AXEL
La ciudad no se calla. Nunca lo hace. Y a esta hora…, tampoco. Pienso mientras conduzco entre el tráfico, buscando un sitio donde hacer mi guardia.
Minutos después estaciono y caminó entre los transeúntes, mirando a cada uno, buscando lo que no encaja.
—Muévete —gruño, esquivando a un tipo que casi se me lleva por delante.
Ajusto el paso, ignorando la molestia en la pierna. No es dolor…, ya no. Aprendí a caminar con eso, a trabajar con eso y, sobre todo, a ignorarlo. Exhalo por la nariz y sigo avanzando entre la multitud, escaneando gestos, movimientos, detalles. Todo donde debe estar. Nada fuera de lugar. Parece que hoy me iré temprano a casa a ver mi partido…, pero esa idea se rompe en cuanto la veo.
No encaja…
Está sentada en la acera como si el ruido no existiera, como si la ciudad no pudiera tocarla. Su cabello rubio brilla bajo las luces y observa las pantallas gigantes con una sonrisa y abriendo sus boquita rosada en una pequeña O. Lleva un vestido de tutú rosa, medias de colores y una tiara de unicornio algo gastada. En sus manos sostiene una bolsa de plástico vacía…, o eso parece.
Mi sombra la cubre y me agacho frente a ella, bloqueándole la vista.
—Pequeña…, tranquila. No voy a hacerte daño. Soy policía, ¿ves? —le muestro la placa—, ¿cómo te llamas?
No responde. No aparta la mirada tampoco. Sus ojos, de un azul claro, se quedan fijos en mí. Demasiado claros, por un segundo parece que estuviera viendo los míos y no sé por qué eso me incomoda.
—¿Dónde están tus padres?
Silencio. Ninguna reacción. Solo aprieta un poco más la bolsa contra su pecho.
—¿Tienes frío?
Me quito la chaqueta y trato de cubrirla. Se encoge apenas, como si no supiera qué hacer con ese gesto.
—Solo quiero ayudarte. Es mi trabajo.
Me observa un momento más y luego sonríe, tranquila.
—¿Usted es de los que mandan? — pregunto bajito ladeando su rostro.
Exhalo por la nariz y asiento.
—Algo así.
—Puedes… — me mira y piensa un poco—, ¿puedes hacer que mi panza deje de gritar?
No respondo de inmediato. No porque no quiera…, sino porque no sé cómo responder a algo así.
—¿Tu panza grita?
Asiente, seria.
—Sí y le dije que se callara, pero no me hace caso.
Trago grueso y la miró sin saber qué decir de nuevo.
—Vamos a hacer una cosa —murmuró—, yo me encargo de eso, ¿sí? Y tú me dices dónde queda tu casa.
No responde. Solo me observa. Dudo un segundo si llevarla en brazos o de la mano, pero terminó por abrirlos y ella se lanza. Sin poder evitarlo, sonrió. Cuando la levantó, su mirada se cristaliza y sacó un chupón rosa de la bolsa, apoyándose en mi hombro.
Cierro los ojos un segundo antes de ir en dirección a mi patrulla.
—Tranquila… —murmuró, casi para mi mismo—, ya estoy aquí.
No sé por qué digo eso. Ni tampoco porque suena a promesa…
°°°°°
¡Hijas mías, aquí tenemos otro estreno!
Como siempre, preparen los pañuelos... ¡Mentira! Jajaja.
Esta será una novela rosa y tierna, llena de reflexión. Tal vez no se mencione a la palabra de Dios o versículos, pero les aseguro que será una historia hermosa.
Es un libro independiente con personajes nuevos.
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Recordatorio: Soy autora comercial, todas mis novelas son posible suscripción.
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Editado: 15.04.2026