Los primeros días después de la partida de Joaquín fueron extraños.
No dejamos de hablar.
Los mensajes seguían llegando.
Las videollamadas también.
Y sin embargo...
algo faltaba.
Algo importante.
Algo que ninguno se animaba a nombrar.
Aquella tarde llegué agotada de la facultad.
La tesis consumía cada minuto de mi vida.
Y por primera vez en semanas decidí hacer algo que venía postergando.
Cambiar las sábanas.
Mientras acomodaba la cama, levanté una de las almohadas.
Y entonces la vi.
Una hoja doblada.
Escondida debajo de la funda.
Fruncí el ceño.
No recordaba haberla dejado allí.
La tomé.
Y apenas reconocí la letra...
mi corazón se detuvo.
Joaquín.
Me senté en el borde de la cama.
Y comencé a leer.
"Sofía:
No sé exactamente cuándo empezó.
Ni tampoco cómo.
Solo sé que hace mucho tiempo que necesito saber de vos para sentir que el día está completo.
Cuando me escribís, sonrío.
Cuando estás bien, yo estoy bien.
Y cuando estás mal...
me cuesta mucho más de lo que debería."
Las lágrimas comenzaron a nublarme la vista.
"Cuando Tobbi enfermó entendí que necesitaba estar cerca.
No sabía cómo ayudarte.
No sabía qué decir.
Pero necesitaba que supieras que no estabas sola."
Mi respiración tembló.
"Cuando ocurrió aquel malentendido con Paula sentí que te alejabas.
Y por más que intenté arreglarlo, me dolió mucho más de lo que fui capaz de admitir."
Me llevé una mano a la boca.
Porque yo también había sufrido.
Y jamás se lo había dicho.
"Conocer a Martín tampoco ayudó.
No porque me cayera mal.
Todo lo contrario.
Es un buen tipo.
Y justamente por eso pensé que quizás era él quien estaba destinado a acompañarte."
Una lágrima cayó sobre el papel.
"Verte feliz me hace feliz.
Y si algún día encontrás a alguien que te quiera tanto como merecés...
voy a alegrarme por vos.
Aunque una parte de mí desearía haber sido ese hombre."
Ya no podía contener el llanto.
Y aún faltaba el final.
"Quiero que te recibas.
Que cumplas todos tus sueños.
Y cuando llegue ese día...
avisame.
Porque quiero festejarlo con vos.
Aunque sea desde el otro lado de la cordillera."
Las últimas líneas estaban escritas con una letra ligeramente más temblorosa.
"Te quiero muchísimo más de lo que imaginás.
Y recordá algo.
"Aunque la distancia nos separe...
hay un cielo que nos une."
Besos.
Joaquín.
Apreté la carta contra mi pecho.
Y lloré.
Porque por primera vez entendí que no había imaginado nada.
Porque todo aquello había sido real.
Porque él sentía exactamente lo mismo.
A más de mil kilómetros de distancia, en Valparaíso...
Joaquín acababa de abrir su notebook.
Necesitaba terminar un informe.
Y cuando acomodó la computadora sobre el escritorio...
una hoja doblada cayó al piso.
Frunció el ceño.
No recordaba haber guardado nada allí.
Se inclinó.
La levantó.
Y reconoció la letra.
Su corazón comenzó a latir más rápido.
Mucho más rápido.
"Sé que probablemente nunca leas esto."
Sonrió apenas.
Y siguió leyendo.
"No sé qué me pasa.
O tal vez sí.
Pero todavía me cuesta ponerle nombre."
Joaquín se quedó inmóvil.
"Solo sé que esto ya no se siente como una amistad común."
Cerró los ojos un instante.
Como si necesitara comprobar que aquellas palabras existían.
"Primero fue una conversación.
Después un café.
Después una costumbre.
Y sin darme cuenta...
te metiste en mi corazón."
Su respiración se volvió lenta.
Y cada palabra parecía llegar exactamente donde debía.
"Tengo una materia pendiente.
Recibirme.
Cumplir conmigo misma.
Y cuando lo haga...
quiero descubrir qué significa realmente este sentimiento que tengo por el chico que la peor noche de mi vida casi me atropelló."
Una carcajada emocionada escapó de sus labios.
Porque esa frase era tan Sofía...
que parecía escucharla hablar.
Y entonces llegó el final.
"Perdón por mis silencios.
Por mis dudas.
Por mis caras raras.
Algún día vamos a hablar de todo esto.
Y cuando llegue ese momento...
espero que todavía quieras escucharme."
Te quiero muchísimo.
Sofía.
Joaquín apoyó la carta sobre el escritorio.
Y por primera vez desde que había regresado a Chile...
sonrió de verdad.
Porque después de tantos meses.
Después de tantos miedos.
Después de tantas palabras no dichas.
Por fin sabía que no estaba solo sintiendo aquello.
❤️ Gracias por leer el Capítulo 44 ❤️
A veces las palabras más importantes son justamente las que nunca nos animamos a decir en voz alta. Y a veces, después de leerlas, el silencio dice todavía más. ❤️
💬 Quiero saber qué opinan:
😭 ¿Les rompieron el corazón las cartas?
❤️ ¿Cuál de las dos les llegó más al corazón?
🤐 ¿Les gustó que ninguno dijera nada después de leerlas?
✈️ ¿Se imaginan a Sofía, ya recibida, yéndose a probar suerte a Chile?
📚 ¿Creen que Sofía hizo bien en priorizar su carrera antes de intentar entender sus sentimientos?
🥹 ¿Qué creen que pasará cuando llegue la graduación de Paula?
👇 Las leo en los comentarios.
📚 No olviden votar, comentar y seguir la novela.
✨ Porque algunas historias de amor necesitan un poco más de tiempo... y otras, un capítulo de amnesia total.