Cuando Te EncontrÉ

Capítulo 55: Aprender a convivir

Los días en Chile empezaron a pasar demasiado rápido.

Habían llegado las Pascuas.

Y sin darnos cuenta ya llevábamos diez días compartiendo el mismo departamento.

Diez días.

Diez desayunos.

Diez noches.

Y unas cuantas pequeñas discusiones.

La primera fue por una toalla.

—¿Joaquín?

—¿Sí?

—¿La cama necesita secarse después de bañarte?

Asomó la cabeza desde el baño.

Miró la toalla sobre la cama.

Me miró a mí.

Y sonrió.

—No me había dado cuenta.

—Eso ya lo noté.

Resopló.

Tomó la toalla.

Y la colgó donde correspondía.

—¿Así está bien, señora?

No pude contener la risa.

—Mucho mejor.

Al día siguiente fue él quien protestó.

Entró a la cocina.

Abrió una alacena.

La volvió a cerrar.

Abrió otra.

Después otra.

Y finalmente me miró completamente confundido.

—¿Dónde está el azúcar?

—En la alacena.

—¿Cuál?

—La de arriba.

—Ayer estaba abajo.

Sonreí.

—Reacomodé todo.

Se quedó inmóvil.

—¿Todo?

—Todo.

Se pasó una mano por la cara.

—Voy a necesitar un mapa.

Terminé riéndome tanto que tuve que sentarme.

Y él también terminó riéndose.

—Está bien.

Prometo aprender dónde guardás las cosas.

—Y yo prometo no cambiarte la cocina todos los días.

—Trato hecho.

Dos días después quiso sorprenderme cocinando.

Cuando entré al departamento había humo.

Mucho humo.

—¡Joaquín!

—¡Está todo bajo control!

Lo encontré frente a una sartén completamente negra.

—¿Qué intentabas hacer?

—Fideos.

Lo miré.

Después miré la olla.

Y volví a mirarlo.

—¿Desde cuándo los fideos se cocinan sin agua?

Se quedó pensando.

—Bueno...

ahora que lo decís...

Estallamos los dos en una carcajada.

Terminamos pidiendo empanadas.

Y prometiéndonos que, por el bien de la humanidad, él jamás volvería a cocinar solo.

Aquella noche, mientras tomábamos té en el balcón, mirábamos las luces de Valparaíso.

—¿Sabés una cosa?

preguntó Joaquín.

—¿Qué?

—Pensé que convivir iba a ser mucho más difícil.

Lo miré.

—¿Y no lo es?

Negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

Pensó unos segundos antes de responder.

—Porque cuando discutimos...

hablamos.

Sentí un pequeño nudo en la garganta.

Porque entendí exactamente lo que quería decir.

No hacía falta nombrar el pasado.

Los dos sabíamos de qué hablábamos.

Apoyé mi cabeza sobre su hombro.

—Creo que por fin entendí algo.

—¿Qué cosa?

—Que convivir no significa no discutir.

Él tomó mi mano.

—¿Entonces?

Sonreí.

—Convivir es elegir quedarse...

incluso después de una discusión.

Joaquín besó mi frente.

Y en ese instante supe que aquella locura de viajar a Chile...

había sido la mejor decisión de mi vida.

❤️ Gracias por leer el Capítulo 55 ❤️

¡Comienza la recta final de esta historia! 🥹

Y qué mejor manera que descubrir que el amor también se construye con pequeñas cosas de todos los días.

Una toalla fuera de lugar.

Un azúcar que desaparece de la alacena.

Unos fideos... ¡sin agua! 🤣

Porque convivir no es encontrar a alguien perfecto...

es encontrar a alguien con quien vale la pena resolver las diferencias.

💬 Y ahora quiero hacerles una propuesta...

🤍 ¿Quién se anima a vivir una maratón conmigo?

A partir del próximo capítulo comenzaremos el tramo final de la historia de Sofía y Joaquín.

Quedan muy poquitos capítulos.

Habrá risas.

Habrá lágrimas.

Habrá sorpresas.

Y, sobre todo, mucho amor.

¿Me acompañan hasta el final? ❤️

👇 Las leo en los comentarios... y prepárense, porque lo mejor todavía está por llegar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.