me sentía después de los últimos días.
Nada extraño.
Nada fuera de lugar.
Nada que justificara la tensión que apareció del otro lado de la mesa.
Porque mientras Martín y yo hablábamos...
Joaquín observaba en silencio.
Y aunque intentaba disimularlo...
yo lo conocía lo suficiente para notar que algo había cambiado.
Por suerte Max también lo notó.
Porque después de escuchar a Martín durante unos minutos se inclinó hacia Joaquín.
—¿Te pasa algo?
preguntó en voz baja.
—No.
—Mentiroso.
Joaquín soltó una pequeña risa.
—No me pasa nada.
—Claro.
Y yo soy piloto de Fórmula 1.
—Es amigo de Sofía.
—Ajá.
—Nada más.
Max tomó un sorbo de cerveza.
Lo observó durante unos segundos.
Y finalmente sonrió.
—Estás celoso.
—No estoy celoso.
—Perfecto.
Entonces explicame por qué mirás a Martín cada treinta segundos.
Por primera vez aquella noche Joaquín no encontró una respuesta.
Y por primera vez también...
comenzó a preguntarse si el problema no era Martín.
Sino todo lo que él estaba empezando a sentir.
Y todavía no se animaba a admitir.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 31 ❤️
Parece que esta noche hubo más de un corazón confundido... 😏❤️
Porque mientras Sofía y Joaquín intentan convencerse de que son solo amigos...
hay otras historias que empiezan a salir a la luz. 👀
💬 Quiero saber qué opinan:
❤️ ¿Qué creen que pasó entre Maby y Max?
🤭 ¿Quién desapareció primero?
😒 ¿Joaquín está celoso de Martín o todavía no quiere admitirlo?
🤣 ¿Max ya descubrió lo que sienten Sofía y Joaquín?
✈️ ¿Creen que el regreso a Chile será más difícil de lo que Joaquín imagina?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.
✨ Porque a veces los amigos nos conocen mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos.