Cuentos para mis Hijos

Refugió

No sé en qué momento exacto

olvidamos la forma de los mapas

que dibujábamos en el aire.

​Tal vez fue una tarde cualquiera,

mientras aprendíamos a caminar con prisa,

a guardar el miedo en los bolsillos

y a responder que «todo está bien»

cuando por dentro llovía a cántaros.

​Pero escucha:

hoy no vengo a hablarte como la adulta

que ya sabe cómo termina la historia.

Hoy le pedí a la niña que habita en mí

que volviera a tomar el lápiz.

​Ella no sabe de prisa,

ni de vistas, ni de silencios largos;

ella solo sabe que si estás leyendo esto,

es porque necesitas recordar.

​Recordar que ese niño que fuiste

no se perdió en el camino,

solo aprendió a esconderse muy hondo

para que el mundo no le doliera tanto.

​Acércate.

Léele despacio.

Dile que hoy estamos a salvo,

que este libro sigue siendo nuestro refugio.




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