La mañana comenzó demasiado rápido.
Y demasiado cerca de la despedida.
Joaquín se iba al día siguiente.
Intentaba actuar como si no me afectara.
Como si fuera algo normal.
Como si después de semanas compartiendo desayunos, charlas, silencios y noches de té...
todo pudiera volver a ser exactamente igual.
Pero ni yo me creía esa mentira.
Aquella tarde tuve que ir a la facultad para entregar unos documentos.
Y Joaquín aprovechó para resolver algunas cuestiones antes de viajar.
—Nos vemos más tarde.
me dijo antes de salir.
—No te pierdas.
—No prometo nada.
Sonreí.
Y por unos segundos me quedé observándolo mientras se alejaba.
Como si quisiera grabar aquella imagen en mi memoria.
Porque algo dentro de mí ya comenzaba a extrañarlo.
Incluso antes de que se fuera.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Joaquín caminaba distraído.
Pensando.
Demasiado.
Como venía haciendo desde que había llegado a Córdoba.
Y fue justamente por eso que tardó unos segundos en reconocer la voz.
—¿Joaquín?
Se dio vuelta.
Y encontró a Nicolás.
Por un instante ninguno supo qué decir.
Porque la situación era extraña.
Muy extraña.
—Hola.
saludó Nicolás.
—Hola.
Silencio.
Incómodo.
Breve.
Hasta que Nicolás terminó sonriendo.
—Supongo que debería agradecerte.
Joaquín frunció el ceño.
—¿Agradecerme?
—Sí.
Se encogió de hombros.
—Estuviste cuando ella te necesitó.
Aquellas palabras lo sorprendieron.
Porque esperaba muchas cosas.
Pero no eso.
—Solo hice lo que cualquier amigo haría.
Nicolás soltó una pequeña risa.
—No.
Y por primera vez sus ojos se volvieron serios.
—No cualquiera toma un avión para hacer eso.
Joaquín bajó la mirada.
Porque últimamente esa frase aparecía demasiado seguido.
—Ella es importante para mí.
—Lo sé.
La respuesta fue inmediata.
Demasiado inmediata.
Como si Nicolás lo hubiera sabido desde hacía mucho tiempo.
—Y vos también sos importante para ella.
agregó.
El corazón de Joaquín se aceleró.
Pero no respondió.
Porque tenía miedo de hacerlo.
Entonces Nicolás hizo algo inesperado.
Sonrió.
Una sonrisa triste.
Pero sincera.
—Cometí muchos errores.
Miró hacia la calle.
—Pensé que siempre tendría tiempo.
Aquella frase quedó suspendida entre ambos.
Pesada.
Dolorosa.
Real.
—Y cuando me di cuenta de que podía perderla...
ya era tarde.
Joaquín sintió un nudo en la garganta.
Porque entendió perfectamente de qué estaba hablando.
—No te estoy diciendo qué hacer.
continuó Nicolás.
—Pero si de verdad te importa...
Hizo una pausa.
—No esperes tanto como esperé yo.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Joaquín se quedó sin palabras.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 40 ❤️
A veces los mejores consejos vienen de quienes ya cometieron los errores. ❤️
💬 Quiero saber qué opinan:
😭 ¿Nicolás finalmente entendió lo que perdió?
❤️ ¿Tiene razón al decirle eso a Joaquín?
✈️ ¿Qué hará Joaquín con ese consejo?
🥹 ¿Creen que todavía está a tiempo de decir lo que siente?
👀 ¿Qué pasará en la última noche antes del viaje?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.
✨ Porque algunas oportunidades no vuelven dos veces.