No sé en qué momento exacto
olvidamos la forma de los mapas
que dibujábamos en el aire.
Tal vez fue una tarde cualquiera,
mientras aprendíamos a caminar con prisa,
a guardar el miedo en los bolsillos
y a responder que «todo está bien»
cuando por dentro llovía a cántaros.
Pero escucha:
hoy no vengo a hablarte como la adulta
que ya sabe cómo termina la historia.
Hoy le pedí a la niña que habita en mí
que volviera a tomar el lápiz.
Ella no sabe de prisa,
ni de vistas, ni de silencios largos;
ella solo sabe que si estás leyendo esto,
es porque necesitas recordar.
Recordar que ese niño que fuiste
no se perdió en el camino,
solo aprendió a esconderse muy hondo
para que el mundo no le doliera tanto.
Acércate.
Léele despacio.
Dile que hoy estamos a salvo,
que este libro sigue siendo nuestro refugio.
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amor maternal, cuentos de conexión y reflexión, cuentos para mis niños
Editado: 29.07.2026