Custodiando su corazón

CAPÍTULO 3

⋆:༺☾𖤓༻:⋆・

SIENA VEGA

No. No puede ser. De todas las ciudades de todos los lugares…, tenía que ser aquí. Lo miro un segundo más de lo necesario, como si en ese tiempo pudiera encontrar algo distinto. Algo que me diga que estoy equivocada. Pero no, es Axel; más grande, más ancho o tal vez subido de peso.

<<No Siena todo eso es puro músculo>> me golpeó mentalmente por mis pensamientos.

Los hombros más marcados, la mandíbula más tensa y esa barba cobriza espesa lo hace ver como un señor de cuarenta años, como si los años no hubieran pasado…, sino golpeado., pateado, lanzado por un acantilado.

<<Me da gusto, perdóname señor>>

Quien diría que la última vez que lo vi estaba vestido con un traje impecable y…, mirándome como si el mundo pudiera esperar y después…, desapareció.

<<Imbécil. Destructor de vidas>>

Y ahora está aquí como si nada, como si no me conociera. Mi mirada baja sin permiso, la cojera es sutil, pero está ahí y luego la cicatriz, larga y visible que le atraviesa la cabeza.

Algo me aprieta por dentro…, y lo ignoro.

—Pase, oficial León —digo, firme, profesional—, necesito los datos del hallazgo.

Él avanza sin dudar y mi mirada cae en ese tatuaje de un sol en su nuca, me da piquiña en el mismo lugar.

—La encontré sola. No responde preguntas básicas.

Asiento, tomando una carpeta que no necesito. Solo para hacer algo con las manos, su mirada azulada me analiza.

Extiendo las manos hacia la niña, suavizando el tono.

—Ven, cariño…

Pero no se mueve, al contrario. Se aferra más a su camiseta, escondiendo el rostro en su cuello.

—No — suelta bajito pero firme.

—Oficial —digo, recuperando el tono—, necesito que la suelte.

—Podría —responde—, pero no quiere.

Su voz es tan ronca que me eriza como gallina. Levantó la mirada.

—Estoy haciendo mi trabajo y no ayuda en nada — le digo y él da un paso hacia mí.

Uno solo, pero suficiente para estar demasiado cerca.

—Y yo el mío.

Mi respiración se corta.

<<Lo odio…>> Y aun así mi cuerpo recuerda lo que significa tenerlo así de cerca.

Aprieto la mandíbula y me obligo a no retroceder.

—No puedo evaluarla si está pegada a usted.

—Entonces acérquese— sisea muy tranquilo, noto la picardía en su voz.

<<¿Acercarme? Perfecto. Sigue siendo igual de insoportable.>>

La niña levanta la cabeza apenas y me observa, desconfiada.

—Hola… —murmuró más suave—, solo quiero ayudarte.

No responde y tampoco se aparta de él. Llamó a dos oficiales y tampoco accedió a ir con ellos, al final desisto y mi mirada vuelve a subir a su rostro. Desvió la mirada, fingiendo revisar algo pero en realidad la llevó directo a la cicatriz.

—Oficial… —digo, midiendo cada palabra—, ¿qué le ocurrió?

Él ni siquiera duda.

—Problemas del oficio.

Suelto una pequeña exhalación por la nariz. Parece que también tiene problemas para hablar.

—Claro.

Tan comunicativo.

Vuelvo a centrarme en la niña, pero no puedo evitar mirarlo de reojo. Aprieto la carpeta un poco más fuerte. De tantas ciudades, de tantos lugares…, tenían que enviarme aquí.

A este punto exacto donde todo lo que intenté dejar atrás…, vuelve a mirarme de frente. Alzó la mirada una última vez y me está mirando, como si intentara entender algo, como si algo no le encajara. Que no le encaje, que no entienda y que se quede con esa sensación incómoda, la misma que yo tuve el día que decidió desaparecer.

Busco en el armario y sacó unas tacitas de plástico, una tetera de juguete y un paquete de galletas y respiro hondo antes de volver.

—Vamos a jugar un poco —digo dejando todo sobre la mesa.

La niña me mira y sonríe. Es tan linda, con su corona de unicornio y su tutú, se ve hermosa y diminuta, parece una pulguita…, y el nudo se forma en mi garganta.

<< Dios, porque pensé en eso>>

Abro las galletas y apenas las dejo en el centro, las toma. No espera. Un puñado entero desaparece en su boca y mastica con rapidez, con una urgencia que me deja un segundo en silencio. Axel también lo nota. Lo sé por la forma en que se queda quieto.

—Despacio—le ordena más suave de lo que le he escuchado hasta ahora.

Apartó la mirada un segundo, organizando las ideas.

—A tu mami le gusta jugar a la hora de té también?

No me mira y sus dedos se quedan quietos sobre la mesa.

—Puedes decirme su nombre y así la llamo para que venga a jugar con nosotras.

—Ella no juega...

Lo dice bajito y luego, mira a Axel. Y le extiende una tacita rosa. Estoy segura de que la va a rechazar, pero no lo hace. La toma y estira la mano y, con cuidado, le acomoda el cabello con sus dedos.

—¿Tú puedes jugar?

Por un segundo…, parecen padre e hija, y siento que me quebrare, sin poder evitarlo mi mano baja a mi vientre.

—Sí, pero puede que no sepa cómo.

Se ve ridículamente fuera de lugar con esa tacita en la mano. Aprieto la carpeta contra mi pecho y vuelvo a centrarme.

<<Respira Siena>>

—Oficial León, cuénteme más de usted, ¿qué ha sido de su vida?

Me mira, arrugando el ceño, como si la pregunta fuera una molestia innecesaria. Luego baja la vista hacia la niña, y sin querer, lo aliento a seguir.

—Fui ascendiendo hace algunos años, y en este momento estoy en tránsito por ejercer fuerza innecesaria en un…

—Bueno, bueno. Ya entiendo —lo corto antes de que siga—, y tú, Meg, ¿me cuentas qué hace tu mami, o tu papi? ¿Estás yendo a una guardería?

La niña abre los labios, buscando aire.

—No tengo papá…, y mi…, la señora…

—Está bien, tesoro —murmuro, pero no se mueve hacia mí. Se queda con él.

Axel reacciona sin pensarlo. La envuelve con el brazo, torpe pero firme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.