Cuando Te EncontrÉ

Capítulo 58 El comienzo de todos los "para siempre"

La fiesta había terminado.

Los últimos invitados se fueron despidiendo entre abrazos, risas y promesas de volver a verse.

Las luces seguían encendidas.

Sobre la mesa todavía quedaban algunas copas, platos vacíos y el aroma de una noche que ninguno de los dos iba a olvidar.

Joaquín salió al balcón buscando un poco de aire.

Valparaíso brillaba como un cielo invertido.

Escuchó unos pasos detrás suyo.

No hizo falta darse vuelta.

Sabía que era ella.

Sofía apoyó dos tazas de té sobre la baranda.

—Pensé que después de semejante fiesta ibas a estar agotado.

Él sonrió.

—Estoy feliz.

Y eso no cansa.

Ella lo miró durante unos segundos.

Todavía le emocionaba verlo sonreír así.

—¿Te acordás del aeropuerto de Buenos Aires?

preguntó de repente.

Joaquín soltó una risa.

—¿Cómo olvidarlo?

Fue el día en que te propuse casamiento sin siquiera haberte dado un beso.

Ella también se rió.

—Estabas completamente loco.

—Muy enamorado.

Hubo un silencio.

De esos silencios cómodos.

De los que solo existen cuando dos personas ya no necesitan llenar todos los espacios con palabras.

Sofía respiró profundo.

—Ese día te dije que antes quería probar la convivencia.

—Sí...

me acuerdo.

Ella buscó su mano.

La entrelazó con la suya.

Y sonrió.

—Bueno...

creo que la prueba salió bastante bien.

Él levantó una ceja.

—¿Eso significa que aprobé?

—Con honores.

Los dos rieron.

Entonces Sofía dejó de sonreír.

Esta vez hablaba completamente en serio.

—Joaquín...

compré un pasaje abierto.

Él frunció el ceño.

—¿Abierto?

—Sí.

Porque no sabía cuándo iba a querer volver a Córdoba.

Otra pausa.

—Y descubrí que ya no quiero volver...

al menos no por ahora.

Quiero quedarme acá.

Con vos.

Quiero buscar trabajo.

Abrir mi consultorio.

Construir una vida juntos.

Sin despedidas.

Sin contar los días para el próximo viaje.

Quiero que esta sea nuestra casa.

Joaquín sintió que el corazón se le detenía.

Durante años había imaginado ese momento.

Pero jamás creyó que llegaría así.

Tan simple.

Tan sincero.

La abrazó con fuerza.

Como si quisiera detener el tiempo.

—¿Estás segura?

Ella apoyó la frente sobre la de él.

—Nunca estuve tan segura de una decisión.

Él sonrió entre lágrimas.

—Entonces...

bienvenida a casa.

Sofía cerró los ojos.

Y entendió que, por primera vez en mucho tiempo...

ya no había distancia.

Ya no había aeropuertos.

Ya no había despedidas.

Solo un futuro esperándolos.

Y mientras el viento movía suavemente su cabello, Joaquín le susurró al oído:

—¿Sabés qué?

—¿Qué?

—Aunque la distancia alguna vez intentó separarnos...

siempre hubo un cielo que nos unió.

Ella no respondió.

Simplemente lo besó.

Porque algunas historias de amor no terminan con un beso.

Empiezan con él.




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